El gran paso adelante de Victoria

ANGÉLICA GONZÁLEZ / Burgos
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Cristina Sebastián suspiró con alivio cuando supo que su niña, con trastorno del espectro del autismo (TEA) tendría una plaza específica en el colegio Virgen de la Rosa. «Ahora se comunica y ha mejorado la atención», celebra

Cristina Sebastián, con su hija Victoria, una niña con el trastorno del espectro del autismo (TEA). - Foto: Luis López Araico

Los cambios que ha experimentado Victoria después de este primer curso en el aula que Autismo Burgos tiene en el colegio el Virgen de la Rosa, especializada en la atención a niñas, como ella, con trastorno del espectro del autismo (TEA), han sido extraordinarios, según explica su madre, Cristina Sebastián, que pasó mucho tiempo en vilo antes de que le adjudicaran la plaza porque incluso había pensado no escolarizarla si, por falta de este recurso, hubiera tenido que llevarla a un colegio ordinario.

«Sus niveles de frustración han bajado muchísimo porque está en un lugar donde se le respeta su espacio y sus días malos, en los que está mucho más nerviosa y menos receptiva. En su aula se adaptan al estado de ánimo de la niña, sea cual sea», señala.

Desde que empezó, ha avanzado singularmente en aspectos como la atención y la comunicación, que está aprendiendo a realizar mediante pictogramas, porque Victoria no habla: «Como ya se puede comunicar y nosotros la entendemos, su estado de nervios y de frustración ha bajado», cuenta Cristina sacando del bolso los 'picto' que utiliza para que la niña sepa que va al colegio o de paseo o a casa de una amiga. Anticipar lo que va a pasar ha hecho desaparecer por completo su ansiedad y, por extensión, la del resto de la familia: «Ahora tenemos calidad de vida».

«No puede estar en un sitio mejor, le encanta ir porque está con profesionales a quienes les gusta lo que hacen. Y los cambios son tremendos: de ser un cardo borriquero que no quería que se le acercara nadie, incluso nosotros, se ha transformado en un velcro que llevamos siempre pegado. ¡Pero lo preferimos», cuenta la madre entre risas.

Victoria, a quien no le llaman la atención los juguetes sino que solo interacciona con las personas y mediante el juego físico, adora el agua. «Su mejor regalo es ir a las fuentes frente al Museo de la Evolución».

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