Miguel Calvo

El retrovisor

Miguel Calvo


Desmantelar

30/11/2023

El 16 de diciembre se cumplirán 11 años desde que la central nuclear de Santa María de Garoña dejó de producir electricidad tras una vida útil de 41 años, y una inútil de otros 20 si nos atenemos a las previsiones de Enresa. La empresa nacional que gestiona los residuos radiactivos, con un coste de 475 millones de euros, al margen de lo que se tarde en enterrar el uranio gastado, ha fijado para 2033 el desmantelamiento completo de las instalaciones de la planta atómica del Valle de Tobalina. En asuntos nucleares los calendarios tienen muchas, muchas hojas. 

Si nos atenemos a los datos, desmantelar una central nuclear lleva más tiempo, trabajo y dinero que construirlas. En el caso de la de Zorita, en Guadalajara, cerrada en 2006 tras una vida de 38 años, se espera que en 2024 queden liberados los terrenos donde ya se han desmantelado sus instalaciones. Para la de Vandellós I (que funcionó entre 1972 y 1989), se ha fijado en 2028 el comienzo de su completo desmantelamiento, una vez supere la fase que garantice la reducción de los niveles radiológicos. 

En el caso de Garoña, la segunda nuclear más antigua de España que llegó a producir 133.000 millones de kilovatios hora, podríamos hablar de una historia que ya suma 66 años, cuando en 1957 se creó la empresa Nuclenor para montar una planta atómica en la provincia de Burgos. La autorización llegó 6 años después y las obras, con una inversión de 7.500 millones de pesetas, otros 5 años hasta que empezó a operar en marzo de 1971. Los nuevos impuestos aplicados a los residuos nucleares llevaron a sus propietarios a anticipar en diciembre de 2012 el cierre de la central, ratificado en 2017, cuando el Ministerio de Industria denegó finalmente la renovación de la autorización de explotación hasta 2031, no por motivos de seguridad, sino 'por su utilización política' y su 'escaso aporte al sistema energético español', sin olvidar las discrepancias entre los socios de Nuclenor, Endesa e Iberdrola sobre los planes de futuro para Garoña. 

Bajo la supervisión del Consejo de Seguridad Nuclear, Enresa ha empezado la tarea de desmantelar una central que durante décadas ha estado en el epicentro del debate sobre la política nuclear, en el que jugaron, y siguen jugando, distintos gobiernos, partidos políticos, grupos ecologistas, intereses empresariales y los pueblos del entorno a los que han dejado un tanto olvidados.