La Historia a todo color

Alfredo Valenzuela (EFE)
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Las pinturas que se han utilizado a lo largo de los siglos esconden curiosidades llamativas como que a un pigmento marrón que se sacaba de las momias se le llamaba 'mummy'

La Historia a todo color - Foto: Imagen creada con IA Bing

El rojo cinabrio con que se pintaban los gladiadores victoriosos en Roma procedía de la mina de mercurio española de Almadén (Ciudad Real) y hubo una pintura para acuarela hecha con orina de vacas alimentadas con hojas de mango. Curioso, ¿verdad? Pues en detalles como estos ahonda la británica Victoria Finlay, especialista en Historia del color.

Más datos. El pelo del cadáver de Napoleón contenía arsénico que podría proceder del papel pintado de su casa de Santa Elena, que era verde, y ciertas tribus aborígenes de Australia, en la época precolonial, realizaban viajes anuales de miles de kilómetros para conseguir cierto tipo de pintura ocre roja considerada sagrada. Estas son otras de las curiosidades recogidas por Finlay, que destaca el carácter espiritual del color: «Por un lado se trata de un atributo físico o químico que nuestros ojos leen y nuestro cerebro interpreta como azul, verde o rojo pero, sin embargo, hay un elemento enorme en el que el color es espíritu, idea, noción, algo intangible y, sin embargo, descriptible. Los colores pueden afectar al estado de ánimo, pueden alegrarnos; también diría que ciertas combinaciones de colores resultan angustiosas».

Autora del ensayo Color, un estudio publicado en España por Capitán Swing en el que concluye que «los colores que elegimos han determinado la Historia de la propia cultura», Finlay indica que, desde niña, se interesó por el origen de los colores.

Bien molido

«Me di cuenta de que antes de la década de 1850, cuando las pinturas y los tintes empezaron a fabricarse con productos químicos derivados del petróleo -y concretamente con alquitrán de hulla-, cada color que veía en un lienzo, en una tela o en una vidriera tenía una historia de origen extraordinario».

Y la autora dispone de cientos de datos y anécdotas que demuestran que no exagera: «Había una pintura marrón, utilizada hasta finales del siglo XIX en Europa, que se hacía con los cuerpos molidos de las momias egipcias y se llamaba mummy o mommia».

El ensayo de Finley cobra forma de narración al reunir hallazgos científicos con experiencias biográficas: «Una vez, cuando conducía por el Líbano investigando sobre el púrpura  -porque el púrpura imperial romano se teñía con las enzimas de mariscos de las ciudades de Sidón y Tyr- recogí a dos autoestopistas belgas con unas cajas enormes», narra. «Me dijeron que eran coleccionistas de mariposas y que las mariposas tienen una gama de visión del color totalmente distinta a la de los humanos: los rojos suelen ser invisibles para ellas, pero pueden ver desde el amarillo hasta el ultravioleta, y que ciertas flores que a nosotros nos parecen blancas están, bajo un detector ultravioleta, cubiertas de marcas a las que las mariposas responden como señales».

A la pregunta de si no hay nada mejor que los colores para identificar los idearios políticos, responde que, de toda la posible simbología, «los colores son los que se reconocen más fácilmente desde la mayor distancia por un mayor número de personas, así que no es de extrañar que los políticos -y las grandes empresas- los utilicen estratégicamente en su beneficio».

Luto blanco o amarillo

Sobre por qué la gente sigue preguntando sobre «el color favorito», señala que «preguntarle a alguien qué es lo que más le gusta crea una conexión humana, lo que casi siempre es bueno», y agrega: «Hay algunas personas, pronosticadores del color, cuyo trabajo consiste en preguntar a la gente cuál es su color favorito en este momento y observar qué colores  -tonos y matices son también importantes- eligen para su ropa y sus tejidos; saber lo que el público busca cada año en cuanto a colores puede ser un conocimiento muy valioso; si sabes lo que el consumidor quiere y va a buscar, puedes vender más cosas».

Acerca de si hay una cultura del color distinta en Oriente y Occidente recuerda: «Cuando llegué por primera vez a Hong Kong había un montón de gente vestida de blanco que pasaba con tambores. En aquel momento no sabía que se trataba de un funeral y que el blanco era el color de los funerales. He leído que en Bretaña el amarillo era el color del luto».

«Estudié antropología social y me fascinó durante todo este proceso de investigación sobre el color fue lo diferentes que han sido nuestras relaciones con los colores en las distintas culturas y en todo el mundo», especifica.

Y en una temporada en el que el gris va a estar de moda, comenta su descrédito: «Me gusta el gris: mi salón está pintado con un gris rico en pigmentos... En la Edad Media, muchos países prohibían a los más pobres llevar ropa bonita y eso se definía por el material y el color. Así que la gente que vestía de gris solía ser pobre». Los tiempos han cambiado.