Nunca oculté un incidente en Garoña, dijimos la verdad

G. Arce
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Antonio Cornadó - Foto: Alberto Rodrigo

Antonio Cornadó Quibus, periodista #BlowinInTheWind #ConversacionesSobreBurgos (XXIX)

Para quien no le ponga cara, Antonio Cornadó ha sido durante casi 30 años el rostro público y la voz autorizada de la central nuclear de Santa María de Garoña, tiempo más que suficiente para curtirse en todas las crisis de comunicación habidas y por haber, abrazar a políticos de todos los colores y ecologistas radicales, lidiar con sindicalistas, vecinos y periodistas como él y hacer    -sin distinción- amigos en todos los bandos. Ni en pleno desastre de Fukushima en 2011, a la postre el principio del fin de la central burgalesa, le faltó una sonrisa al estrechar una mano ni un ‘¡te veo bien!’, su coletilla preferida. Este periodista de 58 años, formado en la Universidad de Navarra, mantiene intacta la deportividad vital que ha heredado de su padre Ramón, futbolista de la Unión Deportiva Lérida en los 50, y que comparte con su hermano gemelo (también Ramón), con el que ganó el Campeonato de Cataluña de Baloncesto. "Jugué contra Romay que, aún siendo un chaval de 16 años, ya era una bestia". Javier, su hermano pequeño, es el director comercial de Bodegas Matarromera.


Su primer trabajo fue ayudar los fines de semana en el negocio familiar: las tiendas de alimentación. "Aprendí disciplina y orden, a valorar el tiempo y el dinero, a ser útil y, sobre todo, a ser cercano con la gente. Toda la base de la comunicación tiene que ver con el diálogo, hablar y escuchar, estés ante un mostrador o en una nuclear".


De su Lérida natal a Pamplona, a estudiar Ciencias de la Información. Empezaron 120 alumnos y acabaron 55, la promoción del 84, a la que pertenecen ilustres como su amigo Antonio José Mencía, el que fue director de Diario de Burgos, y un largo rosario de directores y redactores jefes repartidos por la prensa nacional. Hizo la mili hasta el 85 y aprovechó el tiempo de caqui para terminar la tesina sobre la comunicación interna en la empresa. Le dirigió Alfonso Nieto, mítico rector de la Universidad de Navarra y referente de muchos periodistas.

 

La secretaria del departamento de don Alfonso, Mercedes, es hoy su mujer, con quien tuvo un hijo que hoy suma 28 años "y al que no le ha dado por el periodismo...".


Con los mismo años que su hijo y recién casado, a mediados del 89, le llamaron de Bilbao y le hablaron por primera vez de un sitio que se llamaba Garoña y que tuvo que buscar en el mapa. "Me ofrecieron ser periodista y relaciones exteriores de la central... No tenía ni idea de lo que era una nuclear, pero me pareció un reto atractivo".


El 18 de diciembre de 1989 entró a trabajar en la planta, en aquel entonces bajo la dirección de Federico del Pozo. "Mi primera impresión fue extraña, nunca había estado en un sitio parecido... Me llamaron la atención sus jardines y la actitud muy pesimista de la gente: se sentían como acosados, incomprendidos y no valorados. También vivían en un cierto aislamiento: la central estaba como fuera de sitio".


Se fue a vivir al hotel Tudanca y luego a un apartamento... "La entrada en Miranda en pleno invierno fue dura, pero poco a poco descubrí a su gente...".


En los primeros días tuvo que aprender todos los códigos técnicos y empresariales de la industria nuclear. "Nuclenor quería que hubiera una persona que atendiera a los periodistas cuando llamaban, que sacara adelante una revista y que ayudara a atender a las visitas".


Garoña siempre ha estado cuestionada y ha vivido bajo la presión constante de los colectivos antinucleares, especialmente los de Miranda, La Rioja y, sobre todo, del País Vasco, donde se mezclaban todo tipo de reivindicaciones, incluida la lucha terrorista. "La voz y el rostro de Garoña era yo, lo que tenía implicaciones positivas, pero también sus riesgos. Hoy es un anécdota sin importancia, pero hubo una parte de mi vida que trabajé con ese riesgo...".


Su despacho en Garoña, recuerda, contaba con un gran mapa de la zona de influencia de la central.  En el mismo había clavadas chinchetas de colores: las negras localizaban los municipios donde se habían firmado pronunciamientos en contra de la energía nuclear; las rojas, donde se celebraban manifestaciones; y las verdes localizaban las entidades o personas que apoyaban nuestra actividad. Eran muy pocas...".


Una tarde llegaron a Garoña tres vecinos de San Martín de Don, cercano a la planta, para advertir que el agua del pantano estaba "muy caliente", lo que les preocupaba. "Les expliqué el sistema de refrigeración y les pregunté si alguien les había contado alguna vez cómo funcionaba una central o si les habían invitado a visitarla". Allí se encendió la bombilla: visitas organizadas para los pueblos próximos. "Vimos que la gente tenía interés de verdad por lo que hacíamos y entendimos que ese era el camino: si la gente de nuestro alrededor no tiene información, desconfía, y si desconfía, tiene miedo... Había que cambiar la tendencia".


Cornadó impulsó el Centro de Información, inaugurado en el año 92, lo que supuso un enorme esfuerzo para mostrar la actividad nuclear de la forma más didáctica y atractiva posible. Más de 400.000 personas pasaron por esta instalación, hoy ya cerrada.
Un año antes, en el 91 y cuando se cumplían los 20 desde el arranque de la actividad en el Valle de Tobalina, se organizó la primera rueda de prensa multitudinaria. "No puedes juzgar el pasado con los criterios de hoy. En los años 70 no se planteó hablar de Garoña, algo que no se podía sostener en los años 80 y 90. La gente tenía derecho a saber...". "Se organizó la rueda de prensa muy a lo nuclear, con un montón de medios y con todos los jefes. Alguien hizo una pregunta que no estaba prevista y todos se pusieron nerviosos...", recuerda. Al día siguiente, Garoña ocupaba solo una columna de la página de los periódicos y el resto, la parte principal, era la valoración de los antinucleares. "No nos creían, no confiaban en nosotros...", reflexiona.


