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El burgalés que luchó con Australia en la Gran Guerra

R. PÉREZ BARREDO
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Gregorio Pérez, natural de Hontoria de Valdearados y emigrado a las Antípodas, donde trabajó como cocinero, se alistó en la Fuerza Imperial Australiana para combatir en la I Guerra Mundial. Murió en septiembre de 1917, en la cruenta Batalla de Ypres

John 'Barney' Hines, soldado australiano con ropa y munición sustraídas a prisioneros alemanes.

La fotografía del hombre que aparece sentado entre mochilas y petates, un obús, cargas de ametralladora y otros enseres fue tomada el 26 de septiembre de 1917 en las inmediaciones de Ypres, en el norte de Bélgica. El soldado se llama John ‘Barney’ Hines. Tiene en sus manos dinero incautado a un prisionero alemán, y aparece tocado con el gorro de campaña de éste, o de alguno de sus camaradas del ejército germano. Hines tuvo suerte: sobrevivió a la primera jornada de la Batalla de Polygon Wood, enmarcada en uno de los teatros más cruentos de la I Guerra Mundial, en esas tierras de la vieja Flandes, escenario en el que por vez primera se experimentó con armamento químico, gas mostaza. Otros compañeros de la Fuerza Imperial Australiana a la que pertenecía este soldado no vieron el amanecer del día siguiente. Uno de aquellos desgraciados se llamaba Gregorio Pérez, era burgalés, natural de Hontoria de Valdearados. Tenía 32 años.

Ha constituido una misión imposible saber cómo, cuándo y por qué llegó a las Antípodas, procedente de su pueblo de la Ribera del Duero, Gregorio Pérez. Cabe imaginar que lo hizo recién estrenado el siglo XX, en alguna de aquellas oleadas de emigrantes europeos que poblaron la gran isla de Oceanía cuando empezaron las restricciones de la inmigración asiática.La política migratoria que apostó por una Australia blanca permitió la llegada de muchos europeos, a los que se pagaba incluso el pasaje. Es probable que Gregorio fuera uno de aquellos, si bien es cierto que España no fue uno de los países europeos que más colonos aportó a la causa. Sí se sabe, sin embargo, parte de su vida en Australia, merced a los archivos de los cuerpos del ejército australiano y neozelandés que gracias a una iniciativa gubernamental se están digitalizando y colgando en la red.

Se sabe que el burgalés trabajaba como cocinero de la empresa que estaba construyendo el ferrocarril entre Salisbury y Long Plains, en el estado de Adelaida, en el sureste australiano. Que tenía la tez blanca y negros los ojos y el pelo. Que era soltero. Y que en mayo de 1916 se alistó en la Fuerza Imperial Australiana, cuerpo militar creado en 1914, tras el estallido de la Gran Guerra. Los documentos alusivos al recluta burgalés señalan que salió con su batallón desde Melbourne el 26 de octubre de 1916.Su destino, Europa; y el peor frente de todos, en tierras francesas y belgas. Su batallón se integró en el ejército británico, que fue el que lideró una ofensiva que resultaría capital para el devenir de la contienda, inclinándose del lado de los aliados. En Polygon Woods, en la tercera Batalla de Ypres, los soldados australianos desempeñaron un gran papel, situándose en la primera línea de ataque frente a los alemanes. 

Soldados australianos con máscaras antigás en una trinchera de Ypres en 1917.Soldados australianos con máscaras antigás en una trinchera de Ypres en 1917.

El primer día de la ofensiva, el 26 de septiembre de 1917, en un bombardeo germano que dejó el bosque casi calcinado, un obús cayó en la trinchera en la que se hallaban Gregorio Pérez y tres compañeros más de su batallón. Quedaron casi desintegrados. Uno de los informes de un mando del ejército australiano reseñó que fue casi imposible identificar cadáver alguno, y que en aquel mismo lugar se erigieron unas cruces blancas en memoria del burgalés y de sus compañeros.

De los 32.000 combatientes australianos en la Gran Guerra sólo sobrevivieron 7.000. Antes de entrar en combate, Gregorio Pérez dejó hecho testamento y últimas voluntades. Así, dejó firmado que si moría cuanto había alcanzado a poseer se repartiera entre su hermana, Nicolasa Pérez, residente en Hontoria de Valdearados, y una sobrina llamada María, que vivía en Albacete. Tras la guerra, los restos de Gregorio fueron trasladados al cementerio de Spoilbank, en Ypres, donde se dio tierra a todos los integrantes del ejército de la Commonwealth caídos en combate.