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La benefactora, para siempre en el pueblo

A.P. / Hontoria de la Cantera
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La Condesa de Serramagna, que donó fincas al municipio, contará con una escultura realizada por Ángel Gil

De izquierda a derecha, Ángel Gil, el escultor; Sabela Santamaría, conocida directa de la condesa, y Máximo Arceredillo, alcalde de Hontoria. - Foto: Valdivielso

El verano pasado comenzaron las conversaciones entre Máximo Arceredillo, alcalde de Hontoria de la Cantera, y Ángel Gil, escultor. Un año después el entorno de la iglesia del pueblo acogerá una escultura en honor a Caritina de Liniers, condesa de Serramagna. Para la inauguración de la estatua, que será mañana, el pueblo prepara una jornada festiva a la que acudirán familiares directos de la condesa de Serramagna, así como autoridades como César Rico, presidente de la Diputación.

La memoria de la condesa queda honrada con esta estatua, la intención del Ayuntamiento de la localidad, como aclara su alcalde, «es reconocer la actitud de Caritina con el pueblo porque gracias a su donación de tierras, la gente de aquí pudo vivir más tranquilamente, fue todo un símbolo».

Caritina de Liniers y Muguiro, que ya contaba con el título de hija adoptiva de Hontoria, nació en el año 1883 en Burgos, su vinculación con este pueblo se debe a un censo de tierras que se implantó en el año 1496 en el término de Hontoria de la Cantera y que por sucesivas herencias acabó siendo propiedad de la cuñada de la condesa. Caritina compró estas tierras a su cuñada y en el año 1968 hizo donación de todos estos terrenos que tenía en Hontoria a los vecinos del municipio, con lo que les liberaba de pagar las 600 fanegas anuales que cobraba el señor por ellas y, además, los hacía propietarios de todas las tierras del censo. Así lo explica Sabela Santamaría, hija de la que fuera durante más de sesenta años ama de llaves en Burgos de la condesa de Serramagna. Sabela mantiene buena relación con familiares de la condesa y dos sobrinos de ésta son sus padrinos pero, además, es dueña de una memoria envidiable que le hace narrar con los más mínimos detalles y sin dubitaciones la vida de esta condesa «sencilla y amable», como ella la describe.

Cuando Máximo y Ángel comenzaron a trabajar en la idea de la escultura solo contaban con los testimonios de los vecinos, pues se conservan pocos documentos sobre Caritina de Liniers, por lo que fue una suerte para ellos que Sabela se pusiera en contacto con ellos después de leer una noticia en la que ambos anunciaban esta iniciativa. Así, por casualidad, se formó este equipo, en el que Sabela ha sido la encargada de ponerse en contacto con los familiares y de aportar sus extensos conocimientos sobre la condesa.

Elegante sencillez

La intención de la escultura es transmitir la gratitud que el pueblo siente hacía el acto realizado por Caritina de Liniers, por lo que la escultura representa a la condesa de Serramagna en el momento en el que firmaba los documentos de cesión de sus tierras a los vecinos. El escultor Ángel Gil explica que ha realizado una escultura «poco ostentosa pero con ese toque de distinción de la nobleza». La mayor dificultad que se encontró este artista fue la escasez de fotografías de la condesa, por lo que las indicaciones de Sabela han sido fundamentales para representar lo más fielmente a esta noble.

Los 1,20 metros de altura de la escultura más los 80 centímetros de la peana de la parte inferior conforman una obra de casi dos metros de altitud y gratitud realizada en bronce fundido a la cera perdida, como explica el escultor, quien cuenta con dilatada experiencia en esculturas exteriores y en estos momentos tiene una exposición al aire libre en Viña Pedrosa.