La Aduana y el hándicap de acoger solo empresas logísticas

L.M. / Burgos
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Dos compañías de sectores no relacionados con el almacenamiento y envío de bienes se han interesado por el suelo de la ampliación, sobre el que el Ayuntamiento de Burgos tiene la última palabra

La ampliación de la Aduana cuenta con un vial de 1,4 kilómetros. A la derecha se dispondrán las parcelas. - Foto: Alberto Rodrigo

Los 220.000 nuevos metros cuadrados de suelo de los que dispone la ciudad tras la ampliación de la Aduana siguen esperando la llegada de empresas. Tras la inauguración de este recinto el pasado mes de marzo, el Centro de Transporte Aduana de Burgos (CT Burgos) ha recibido dos ofertas en firme de sendas compañías interesadas en asentarse en los terrenos junto al aeropuerto de Villafría. El problema radica en que las dos empresas desean desarrollar una actividad que no está ligada con la logística, factor que choca con el objeto social que se impuso a la hora de ejecutar la ampliación y que puede poner en riesgo la viabilidad de estos proyectos.

Sea como fuere, el Ayuntamiento de Burgos tendrá la última palabra a la hora de conceder o no la licencia correspondiente para que puedan iniciar las obras de construcción de las futuras naves. Mientras tanto, CT Burgos sigue acudiendo a multitud de ferias y enviando numerosas propuestas a distintas multinacionales para que conozcan el nuevo recinto y, por qué no, valoren instalarse en él a corto o medio plazo. Para que tal hecho ocurra es imprescindible contar con una conexión eléctrica, paso que Iberdrola no ha ejecutado todavía. En «breve», tal y como se anunció en el consejo de administración de la entidad celebrado ayer, el suministrador procederá a activar la corriente una vez ha remitido -tras meses de espera- los derechos de enganche a la red eléctrica. Una vez que CT Burgos abone los pagos que corresponde a este tipo de operación, las parcelas resultantes de la ampliación tendrán conexión.

Tras una inversión de 7,5 millones de euros, financiada entre la Junta de Castilla y León (3,3 millones), el Ayuntamiento de Burgos (2,6 millones) y el propio CT Burgos (1,6 millones) se ha urbanizado un terreno con un vial de cuatro carriles y 1,4 kilómetros. A lo largo y ancho del mismo se podrán edificar naves con una capacidad de 110.000 metros cuadrados, con 4.000 reservados para oficinas. De este modo, Villafría ganará capacidad para mover 650.000 toneladas al año. En estos momentos se despachan 1,7 millones de toneladas cada año en más de dos millares de servicios de ferrocarril. Al aumento de la operatividad se sumará el incremento de mano de obra, estimado en alrededor de tres centenares de personas.

En paralelo a la posible llegada de empresas, CT Burgos continúa barajando la opción de ser él mismo el que construya naves para posteriormente sacar módulos en alquiler. Para tal cometido solicitó un estudio de mercado que arroje una visión sobre las necesidades. En un primer momento se contempló la posibilidad de levantar un inmueble de 3.500 metros cuadrados y otro de 6.500 (10.000 m2 en total).

Se trata de una fórmula que ya se ha empleado en anteriores fases del complejo y que consiste en la división en espacios de un almacén para que las empresas que demandan sitio puedan guardar sus productos. A través de paneles se puede repartir el inmueble en distintas áreas, lo que avala una mayor operabilidad y flexibilidad.

Sostenibilidad. En otro orden de cosas, CT Burgos invertirá más de 200.000 euros en instalar en el tejado de sus oficinas de Villafría un complejo fotovoltaico. La intención del organismo es depender menos de los combustibles fósiles, especialmente del gas natural, para empezar a generar su propia electricidad. De este modo, CT Burgos apuesta por la sostenibilidad y el cuidado del medio ambiente.