El primer devoto de Nuestra Señora de Cesilla

P.C.P. / Villayerno Morquillas
-

Ades inicia en Villayerno Morquillas un proyecto para recuperar la planta de la ermita y localizar un poblado posiblemente de tiempos de Diego Porcelos (s. IX). Las pistas: un esqueleto, cerámica y un muro

Este muro que han encontrado posiblemente quede fuera ya del templo. - Foto: Alberto Rodrigo

Existen muchos triángulos atractivos, apasionantes, misteriosos, inquietantes, incluso paranormales, en el cielo y en la tierra. Aunque la mente se vaya inevitablemente hasta las Bermudas, no hace falta viajar tan lejos para encontrarlos. Solo hay que remontarse en el tiempo. Por ejemplo a la época de la repoblación del conde Diego Porcelos y los siglos finales de la Alta Edad Media. ¿Qué había entonces entre Burgos, Ubierna y Atapuerca? ¿Cómo y dónde vivían los castellanos?   

Las inquietudes de algunos ayuntamientos han empujado en los últimos años a los profesionales de Ades Arqueología a trabajar en ese triángulo, dentro del que acaban de fijar un nuevo hito en un alto de Villayerno Morquillas, conocido como El Soto, donde en su día se levantó la ermita de Nuestra Señora de Cesilla y cuya memoria se mantiene viva en el callejero y en el registro civil, con alguna mujer nacida en el pueblo que lleva ese nombre.

Una estela de piedra señaliza el lugar en el que se levantó el templo, donde los vecinos de 40 años en adelante recuerdan haber jugado con piedras que posiblemente conformaron sus muros y que mayormente fueron empleadas en la construcción de una de las capillas de la actual iglesia de San Esteban, aunque los arqueólogos no han podido reconocer su emplazamiento. 

Alberto Rodrigo (i.) y Gerardo Martínez trabajan en la zona de la ermita. Alberto Rodrigo (i.) y Gerardo Martínez trabajan en la zona de la ermita. - Foto: Alberto Rodrigo

En estas semanas, los habitantes de Villayerno Morquillas han sido testigos del nacimiento de un proyecto arqueológico con un futuro que, si los resultados acompañan y se mantienen las ayudas de la Diputación, se augura prometedor no solo por el interés histórico del yacimiento sino también por su potencial para atraer al visitante curioso de las pequeñas historias de patrimonio y naturaleza.

Porque El Soto siempre ha sido un paraje con alto valor ecológico y unas vistas espectaculares del entorno, que justifican por sí solas su elección como emplazamiento hace siglos. ¿Cuántos? Ahí empiezan las conjeturas y acabará el trabajo de los arqueólogos en esta campaña inicial de excavaciones, que por el momento ya tiene un punto de apoyo. Los huesos del primer devoto de Nuestra Señora de Cesilla han aflorado en uno de los sondeos realizados por Óscar González, Gerardo Martínez y Alberto Rodrigo Bracho, profesionales de Ades Arqueología, después de llevar a cabo una labor previa de documentación y prospección arqueológica y tomográfica (con unos electrodos) para tratar de identificar zonas de interés.

Hasta hoy, cuando finalizaban el trabajo de campo, albergaban las esperanza de encontrar más restos humanos, que serían de gran utilidad para establecer un rango de fechas de los enterramientos de la necrópolis, aunque ya tienen material suficiente para encargar dataciones con la prueba del carbono 14 procedente del medio esqueleto desenterrado. «Cuanto mayor sea la colección (de individuos), más datos obtendremos» del periodo en el que se pudo habitar este despoblado, que pudo ser de entre 200 y 300 años, y con no más de 8 o 10 grupos familiares, para después moverse hacia Villayerno y dejar este montículo solo como lugar de culto y romería hasta el siglo XIX, cuando desaparece.

En otro de los sondeos han aparecido restos cerámicos, aunque por ahora son muchas las «conjeturas» y pocas las pistas documentales. «En ningún momento tenemos referencia del poblado», apunta González, que ha buscado en todos los grandes archivos de la provincia. Sí ha logrado contrastar la existencia de la ermita en 1453, con la cabecera orientada al este (costumbre cristiana) y que pudo tener una planta de 14x7 metros.