El «sabor» y la «calidad» del Queso de Sasamón sigue cosechando éxitos más allá de nuestras fronteras. «En 1997 concursamos a nivel regional y quedamos los primeros de Castilla y León», comienza explicando Manuel Sadornil, que recuerda que esa convirtió en la primera vez que participaron y que el triunfo les animó a presentarse luego a más certámenes nacionales e internacionales. Ahora se acaban de traer bajo el brazo tres premios de los prestigiosos World Cheese Awards -que se han llevado a cabo esta vez en Portugal- y se celebra con emoción al entenderse como «un reconocimiento personal y profesional por el esfuerzo y el trabajo del día a día».
Lácteos de Sasamón se ha llevado en los campeonatos mundiales dos medallas de plata, una para el queso con trufa y otra para el semicurado de oveja, y una de bronce para su famoso Don Pepito. Cada año suelen recibir algún galardón en esta competición y de ahí que ya sumen en sus estanterías más de 40, con el Don Pepito y el Peña Amaya como los más reconocidos. Sobre el de trufa, uno de los más novedosos, dice que «antes utilizábamos una trufa italiana y nos cambiamos hace cinco años a una de Soria, que es un poco más elaborada».
Desde la empresa de la familia Sadornil tienen claro que «la clave es la calidad, que al jurado le guste el sabor». A eso se suma el éxito entre el público al poner unos precios asequibles.
La empresa comenzó a gestarse en 1982, aunque la fábrica arrancó en 1984. Cuentan con cinco tiendas en Burgos, una en Vitoria y otra en Madrid, además del punto de venta en la fábrica de Sasamón -donde se elabora toda la producción del denominado queso castellano- y en la estación de servicio de la A-231, en Olmillos de Sasamón. En el polígono de Villalonquéjar se instalaron en 2005 con el fin de diversificar su producción y de elaborar allí toda la gama de queso fresco de Burgos y la línea Sabor Latino. Actualmente cuentan con 29 trabajadores en plantilla, de los que se localizan 8 -uno más que hace un año- en la planta de la localidad de Odra-Pisuerga.
Pero el hecho de recibir estos premios internacionales no se refleja en el coste para los consumidores. «Te da la garantía de que está valorado por un jurado, pero no subimos el precio a la gente por ello», comenta Sadornil. Su apuesta se centra en crecer poco a poco y de ahí que en el último año las ventas hayan subido un 5%. «Contamos con clientes fijos y de momento no tenemos problemas con la materia prima», expone.
Y lo cierto es que tampoco han querido hacer demasiadas variaciones en el precio durante los últimos tiempos. «Este año de atrás hemos intentado no perder, aunque no generásemos muchas ganancias. El producto no admitía una subida fuerte», manifiesta sobre la estrategia que han seguido. Mientras, asegura que varios negocios de este sector han desaparecido recientemente en Castilla y León. «Hay que hacer las cosas bien, pausadamente y pensando», afirma, que entiende que una empresa «se hace peldaño a peldaño».