«Cuando me llamó la selección sub-19 sabía que era mi final»

MÓNICA PURAS (SPC) / Burgos
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Como buena atleta de mediofondo, Sheila Tamayo siempre aportó velocidad a la delantera del CD Nuestra Señora de Belén en Superliga. Nunca soñó con vivir del fútbol y sí en ejercer esa magia de escuchar la vida de las personas como psicóloga

Sheila Tamayo, exfutbolista del CD Nuestra Señora de Belén. - Foto: Luis López Araico

Tenía las ideas muy claras ya desde cuando la mente navega entre la etapa infantil y la adulta. Sus estudios eran lo primero, aunque el deporte fuera una parte fundamental en su esquema de vida. Fútbol, atletismo, bicicleta, frontón... «Era totalmente plurideportiva. Muy enganchada», reconoce Sheila Tamayo, que aunque ya esté alejada de los campos sigue dando a los pedales de vez en cuando, aunque sus mellizos de 19 meses son los que le absorben la mayor parte de su tiempo en la capital de España 

Desde bien pequeña el fútbol le atrajo. «Primero empecé en el fútbol sala con el colegio. Jugué en los Groggys's Gamonal con chicos y cuando cumplí 14 tuve que integrarme en un equipo femenino y empecé en el Nuestra Señora de Belén. Y como en un triple salto jugué en la máxima categoría el primer año. Una gran experiencia. Buen rollo. Viajábamos por toda España. Siempre solíamos estar en las últimas plazas, pero sí que es verdad que el equipo estaba compensado», argumenta.

Desde los 12 años siempre recibió la llamada del Centro de Tecnificación de Castilla y León hasta los 17, «estaba fenomenal, era una manera de relacionarte con más jugadoras, además siempre íbamos muchas de Burgos».

Pero es antes de cumplir la mayoría de edad, después de una temporada complicada en la que el descenso acechaba, cuando Tamayo es premiada con una convocatoria para entrenar una semana con la selección española sub-19 en Las Rozas. «Yo sabía que iba a dejar al equipo. Estaba más pensando en Selectividad que en lo que venía por delante. Toda la vida pensando en ir a la selección española y luego cuando te llaman es el final de tu carrera. Llegó tarde», asevera. 

Envidio que una chica sea una profesional del fútbol y cobre por ello. Eso es el mayor salto»

Pudo ser la guinda a su carrera, pero no pintó color de rosa, ya que vio demasiados egos entre sus compañeras internacionales, además al ser la única de Castilla y León en el grupo, suponía un factor más para sufrir cierto aislamiento. «Hice amistades con las chicas de Oviedo, aunque más por cercanía. Había una grandísima competitividad. Los entrenamientos parecían partidos oficiales de cómo entraban algunas. Demasiado individualismo. No me sentí muy cómoda y eso que no soy de esas a las que les cuesta socializar. Era la más pequeña con 17 años. Algunas ya se conocían y mi acogida no fue muy buena, eso se nota», confiesa.  

Su visión es muy global y lo que más le gustaba del fútbol eran los valores intrínsecos de un deporte colectivo, de equipo. «No recuerdo especialmente victorias. Era más un estilo de vida.Entrenamientos tres veces a la semana, fines de semana partidos. Me lo pasaba genial. Eso era lo más importante. Y luego ya tenías tu otra vida personal», afirma. 

Siempre jugó en la línea de ataque, algunas veces de extremo o mediapunta, pero casi siempre en la delantera llevando a la espalda dorsales pesados con el 9, el 10, el 11 o el 7. A pesar de marcar bastantes goles no tiene uno predilecto, aunque sí uno imborrable, pero fue en contra. 

«El gol que siempre se me viene a la mente es uno malo. Fue el que encajamos y supuso el descenso de la máxima categoría. Fue un palo. Fue una contra, me hicieron penalti, pero no lo señalaron, y en esa contra nos metieron el gol y descendimos matemáticamente. Una derrota que me marcó. Yo ya me iba de Burgos, pero nosotros queríamos la permanencia. Para la ciudad era importante. No es lo mismo la Superliga que la Nacional», lamenta.

El gol que más recuerdo es el que encajamos y supuso el descenso» 

Asegura que no le hubiera gustado vestir otra camiseta que no fuera la del Nuestra Señora de Belén y, desde luego, «nunca pensé en poder vivir del fútbol. Sí que es verdad que cuando acabé bachillerato me llamó el Oviedo. Estuve a punto de firmar. Pero yo había echado ya la inscripción para hacer la carrera de Psicología en Salamanca. A un mes de comenzar las clases me dijeron que me hacían la matrícula en Oviedo, y les dije que sí, pero, por entonces cambiaron de rector y al estar fuera de plazo había que esperar un año. Y ahí lo dejé y me fui a Salamanca», recuerda.

Presente y futuro. Desconoce lo que se cuece ahora dentro de los vestuarios de fútbol femenino, pero ha disfrutado como si estuviera dentro de la obtención del título mundial por la selección española, «¡la que se montó! Recuerdo quedar con todos mis compañeros y compañeras de trabajo para ver los partidos juntos. Todo el mundo antes de que ganaran hablaba de ellas. Eso nunca había pasado antes», advierte.

Si algo envidia del fútbol femenino actual es que «ser futbolista chica sea una profesión y cobren por ello. Eso para mí es el mayor salto. El avance», subraya.

Tamayo destaca que lo más relevante del Nuestra Señora de Belén es que se llegó a la máxima categoría con un equipo conformado «fundamentalmente con chicas de Burgos y eso nos hacía ser un club bastante especial, de la casa. Y aguantar tres años en la máxima categoría fue una hazaña. Creo que con un poquito más de inversión nos habríamos quedado en Superliga. Siempre pienso que había chicas muy buenas, de verdad. Arancha, Moli, Sonia... eran de las mejores de España lo creía y lo sigo creyendo», apuntilla.  

No me sentí muy cómoda en Las Rozas. Había una gran rivalidad y era solo un entrenamiento»

No es consciente de haber sufrido episodios machistas, aunque sí tiene alguna anécdota de impotencia o frustración entre chavales para con las chicas, ahora que «si lo hacen los chavales me parece mal, pero peor que lo haga un padre», lamenta.

Tamayo es más de jugar que de dar instrucciones, aunque sus mellizos (chica y chico) serán deportistas y entre ellos no existirán las diferencias de rol que hubo en otra época, ahora ya lejana.