De manitas infantil a mecánica extraordinaria

L.M. / Burgos
-

La burgalesa Raquel Angulo, única mujer entre el centenar de trabajadores del taller de Nicolás Correa, recibe hoy el máximo galardón de FP que entrega la Junta por su expediente

Raquel Angulo es la única mujer entre el centenar de empleados del taller de Nicolás Correa. - Foto: Alberto Rodrigo

A la Raquel Angulo niña no había arreglo en su bicicleta que se le resistiera. A pesar de su corta edad, los problemas que se desencadenaban en todo tipo de aparatos domésticos eran solventados por ella misma gracias a su maña y pericia. Desde pequeña ya mostró ese gran don -compartido con su hermano-, el ser un manitas, para asumir retos que el grueso de seres humanos ni tan siquiera se paran a pensar.

Esta afición fue la que le hizo decantarse, una vez descartó continuar con el grado en Informática que eligió al terminar la selectividad, por un grado superior en Programación de la Producción y Fabricación Mecánica en el Padre Aramburu. «La primera semana estaba un poco perdida porque no tenía ni idea de nada, pero realmente fue descubrir lo que me apasiona», reconoce.

Fruto de su desempeño y de, por qué negarlo, ese don que le ha acompañado desde que nació, recibe hoy en Valladolid el premio extraordinario de FP de grado en Fabricación Mecánica que entrega la Junta. El 11,08 que reluce en su expediente académico se lo ha trabajado tanto en las clases como en el taller de Nicolás Correa, empresa en la que empezó a familiarizarse con el mundo industrial por las prácticas de su FP Dual. «Mi primer encargo fue nivelar bancadas, cogiendo llaves de 46 y apretando tornillos», explica. Hoy en día, ya con año y medio de experiencia en la multinacional burgalesa y contrato indefinido, es la única -y también primera- mujer que trabaja en el taller como técnico de montaje.

El resto del centenar de compañeros que desempeñan una función similar a la suya son todos hombres, hecho que no le asusta para nada. «Los primeros días sí que me sentí un poco observada, quizás porque era novedad que entrase una chica, pero al fin y al cabo hago exactamente las mismas tareas que el resto», asegura. Si hay que mancharse las manos de grasa para ajustar una tuerca, esta burgalesa de 23 años es la primera voluntaria, así como para tirar de llave cuando es necesario o para lanzarse al suelo y ajustar una pieza. «Mi trabajo mezcla maña, pensar en cómo solucionar problemas para que las máquinas funcionen mejor y también parte física», asegura.

Apoyo incondicional. Abandonar una carrera universitaria no fue la mayor alegría que Raquel Angulo les ha dado a sus padres. Sin embargo, la confianza que ella misma tuvo en su decisión, las ganas que tenía de iniciar el grado de FP y la brillante trayectoria que ha tomado su trayectoria profesional avalan su órdago. «Comprendieron que la Formación Profesional tiene muchas salidas, máxime en una ciudad como Burgos», asegura.

Como consejo para a todas las niñas y jóvenes que estén barajando la idea de entrar en una FP, Raquel Angulo es tajante. «Hay que perder el miedo a entrar en un sector tan masculinizado, no es tanto como parece desde fuera», sentencia esta burgalesa pionera.