Marian Peña

Observando al Mundo

Marian Peña


La ilusión de la movilidad sostenible

04/01/2024

Es tradición en los medios de comunicación hacer resumen de los temas, informativamente hablando, más importantes del año que se despide. En el que acabamos de dejar atrás, uno de los más destacados es, una vez más, todo lo relacionado con el cambio climático y la protección del medio ambiente. A todos los niveles, porque todos tenemos la responsabilidad de poner nuestro granito de arena para conseguir un futuro mejor para el planeta y los que habitamos en él.

En este sentido, una de las mayores tasas de contaminación es la que genera el transporte, responsable de la cuarta parte de las emisiones de CO2 en la UE que tiene fijada como meta una fuerte disminución, de cara al 2050, de las emisiones de gases de efecto invernadero que producen los vehículos a motor. Para ello, un cambio de hábito fundamental pasa por la reducción del uso de los coches particulares en favor del transporte público. En ello dicen estar los gobiernos y también las administraciones locales. 

Es el caso del Ayuntamiento de Burgos y su Plan de Movilidad Sostenible en el que se habla de asuntos como dar más protagonismo al peatón en el espacio urbano, fomentar el uso de la bicicleta y también del transporte público, al que se quiere hacer más eficiente. Me fijaré en el último punto donde todo se queda sobre el papel.

Es más que evidente para los que tenemos que utilizar a diario los autobuses municipales para una de las actividades que más desplazamientos generan dentro de una ciudad, acudir al trabajo, que en nuestra ciudad se concentra, en gran parte, en sus polígonos industriales. Por eso resulta más que llamativo que una de las líneas de autobuses más descuidadas sea la que da servicio al polígono de Villalonquéjar.

No es posible convencer al ciudadano de que deje el coche en su casa cuando lo que se le ofrecen son rutas que comienzan tarde, con un único recorrido y con frecuencias de una hora, a lo que hay que añadir la excesiva distancia entre paradas que no cuentan ni con un banco donde sentarse a esperar, por no hablar del lamentable estado de las aceras en algunas calles del polígono, aunque eso sería otro asunto. Con esta oferta, no es reprochable que el que tenga coche lo use y, el que no lo tiene, no tenga más remedio que buscarse la vida o perder horas de sueño para coger el autobús.