El edificio del Orfeón Arandino se cae a pedazos

I.M.L. / Aranda
-

La Junta ha invertido 525.000 euros para obras de emergencia en ocho años y está en proceso de regularizar los contratos de alquiler. Cuando acabe el proceso, mejorará las cubiertas y zonas comunes

David Hernández, uno de los vecinos más antiguos, muestra una de las grandes grietas en un patio interior. - Foto: I.M.L.

La situación del edificio del Orfeón Arandino, que toma su nombre de la calle en las que está enclavado en Aranda de Duero, está en vías de regularizarse. Al menos, ese es el plan que está siguiendo la Consejería de Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio de la Junta de Castilla y León, que es la propietaria del inmueble. El pasado mes de agosto, técnicos de la Administración regional mantuvieron una reunión con los vecinos para instarles a que se acogiesen al nuevo contrato de alquiler social y, desde entonces, ya cuentan con 102 familias que lo han solicitado para unas viviendas en las que algunos habitan desde hace décadas.

Según los datos que maneja el área de Vivienda del Gobierno regional, de las 116 viviendas que componen el bloque, divididas en dos portales gemelos, hay 14 en las que aún está pendiente realizar una revisión para comprobar si están vacías. En las labores de regularización del estado de este inmueble, la Dirección de Vivienda de la Junta avisa que, de no estar vacías «se realizarán las actuaciones necesarias para la finalización de esta situación», sin especificar si eso significa que pedirán a los inquilinos que se adhieran al contrato de alquiler social o si se les desalojará directamente.  

Los propios vecinos aseguran que todos los pisos están habitados y que no hay, a día de hoy, ninguna vivienda tapiada. Detalle este último que confirman desde la junta de Castilla y León. «Cuando se fueron los que había se tapiaron para que no entrase nadie, pero ahora están con gente», apunta uno de los inquilinos de la primera planta. 

Los ascensores no se llegaron a poner nunca, sólo se hizo el hueco.Los ascensores no se llegaron a poner nunca, sólo se hizo el hueco. - Foto: I.M.L.

En cuanto al estado del inmueble, la Administración regional no da detalles, pero recuerda que en los últimos ocho años se han invertido 525.000 euros en tres intervenciones de emergencia. En 2016 se repararon las zonas de forjado del techo del sótano, donde hay 90 plazas de aparcamiento, colocando unas vigas de acero para impedir que siguiese venciendo la estructura, con un coste de 82.0000 euros. 

Dos años después se intervino en la fachada sur, que se estaba abombando, y se colocaron de urgencia unas grandes grapas, con una inversión de casi 50.000 euros. La última actuación, y la más costosa, fue el arreglo de toda la instalación eléctrica en 2019, que sirvió para eliminar las conexiones irregulares a la red de suministro eléctrico, que supuso un importe de 392.000 euros.

En los planes de la Consejería de Vivienda de la Junta no hay más inversiones en este edificio a corto plazo. «Una vez que se haya formalizado la actuación singular, se tiene previsto realizar mejoras en las cubiertas y zonas comunes, en diferentes fases, según capacidad presupuestaria». Así resumen los plantes para este inmueble, refiriéndose con la expresión «actuación singular» a la regularización de los contratos de alquiler social de los inquilinos, y apoyándose en la coletilla «según capacidad presupuestaria» para dilatar los plazos para arreglar el edificio apoyándose en las cuentas regionales.

Muchos de los buzones están inservibles.Muchos de los buzones están inservibles. - Foto: I.M.L.

Mientras tanto, los vecinos siguen conviviendo con humedades y enormes grietas, ascensores que llevan décadas sin poner o accesibilidad nula. Son algunas de las deficiencias que denuncian los vecinos del edificio del Orfeón Arandino y que achacan a la desidia de la Junta. Algunos, como Carlos y David Hernández, llevan viviendo en este inmueble desde hace 36 años y se quejan de tener que vivir en esta situación. «Lo estamos cuidando nosotros, pero hay grietas por todas partes y humedades por todo el edificio», asegura Carlos, que lamenta que «nos han dicho que no podemos hacer obra nosotros, pero ¿si no lo hacemos qué, dejamos que se vaya cayendo todo?»

En un recorrido por uno de los portales, salta a la vista el estado en el que se encuentra el edificio, donde la Junta calcula que vivirán cinco o seis personas por vivienda, «padres, hijos y, en muchos casos, abuelos». Es decir, 530 personas, más que en muchos pueblos de la comarca ribereña. «Los ascensores siempre han estado así, ni se han puesto en marcha, están vacíos, pusieron las puertas y nada más», asegura Carlos, junto a los buzones, muchos de ellos inservibles.

En los descansillos de cada piso, entre tramo y tramo de la estrecha escalera que es la única forma de acceder a las plantas superiores, las ventanas de la zona común están sin cristales, y los vecinos mismos las han tapado con cartones o tablas. Y como nexo de unión en todos los pisos tienen unas grandes grietas, que se ven a simple vista en los patios interiores. «Si hubiese un pequeño temblor, todo esto se caía», lamenta David. 

Las humedades, visibles en los pasillos, se agudizan en el último piso, donde el tejado de uralita carece de aislamiento, al igual que el resto de los muros. «Una vergüenza no, lo siguiente», resume la situación del edificio Raúl, otro vecino que no cree en las promesas de la Junta. «Nunca han hecho nada ni lo van a hacer», sentencia.