75 años de un rey paciente

J. Villahizán (SPC)
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A punto de cumplir tres cuartos de siglo, Carlos III afronta su reinado con espíritu continuista, tomando como ejemplo a Isabel II pero imprimiendo su sello propio, un estilo apegado al pueblo y sin olvidar sus pasiones

75 años de un rey paciente

Da la sensación de que toda la sociedad conoce a la perfección a Carlos III de Inglaterra, llamado en su nacimiento hace 75 años Carlos Felipe Arturo Jorge (Londres, 1948). El que fuera el eterno heredero a la corona y ahora ya soberano del Reino Unido y de otros 14 reinos que forman parte de la Mancomunidad de Naciones es una persona popular y reconocida por todos.

Es cierto que son muchas las imágenes, las voces e incluso las intrahistorias que se conocen del que fuera duque de Edimburgo, una figura que ha estado en la sombra como príncipe de Gales hasta el fallecimiento de su madre, Isabel II, el 8 de septiembre de 2022 en el castillo de Balmoral, en su entrañable Escocia.

Desde entonces, Carlos pasó al primer plano de la actualidad al convertirse en monarca del Reino Unido a los 73 años, un título que asumió hace algo más de 14 meses tras convertirse en el soberano de mayor edad en ostentar este cometido.

El próximo martes cumplirá 75 años y aún son muchos los secretos que se desconocen de este rey silencioso, a pesar de haberse pasado prácticamente toda su vida a la espera de ser coronado soberano de todos los británicos.

De todos es sabido su trayectoria en sus dos matrimonios, uno con Diana Spencer, con quien tuvo dos hijos, los príncipes William (1982) y Henry (1984), y el otro con su eterno amor, su actual esposa y reina consorte: Camila Parker-Bowles, así como sus aficiones por la ecología y la historia. Pero hoy en día, y tras casi 75 años, el paciente Carlos III sigue siendo para muchos una persona desconocida, como aseguran sus biógrafos.

Uno de ellos, la nacionalizada británica Catherine Mayer asegura que el soberano es mucho más complicado de lo que la gente pueda imaginar, además de ser tremendamente emocional, al igual que sucede con su cónyuge.

Precisamente, una de las cualidades que más destaca de Carlos III es su talento para la comedia. De hecho, uno no se imagina que el hijo de Isabel II tenga esa habilidad hacia  la risa y el divertimento, una afición que destaca sobre otras. 

Pero si en algo coinciden todos los que le conocen es que es una persona pausada, quejosa y excéntrica, pero excéntrica en el sentido de sorprendente.

En este sentido, el monarca se parecería más a su padre, un hombre de carácter apasionado y que solía decir y opinar sobre aquello que quería y le apetecía. Así, Carlos III tendría el deseo no solo de desempeñar el papel para el que se considera que ha nacido, sino de desarrollarlo de una manera intensa para poder cambiar el mundo.

Otra de las personas que conocen a la perfección al actual rey es la periodista de The Telegraph Camilla Tominey. Lo describe como una persona familiar, pensativa e introspectiva, aunque más propenso a mostrar sus emociones que otros miembros de la familia Windsor, hecho en el que coinciden con otros analistas. 

Amante de las artes

Uno de los aspectos más destacados del hijo de Isabel II es su cualidad por las artes. No en vano, es licenciado en esta materia por el Trinity College de Cambridge, además de ser un apasionado de la música: sabe tocar el violonchelo, la trompeta y el piano, entre otros instrumentos.

Es una persona inquieta y muy interesada por la ecología, la historia, la arquitectura y la pintura; y un amante de los idiomas, tal es así que conoce a la perfección el inglés, francés, alemán y galés.

En el campo social preside numerosas organizaciones benéficas. Apoyó en su momento la agricultura orgánica y la prevención del cambio climático como administrador de las propiedades del Ducado de Cornualles.

Es una persona preocupada por la conservación de los edificios históricos y la importancia de la arquitectura en la sociedad, y un férreo crítico del urbanismo moderno. Aspectos que muchas veces no le han granjeado una buena imagen. Precisamente uno de esos ejemplos es el pueblo Poundbury, una localidad experimental y utópica impulsada por Carlos de Inglaterra basada en sus propios gustos arquitectónicos.

Sin embargo, todos esos aspectos más públicos del príncipe de Gales pasaron a un segundo plano cuando Carlos se convirtió en monarca del Reino Unido hace 14 meses, un reinado que hasta el momento ha sido calificado de continuista, pero con su sello personal. El hijo de Isabel II ha dado paso a un soberano sereno que aboga por una Casa Real efectiva, reducida y sostenible donde no hay lugar para el despilfarro, donde se tiende la mano a todos los colectivos y se escucha a la gran diversidad cultural y social que forma el Reino Unido.