Mar Jimeno

Tribuna Universitaria

Mar Jimeno


Renovarse o morir

18/01/2024

Parece se debe a Miguel de Unamuno el origen del aforismo popular que rubrica estas líneas; así, la frase de nuestro insigne escritor y filósofo, «el progreso consiste en renovarse», se aplica a la idea de la necesidad del cambio como forma de evolucionar la sociedad. De este modo, tampoco la universidad debe permanecer en modo alguna ajena a este cambio y evolución. Precisamente, hay un hecho que me lleva a la reflexión en estos días de impasse lectivo; léase, días sin docencia presencial por ser período de exámenes. Por cierto, cada vez más corto el período lectivo presencial en el calendario universitario, como ya en alguna ocasión he tenido oportunidad de manifestar.

En efecto, durante este mes de enero se encuentran llenas de estudiantes las bibliotecas de nuestra ciudad y no sólo universitarias, aprovechando además días de gran frío en el termómetro local. Es así un buen momento, creo, para preguntarse el devenir del profesorado universitario cuando parece que cada vez tiene menor relevancia la presencialidad y acompañamiento de éste en la formación estudiantil. No en vano, si la función antaño del mismo era proveer de información bajo la fórmula de lección magistral en el aula, de forma que se erigía en 'dueño y señor' del conocimiento, esta función parece en gran parte haberle sido relevada hoy día por internet, redes sociales, medios de comunicación… y me gustaría pensar, también libros, artículos… Por ello, los profesores nos vemos en la necesidad de practicar nuestra 'reconversión' y 'modernización', al igual que ha tenido lugar para otros sectores de la economía nacional. 

Precisamente, al hilo de este debate recuerdo la lectura hace meses de un interesante artículo publicado por el profesor Aniceto Masferrer, a la sazón catedrático de Historia del Derecho en la Universidad de Valencia, quien proponía cinco claves para recuperar el diálogo enseñanza-aprendizaje o, lo que él advertía, carencias del estudiante. Yo, personalmente, no me atrevo a singularizar en un único polo de la ecuación y así atribuir la culpa o rémora en este sentido sólo a nuestros estudiantes pues considero que el diálogo profesor/a-estudiante debe ser siempre bidireccional. Pero, en todo caso, me parecen muy acertadas sus reflexiones en aras de dicha recuperación o 're-estructuración' de la sintonía académica; así, en concreto, el profesor Masferrer proponía como claves la ilusión, el afán de conocimiento, cercanía, confianza y acertada metodología, tareas todas ellas a desempeñar por el profesorado. 

Dicho brevemente, los profesores universitarios debemos sin duda renovarnos; ya nuestro aporte de fuentes de conocimiento al estudiante no es nunca más omnímodo sino, por el contrario, cada vez más compartido con otros agentes con los cuales hemos de competir por nuestro espacio y al que no debemos de ninguna forma renunciar. Nuestro papel es aún necesario, fundamental y relevante; sólo que ahora se nos pide ilusionar, estimular, convencer… y aún, diría yo, afortunadamente, orientar, resolver y dirigir la vida académica desde las aulas intentando dejar huella en la formación universitaria y así contribuyendo, entre otras tareas, a la selección de información válida dentro de aquella que inunda y confunde -y no sólo- a nuestros /as estudiantes. Tal cambio de paradigma en este proceso de re-conversión universitaria me hace pensar en una especie de coaching académico en lugar del tradicional modelo de enseñanza-aprendizaje hasta ahora desempeñado por el profesorado universitario. 

¿Será éste el futuro que se nos avecina? Lo dicho, siempre será mejor 'renovarse que morir' aún a costa del precio de bajar del pedestal.