Roberto Peral

Habas Contadas

Roberto Peral


Se vende

29/01/2024

Ya sabemos que la nuestra ha terminado por convertirse en una desaforada sociedad de mercado en la que todo, absolutamente todo, se puede adquirir con dinero, no solo la miríada de bizarros artículos que están a nuestro alcance en internet (desde una coqueta lámpara LED para mantener iluminado el acuario donde retozan nuestros peces tropicales hasta ese enigmático anillo vibrador que, al decir de la literatura publicitaria, aporta un sorprendente estímulo a los encuentros íntimos), sino también intangibles como la salud, la condición de ciudadanía y hasta una reputación intachable.

Pero no por ello nos sorprenden menos noticias como la que publicaba hace unos días este periódico, según la cual un matrimonio holandés se ha comprado un pueblo en la Bureba por el precio que cuesta un piso nuevo en Burgos, y se mudarán desde Ámsterdam a la deshabitada aldea de Bárcena con el benemérito propósito de cultivar árboles frutales. Lo cierto es que los pueblos abandonados son vistos desde hace tiempo como una oportunidad de negocio, singularmente para extranjeros con posibles, y la revista Forbes, especializada en finanzas, señalaba hace no demasiado la despoblación del interior de España como un auténtico chollo para inversores: por un dispendio discreto, un capitalista puede adueñarse de un caserío de cien viviendas, con su escuela, su cuartelillo de la Guardia Civil, su consultorio médico, su cementerio y su iglesia románica, para ofrecer a los clientes que acudan al campo de golf que construirá en las afueras una exclusiva experiencia inmersiva en el pintoresco medio rural castellano. 

A uno, desde luego, está lejos de parecerle mal que doña Maaike y don Tibur proyecten montar una ecoaldea en nuestra provincia, y a lo mejor resulta que este tipo de operaciones llegan a convertirse en una opción de futuro para la España vacía. Pero el caso es que entra en uno de esos portales inmobiliarios que andan tasando pueblos enteros y le da la sensación de que también se está poniendo en venta la memoria de muchas generaciones de vecinos, y el griterío de los chavales jugando con la nieve, y el alborozo de las romerías y los afanes de los días de labor. Y, qué quieren que les diga, no le parece del todo decente.