Editorial

La UE abre la primera puerta para una paz entre Israel y Hamás

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La Unión Europea, a través del documento de doce puntos dado a conocer por el representante para la Política Exterior de la UE, Josep Borrell, propone la pacificación «integral» entre Israel y el estado palestino, no como una propuesta más en el contexto internacional. Se trata de una ofensiva de la diplomacia europea, meditada por los ministros de Exteriores, para frenar la tensión y la escalada en la región. No es un alto el fuego temporal, sino una vía para abrir las puertas a una paz duradera. Son estos momentos de gran escalada de muerte en Gaza y de conflictos regionales cuando en los estados implicados surge la necesidad de dar certidumbre y conseguir una solución duradera.

Sin duda, Bruselas, con Reino Unido aliada en la propuesta, busca la complicidad de Washington y la aprobación de la ONU para albergar alguna solución pacífica. Y pese a que Israel ya ha manifestado su rechazo, más tarde o temprano deberá aceptar la existencia de dos estados. No le queda otra salida por más que el objetivo del Gobierno de Netanyahu sea erradicar a Hamás a través de una masacre de más de 25.000 muertos, millares de heridos, deportados en cárceles israelíes, torturas para encontrar a los rehenes. Pero, ¿hasta cuándo? Como el propio Borrell responde al no israelí: ¿hasta matar a todos los palestinos?

La sangrienta jornada del 7 de octubre consiguió alinear más las simpatías de estadounidenses y, en un primer momento, de europeos hacia la respuesta hebrea. Pero la ofensiva indiscriminada sobre Gaza no ha hecho sino cuestionar las verdaderas intenciones de un gobierno extremista por perpetuar el colonialismo ilimitado. De entrada, Borrell ofrece una «primera oportunidad» para una conferencia de paz preparatoria y buscar una solución para dos Estados que «vivan lado a lado, en paz y seguridad». Busca la implicación del resto de países árabes de la región y una agenda realista porque, desde un principio, habrá protagonistas que no quieran participar.

Pese a los recelos de Israel con ciertos posicionamientos como el del presidente del Gobierno español en construir la paz en el reconocimiento del pueblo palestino, Hamás debe participar en este proceso con gestos más urgentes y humanitarios, como la vuelta a la negociación para liberar más rehenes, ahora que los familiares presionan al parlamento israelí para avanzar en más intercambios.

Es injustificable perpetuar la aniquilación de un pueblo oprimido; prolongar las respuestas violentas en otras capitales de Oriente Medio y el mar Rojo. Es hora de una diplomacia más analista, menos interesada y visceral, como la que presenta la UE, a la que siempre se le ha criticado por su inmovilismo y su intrascendencia en política exterior.