Un hombre del Renacimiento en el Congreso

J.M.
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Agustín Zamarrón, nuevo diputado del PSOE por Burgos. Médico e histórico socialista de Miranda, ocupará por primera vez a sus 73 años un escaño en la Carrera de San Jerónimo. Intelectual e introvertido, lleva el socialismo en las venas

Un hombre del Renacimiento en el Congreso - Foto: Óscar Casado

Siempre fue de los que pensaban que su actividad en el mundo de la medicina lo inhabilitaba para concurrir a cualquier cargo público. La relación, casi íntima, que se crea entre médico y paciente le hacía optar siempre por una posición neutral y apoyar a su partido desde una segunda fila. De ahí que aunque siempre apareciera en las listas del PSOE al Ayuntamiento de Miranda, Agustín Zamarrón nunca lo hacía en posiciones de salida (con posibilidad de ser elegido). Así fue hasta que, tras una dilatada carrera profesional en el Hospital Santiago Apóstol, donde fue jefe de servicio del área de Medicina, se jubiló y le ofrecieron ir como número dos en la candidatura socialista al Congreso de los Diputados. Lo hizo en 2015 y 2016, cuando sabía que sus opciones eran nulas, y en 2019 los ciudadanos han querido darle un escaño en la Cámara Baja.

Perteneciente a una familia acomodada de médicos e intelectuales de Segovia, Zamarrón venía al mundo hace 73 años. Su infancia, rodeado de sus 5 hermanos, se vio marcada por una madre con un gran poso intelectual y por un padre que, según ha relatado en alguna ocasión, era «un genio moral».

Sus ansias de aprendizaje empezaron a satisfacerse cuando estudiaba en el Instituto Nacional de Enseñanza, el mismo centro educativo (público) al que acudió su bisabuelo y las siguientes generaciones. Hoy en día se le conoce como Instituto Mariano Quintanilla.

Sus estudios universitarios le llevaron a la capital de España, donde también hizo la residencia (MIR). Para ser exactos, en el Clínico de Madrid. Con las especialidades de Medicina Interna y Aparato Digestivo, su primer trabajo como adjunto fue en el Hospital Príncipes de España de Hospitalet.

Allí conocería a Teresa Portus, su media naranja. Una persona que siempre ha despertado la admiración del político socialista y con la que, además de criar juntos a Ángel y Eulalia, le ha regalado, con su pasión por viajar, el poder haber recorrido la mitad del planeta. También las gratificantes excursiones que hacen juntos por los Montes Obarenes o los Picos de Europa. Aunque lo del vértigo no es algo que Zamarrón haya podido corregir con el paso de los años, la recompensa merece la pena.

Hace 40 años que se mudaron a Miranda, de donde ya no se mueven. Quienes conocen a Zamarrón afirman que tras su timidez hay un gran conversador y escuchador. No son él ni su mujer de aquellos a los que es fácil encontrar tomando un vino por Miranda. Sus gustos son otros.

Buena parte de su tiempo libre lo dedica a la lectura. Devora libros de ensayo, de historia y es un apasionado de la filosofía... Pero también, desde hace unos años, se ha despertado en él una gran afición por la ornitología y de vez en cuando le da por encuadernar libros al estilo de antes o por hacer maquetas de barcos.

En la cocina se mueve con habilidad. Lo mismo hace un cocido que conquista el paladar de Portus con una musaca (una receta griega) o con un solomillo Wellington (de origen inglés).

El socialismo lo lleva en las venas y su salto a la militancia se produjo por dos motivos: al conocer a Gonzalo Casanova, quien fuera concejal de Sanidad, y al involucrarse de lleno porque la ciudad ferroviaria tuviera un nuevo hospital. Haberlo conseguido es una de las grandes satisfacciones de su vida.

El peso de Miranda en el PSOE de Burgos hacía casi indiscutible que hubiera un representante de esta zona en la lista al Congreso. Con Esther Peña, de número uno, el dos tenía que ser para un hombre. El secretario de la Agrupación Local, Miguel Ángel Adrián, se lo proponía a Zamarrón y aceptaba con una respuesta que le define: «un militante del partido está para estar, para no estar y para dejar de estar».

El veterano político, al que algún allegado define como «un hombre del renacimiento», fue el más escéptico sobre la posibilidad de ser elegido. El Congreso ha fichado a una persona singular.