2019. Todos los aniversarios juntos y también todas las elecciones

Carlos Dávila
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2019. Todos los aniversarios juntos y también todas las elecciones

La verdad es esa: íbamos en 2019 de sofocón en sofocón pero, sobre todo, de conmemoración o de aniversario en aniversario. Recordamos por ejemplo la llegada del hombre a la luna con aquellos tres esforzados astronautas Amstrong, primer hombre que pisó nuestro satélite, Aldrin y Conrad, y con una campaña sucia que se emprendió apenas cumplida la hazaña. Una buena parte de presuntos científicos, también de USA, dudó de la autenticidad del alunizaje y hasta hubo un individuo, que al parecer había sido rechazado por la NASA, que aseguró que la operación se había realizado en un plató preparado al efecto en una compañía de Hollywood. Una patraña para acopiar protagonismo en el aniversario. Otro decisivo para la Historia del siglo XX, fue el de los 30 años de la caída del Muro Berlín; de él no se hicieron figuraciones falsas. La memoria resultó tal y como había ocurrido seis lustros antes. Aún pudieron recordarse las palabras del embajador de España en Berlín. Este, Alonso Álvarez de Toledo que, al lado mismo de la muchedumbre que forcejeaba para pasar el Muro el 9 de noviembre de 1989, describió la situación: «La multitud se va con lo puesto».

En España pasó desapercibido nada menos que el 80 aniversario del fin de nuestra Guerra Civil. Increíblemente, porque ya funcionaba entonces la memoria llamada histórica, pero nadie, o casi nadie, quiso detenerse en aquel episodio trágico. Y por fin dos acontecimientos mundiales de los que consagran una época: la reafirmación nada menos que de la tabla periódica de los elementos que tantos escolares durante tantos cursos escolares hemos memorizado, y los 10 años de la creación de una moneda virtual, el Bitcoin que aún hoy ofrece resistencias porque los usuarios no se muestran muy entrenados con ella.

De los aniversarios, a las elecciones porque en ese ejercicio las hubo de todos colores: desde las europeas a las más modestas municipales pasando, claro está, por las autonómicas y generales. Nos quedamos con estas últimas porque se realizaron dos, una en abril y otra en noviembre, y la verdad, para quedarnos casi con estábamos. En las dos venció el PSOE heterodoxo de Sánchez pero sólo después de la otoñal pudo formar Gobierno tras un acuerdo a toda prisa con Pablo Iglesias y el entonces potente Podemos. En la primavera el escenario político nacional pudo, sin embargo, haber cambiado radicalmente. Sucedió que un partido tildado a sí mismo de «liberal», Ciudadanos, se constituyó en tercera fuerza política del Parlamento, ya muy cerca del Partido Popular. Pudo haberse firmado un pacto con el PSOE, pero lo cierto es que ninguno de los dos protagonistas lo quisieron, la prueba es que no llegaron ni a reunirse. Lo pagó caro Ciudadanos y su líder Albert Rivera que, ocho meses después, se pegó un enorme estacazo y se quedó reducido a la nada de 10 escaños. Fue un ejercicio anual agobiante que llegó al paroxismo de que en algunas regiones los electores tuvieron que depositar en las urnas no menos de nueve papeletas.

Pero entre elección y elección el Gobierno de Sánchez iba a los suyo, y lo suyo y, al parecer muy urgente, era practicar a toda prisa la exhumación de Francisco Franco cuyos restos dormían junto con otras 30.000 víctimas de nuestra guerra en la Basílica del Valle de los Caídos. La salida del cuerpo del general fue un auténtico espectáculo televisado en directo que, sin embargo, y según algún miembro de la familia Franco, tuvo momentos incógnitos para la retransmisión, por ejemplo, el traslado de los restos envueltos en alfombras. Lo seguro es que lo quedaba del cadáver se trasladó a un túmulo familiar y el dúo Calvo-Bolaños pudo presumir de haber realizado una reparación histórica dos días después, 48 horas después, de las segundas elecciones.

En España, no se crean, no cesaban los escándalos, sin ir más lejos los de los ERES andaluces. José Antonio Griñán, expresidente de la Junta fue condenado a seis años de reclusión por prevaricación y malversación de fondos públicos y su antecesor, Manuel Chaves sólo una leve inhabilitación. Fueron los paganos principales de una estafa monumental a las arcas de la Administración regional: 680 millones de euros que se esfumaron en «palmaria ilegalidad» (término judicial empleado en la sentencia) en la concesión de ayudas sociolaborales durante nada menos que nueve años, del 2.000 al 2.009. Todos sabemos cómo ha evolucionado el caso, indultos incluidos, y sabemos también que la cárcel la han pisado los segundas y terceras filas de la oprobiosa estafa, los principales están a punto ser perdonados y quien sabe si de ser amnistiados también lo que supondría que los delitos apreciados por los jueces nunca existieron. Cosas de la España sanchista.

Por aquellos días se estrenaba en sociedad la Princesa de Asturias, Doña Leonor de  Borbón y Ortiz con dos discursos en dos premios realmente principescos, el que lleva su nombre y el de Gerona, y toda España, hasta los recalcitrantes antimonárquicos, pudimos comprobar que se trataba como dijo castizamente un cronista de eventos mil: «De una chavala que apunta maneras», lo cual ya se está acreditando. Pero estos sucesos de prensa rosa, institucional y cardiaca, quedaron nublados en aquel año por un repentino fenómeno atmosférico cuyo nombre ya manejamos todos como si fuera de la familia: DANA (depresión aislada a niveles altos) que arrasó cosechas y pueblos enteros del país y que desde entonces nos visita todos los años, dicen los expertos que a causa del manido cambio climático. 

Otra tragedia, esta repetida casi a diario, fue la horrible plaga de las mujeres muertas víctimas de la violencia machista. Las cifras son espeluznantes: desde 2003 al 2019 fueron asesinadas 1.033, en ese año nada menos que 55 mujeres y hasta 34 niños, datos que, lejos de mejorar, han empeorado en todos estos ejercicios hasta el punto de que ninguna legislación y medidas aprobadas y ejecutadas no han podido frenar esta sangría, nunca mejor empleada esta palabra. Tampoco, y mucho menos la Ley del llamado Sí es Sí que ha liberado a muchos de los protagonistas de estas masacres.

Para el final hemos dejado el fin del juicio del procès que duró nada menos que cuatro meses y 52 sesiones judiciales. El Tribunal Supremo, Sala Segunda con Manuel Marchena al frente, rebajó la primera calificación de los delitos como rebelión para dejarlo en sedición, un delito del que ya también están exonerados los protagonistas del golpe de 2017. Los golpistas trabajan ahora como socios preferentes del Gobierno de la Nación. Da la impresión que aquel largo juicio no ha valido verdaderamente para nada; es más, corre peligro de ser desautorizado. 

¡Ah! Este año para los chinos fue el del cerdo. Así, cortejando al aprovechado animal, lo celebró la multitud de los ojos rasgados.