Nuevo récord de jubilaciones de enfermeras, otras 52 en 2023

G.G.U. / Burgos
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En mayo terminarán los estudios en la UBU 60 nuevas profesionales, por lo que Sacyl debería retenerlas a todas para garantizar cobertura completa

El tráiler de la Ruta Enfermera paró dos días en Burgos el pasado mes de noviembre para dar visibilidad al trabajo de las profesionales de Enfermería. - Foto: Luis López Araico

El 2023 terminó con un nuevo récord de jubilaciones de enfermeras, con un total de 52 en toda la provincia. Una cifra que se aproxima a las 73 del año previo, cuando se alcanzó un máximo histórico; en parte por las mejoras de las pensiones aprobadas por el Gobierno para quienes se retiraran antes del 31 de diciembre del 2022 y, también, por la presión que supuso la pandemia para muchas de las profesionales que ejercen en la sanidad pública. Y el problema es que no hay relevo garantizado, ya que el próximo mayo terminarán el grado de Enfermería 60 alumnos. Así que la Consejería de Sanidad tendría que conseguir que el 100% se quedara en Burgos para garantizar la cobertura.

El medio centenar de profesionales que se jubilaron el año pasado, según datos del Colegio de Enfermería, multiplica por cinco la cifra que solía ser habitual hasta la crisis sanitaria provocada por el coronavirus SARS-CoV-2. «Hace seis o siete años, tener diez jubilaciones a la vez ya nos parecía mucho», apuntaba la presidenta, Esther Reyes. La gran mayoría de estas nuevas retiradas trabajaba en centros sanitarios, pero puede haber algún caso en el que se ejerciera en residencias de ancianos.

Tanto el Colegio de Enfermería como el sindicato mayoritario en la profesión, SATSE, llevan lustros advirtiendo de que la sanidad pública va a tener un problema grave de déficit de enfermeras, porque se prevén muchas más jubilaciones que incorporaciones. Algo que ya evidencian los datos de la provincia de Burgos.

Y la diferencia entre la enfermería y la medicina es que en el primer caso no hay un sistema que regule el acceso a la sanidad pública, como sí hace la convocatoria MIR (ver información de la otra página) con la formación de facultativos especialistas. Quienes estudian Enfermería (todavía mujeres en su mayoría) tienen opciones de especializarse en Enfermería Familiar y Comunitaria (Atención Primaria) Pediatría, Ginecología (matrona), Salud Mental y del Trabajo, pero tener esta cualificación 'extra' no es un requisito para ejercer en ningún centro sanitario. La única limitación son los paritorios, en los que sí se debe contar con la especialización. Esta falta de reconocimiento es una de las batallas de la Enfermería en España, que pretende que el acceso se regule y se reconozca. 

En Burgos, por ejemplo, en esta convocatoria se ofertan 17 plazas como Enfermera Interna Residente (EIR) para formarse en centros de Primaria: 11 en la capital, 3 en Aranda (la mitad de las posibles) y 3 en Miranda (donde hay 5 acreditadas). A diferencia de lo que sucede con las plazas de MIR, en este caso no se convocan todas las autorizadas por el Ministerio de Sanidad.

Aumento en la UBU. Así, el relevo generacional en la Enfermería debe organizarse con las Universidades, porque depende del número de profesionales que terminan los estudios. En Burgos, después de años de negociaciones, se consiguió que se ampliaran las plazas en el grado en el curso 2022/2023, cuando pasaron de 60 a 85. Esta cifra se mantiene este curso, pero, teniendo en cuenta el ritmo de jubilaciones, se ha barajado la posibilidad de un nuevo incremento.

El problema es que con los graduados sucede lo mismo que con los facultativos recién especializados en Burgos: no todos tienen por qué quedarse a trabajar en la provincia. Y por esa razón los colegios profesionales y sindicatos insisten tanto en la necesidad de mejorar los contratos.