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Castilla, América, Castilla

Rafael Mediavilla
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Su compromiso social, la defensa de los derechos del hombre, el amor a su tierra, la pasión por la pintura mural y el dibujo y la independencia de las corrientes artísticas imperantes marcaron la trayectoria de este artista allá donde fue

Castilla, América, Castilla

Desde que comenzase a pintar de niño en su León de adopción hasta sus últimas obras, como el retrato de Antonio Gaudí que realizó en 1998 la biografía de José Vela Zanetti (Milagros, 1913-Burgos, 1999) fue un camino de experimentación, de creación de un estilo personal que pese a tomar prestamos de los estilos imperantes en su momento -del cubismo al expresionismo, pasando por la abstracción- confiere a sus obras un aire reconocible, donde el dibujo, los trazos fuertes, y los colores contenidos marcan la pauta, ya se trate de un retrato indiano, de un mural en Nueva York o de las siega de un trigal castellano.

Nacido en Milagros, pronto su familia se trasladó a León por motivos laborales. Allí, influenciado por las ideas de la Institución Libre de Enseñanza de las que su padre Nicóstrato Vela era seguidor, comenzará a forjarse su conciencia social. Pronto despunta como pintor. De la mano de Manuel Bartolomé Cossío descubre la pintura mural, que ya nunca le abandonará pese a tratarse de una técnica poco valorada por las corrientes de la época, y gracias a él marcha a Madrid para estudiar junto al profesor José Ramón Zaragoza en 1930.

Tres años más tarde, una beca le permite viajar a Florencia, donde conocerá las obras de los grandes pintores italianos, especialmente los frescos de Giotto, Piero della Francesca o Miguel Ángel, de quien posiblemente tome las potentes figuras que le acompañarán en toda su producción. Continúa a caballo entre Madrid y León hasta que el estallido de la Guerra Civil le sorprende en Lisboa. Su compromiso con el ejército republicano, primero en el frente y luego como director de revistas culturales y del Servicio de Recuperación y Conservación de Bienes Culturales le abocarán al exilio en 1939.

Como señala la comisaria de la exposición, Pilar Alonso, su estancia en Hispanoamérica supone un «evidente enriquecimiento» profesional», al ponerle en contacto con el muralismo y la pintura de corte social existente en Santo Domingo, Colombia y México y permitirle ampliar temas y técnicas.

 Durante años residirá en la República Dominicana, manteniendo una relación compleja con el dictador Rafael Leónidas Trujillo. Recibirá numerosos premios, será director de la Escuela de Bellas Artes de Santo Domingo y viajará por diversos países de la zona -Colombia, Puerto Rico, Estados Unidos o México, donde en 1957 fijará su residencia-. Además de realizar el Mural de los Derechos Humanos de la ONU, son los años de los grandes murales de carácter social y de defensa de la igualdad de derechos con la colonización como ‘excusa’ temática. Surgen entonces La marcha de los esclavos hacia la libertad (1953) o Los misioneros, realizado en México en 1957, a partir del cual -recuerda Alonso- consiente en ser llamado muralista.

VUELTA A ESPAÑA

1960 es el momento del retorno a casa. Al otro lado del mar, Vela Zanetti, deja una ingente producción de obras, muchas de ellas de gran formato, y se trae unas claras influencias, como lo demuestran algunas de sus primeras creaciones como El alcalde de Peñaranda de Duero (1960) o Escena Campesina (1963) donde los motivos son castellanos, pero los rostros son indios.

Aunque Castilla, su dureza, el esfuerzo y la dignidad de los castellanos, su paisaje... siempre estuvieron presentes, será a raíz de su retorno a España cuando constituya uno de los ejes centrales de su obra. Si en 1960 compraba su casa natal, en 1968 hace de ella su residencia habitual, y eso le influye sin duda. Son años de gran producción artística en León, Burgos, Madrid, Barcelona, de exposiciones al otro lado del Atlántico y en diversos países europeos como Italia o Suiza.

Junto a los temas castellanos recobran nueva importancia los personajes históricos, con composiciones murales como las del Arco de Santa María y la Diputación en Burgos y los temas religiosos con el mural Jesús Divino Obrero en las parroquia del mismo nombre de León o el cuadro de La Última Cena, propiedad de Cajaviva Caja Rural.

A finales de los 70, y sobre todo en los 80 y 90, llegará la hora de los reconocimientos a toda una trayectoria artística, sin que eso implique que Vela deje de seguir creando y exponiendo. En 1978, el Rey le concede la Medalla al Mérito Agrícola a propuesta de Caja Rural y en 1985 ingresa en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando con un discurso que titula Viaje a la pintura mural y en el que reconoce, entre otras muchas herencias, la gran influencia que en él como muralista tuvieron las pinturas del Panteón de Reyes de la colegiata de San Isidoro de León.

Dos años más tarde, recibe el Premio Castilla y León de las Artes y en 1995 acepta donar obra para ser expuesta en lo que será la Fundación Vela Zanetti en León, ciudad que en 1996 le nombra hijo adoptivo. Finalmente, en 1998, la Universidad de Burgos le reconoce como Doctor Honoris Causa y el 4 de enero del 99, tras complicaciones sufridas después de una caída en su casa de Milagros, fallece en Burgos, dejando para siempre la huella de su genio en muros y lienzos de aquí y de allá.