José A. del Cura

Plaza Mayor

José A. del Cura


De ser o no ser...

23/04/2024

Mil quinientos veintiuno, y en abril para más señas…. Así comienza uno de los poemas épicos más conocidos por todos. Escrito por Luis López Álvarez en su forma original y adaptado posteriormente por el Nuevo Mester de Juglaría para llevarlo al común de los mortales, a todos nos han llegado en mayor o menor medida retazos de estas notas danzando en el ambiente. Por eso no es casualidad, querido lector, que trate hoy de aprovechar estas líneas para intentar poner en valor lo que el puño de López Álvarez quiso expresar en sus versos.

Y es que, por mucho que la historia la cuenten los vencedores (o no, no voy a entrar en esos debates aquí), hay una cosa que nunca se ha llegado a poner de manifiesto en todos estos años: que sin la Revuelta Comunera, sí, aquella encabezada por Padilla, Bravo y Maldonado y en la que estuvieron presentes otros personajes como el obispo Acuña o la propia mujer de Padilla, María Pacheco, la España actual no existiría. No es baladí porque, si bien en su momento podemos decir que se libró una, llamemos guerra civil por la consecución de unos derechos  o privilegios que bien unos querían y otros bien negaban, lo cierto es que el propio Carlos I (como todos sabemos, externo a Castilla), terminaría en lo sucesivo aprendiendo el idioma y las costumbres de lo que se convertiría años más tarde en el mayor imperio conocido en base al reconocimiento y admiración creada por éstos.

Y es que esto no va de buenos y malos, sino de trascender de verdad. Y en ese punto, tanto el toledano Juan de Padilla, como el segoviano Juan Bravo y el salmantino Francisco Maldonado, así como su revolución (cortada de raíz en Villalar el 23 de abril de 1521, pero estudiada desde entonces en todo el mundo), es inequívoco que pasarían a la Historia para convertirse en leyenda. Leyenda de Castilla, sí, pero también de España. Porque no nos olvidemos que España sin Castilla, y ésta sin León (no en vano nace como un condado de dicho reino), no existirían. Así que, ¡feliz día de Castilla y León, y que viva la llama Comunera!