Los últimos imagineros de la Escuela Castellana

SPC
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Ángel Martín y Miguel Ángel Tapia son dos de los escasos escultores en madera que aún elaboran imágenes y santos de Semana Santa, tras la muerte del zamorano Ricardo Flecha en el año 2023

El imaginero Ángel Martín, en su taller de Medina de Rioseco (Valladolid). - Foto: Eduardo Margareto (Ical)

A golpe de gubia, Ángel Martín y Miguel Ángel Tapia mantienen con vida la esencia de la imaginería castellana. Sus talleres, en las localidades vallisoletanas de Medina de Rioseco y Viana de Cega, representan algunos de los últimos huecos, una luz bajo la esperanza, de aquella Escuela Castellana que en los siglos XVI y XVII arrancó sobre todo Juan de Juni y Alonso Berruguete, entre otros, y cuyo culmen alcanzó el gallego Gregorio Fernández en su taller de Valladolid.

Casi 450 años después de su nacimiento, la vitalidad de la Escuela Castellana perdura, pero tiene grietas, causadas, en gran medida, por la inspiración andaluza que ha llegado a muchas de las procesiones de Castilla y León. «Estamos siendo inducidos», sostiene el escultor Ángel Martín en su taller de Rioseco, desde donde ha esculpido auténticas maravillas para las semanas santas más importantes del país. Uno de sus últimos trabajos, salido hace pocas semanas de la Villa de los Almirantes, son las andas del simbólico Cristo de la Luz de Valladolid, al que ha restado casi 120 kilos de peso en hierro para favorecer su salida por el dintel de la puerta del Palacio de Santa Cruz.

Tanto Martín como Tapia, dos de los escasos escultores en madera que aún elaboran imágenes y santos de Semana Santa, tras la muerte del zamorano Ricardo Flecha en 2023, cumplen con la misma metodología de trabajo artesano que seguía Gregorio Fernández, a quien ambos nombran repetidamente durante la conversación, lo que constata su vocación hacia el imaginero renacentista. Todo nace a partir de un molde en arcilla, ayuda con reglas y calibres. «No estoy inventando nada», apunta el escultor terracampino.

El imaginero vallisoletano Miguel Ángel Tapia, en su taller de Viana de Cega (Valladolid).El imaginero vallisoletano Miguel Ángel Tapia, en su taller de Viana de Cega (Valladolid). - Foto: Eduardo Margareto (Ical)

Martín tuvo la «oportunidad» de tener entre sus manos «al primero y al último» Cristo Yacente que talló Gregorio. Ahora muchas de las obras de los dos artistas procesionan en Segovia, León o Valladolid, donde lo hacen además junto a las del imaginero gallego y las de muchos otros que crearon escuela y de la que ellos mamaron. Pero también han apostado por la decoración de las andas y los tableros que deben soportar y transportar esas joyas de madera, como la de la Virgen de la Amargura, que lo estrena este año gracias a las mano de Ángel Martín, quien insiste en que «no puede ser de otra manera y hay que hacerlo como aquellos maestros lo hacían».

Aquí se hacen santos

Tapia recibe al visitante en su taller, repleto de caras de cristos, santos y réplicas de figuras reales, como lo hacía el propio Gregorio Fernández en Valladolid hace cuatro siglos. «Él tenía un cartel que ponía 'Aquí se hacen santos'; y me gustó y le he dado ese nombre a mi taller». Nació en la capital del Pisuerga pero pasó la niñez a caballo entre esta ciudad y León, donde descubrió los materiales de su oficio en su estado natural: la madera en plantaciones de chopos y robles del monte, rodeados de barreras (yacimientos de barro para las fabricas de tejas).

Empezó con 16 años un oficio que le permite ver cortar la madera, que siempre ha sido para él, reconoce, «una sensación de plasticidad». Se enamoró de ese momento en el que el hacha lucha contra el tronco del roble. Recuerda que en el montón de leña siempre encontraba «algún trozo de madera que tenía un parecido a una cara, un animal o alguna forma dada por la naturaleza».