Se cambió de estrategia, se trabajó en círculos concéntricos de periodistas por zonas, de los más cercanos a los más lejanos. "Queríamos que nos conociesen, que nos creyesen y que fuésemos un referente para ellos". La fórmula mágica de este periodista, hoy consultor especializado en comunicación de empresa, ha sido siempre la misma: "No tener prisa. No contar mentiras. Ser leal. Ser franco y estar disponible siempre". Antonio ha dormido siempre con el teléfono en la mesilla...


PEZ MUTANTE

En 30 años ha vivido muchas crisis de comunicación, pero ninguna tan desconcertante como la del pez mutante. Fue una denuncia pública de grupos antinucleares que aseguraron que la revista Nature iba a publicar un estudio de unos investigadores que demostraba la existencia de peces "con mutaciones" (se habló de tres ojos y dos cabezas...) en el embalse de Sobrón, cambios genéticos motivados por la radiación nuclear.


"Nosotros, laboratorios independientes y el Consejo de Seguridad recogíamos y analizábamos  muestras aleatorias de agua, peces y algas del embalse. Lo único que hay ahí es el siluro, un pez muy feo...". Cornadó descubrió por sus contactos en la prensa que todo era "un montaje para animar a la gente a acudir a una manifestación antinuclear...". Fue la propia prensa la que desmontó la mentira "y el que propagó esta historia tuvo que reconocerla y jamás volvió a tener protagonismo en su organización. Fue un desastre para ellos".


"Nunca hemos ocultado ningún incidente en Garoña ni hemos maquillado su gravedad ante la opinión pública. Otra cosa es que se diga siempre toda la verdad, para mí eso no es transparencia. Creo que hay que contar siempre lo relevante de lo que ha ocurrido, no todo . Mentir nunca, pero si cuentas todos los detalles puedes crear preocupaciones gratuitas, generar inseguridad...".


Los activistas de Greenpeace se colgaron de las vallas y se tiraron con parapentes sobre el reactor, pero la más gorda que montaron sacó a Cornadó a las 6 de la mañana de la cama. "Habían instalado un contenedor en los accesos de la central y había 600 trabajadores que debían pasar por delante de estos tíos atados...". "Insistí en que no les tocasen un pelo, porque querían un mártir. Costó muchísimo desalojarlos". Dentro del contenedor había gente retransmitiendo los incidentes... "Estuvimos vigilando las redes sociales, estuvimos con la Guardia Civil en la entrada y mientras tanto emitimos comunicados de prensa trasladando tranquilidad a la opinión pública... Desalojaron a los ecologistas, tal y como aconsejé, después del Telediario, durante la telenovela, y evitamos cualquier imagen de violencia en los informativos...".


Pasado el tiempo, recuerda con aprecio personal a su ‘enemigo íntimo’, Carlos Bravo, de Greenpeace, y a tantos otros activistas de Ecologistas en Acción, como Jon Kepa Iradi, con las que se las vio durante tantos años. "En el fondo, han ayudado a reivindicar mi función profesional, a justificar mi sueldo y a demostrar cuál es el valor de la comunicación en la empresa".


PRINCIPIO DEL FIN

Dieciséis años después de empezar a trabajar en Garoña se vieron los resultados. "Las instituciones ya no eran agresivas con nosotros y se podía dialogar de forma franca con los políticos de Castilla y León, País Vasco y La Rioja. Impulsamos una política de comunicación abierta y muy proactiva con todos los recursos: información, publicidad, relaciones públicas... Quisimos ser los mejores vecinos y que la central fuese aceptada como una industria burgalesa, con su empleo, sus compras... Nos conocieron, se fiaron y nos aceptaron". Garoña se hizo burgalesa y trasladó su sede social desde Cantabria, atendiendo a una vieja demanda de la provincia.


En 2006 empezaron a trabajar en la campaña de comunicación del Objetivo 2019, para alargar la vida operativa. "Éramos un referente y la punta de lanza del sector nuclear en España. Dimos el salto a Madrid porque nuestro futuro iba a depender de una decisión nacional". Intentaron visualizar las ventajas de la renovación de la licencia de explotación más allá de los 40 años y se trabajó en la parte emocional. "La emoción comunica muy bien y las historias personales te vinculan, más en un sector tan racional como el nuclear. Trabajamos nuestro prestigio, intentando que alguien hablara por nosotros: los alcaldes de la zona, los trabajadores, las industrias auxiliares, las instituciones burgalesas...".


"Hubo un momento en que vimos posible la continuidad, pero luego caímos en manos de Zapatero y fue todo muy loco y muy poco reflexionado. Anunció el cierre de Garoña pero luego no se atrevió y dio una patada para adelante. Fijó el cierre en 2013 cuando su legislatura terminaba en 2012 y eso fue letal para nosotros, aunque permitía que Garoña superase el plazo de los 40 años, que se había convertido en un mantra para nosotros".


Ante este complejo panorama, Antonio Cornadó puso toda la carne en el asador para la celebración del 40 aniversario. Se apoyó en tres actos, el primero de ellos, una gran fiesta en la central con los trabajadores en activo y jubilados y los directivos de Iberdrola y Endesa. Estamos en el 11 de marzo de 2011, el día en el que reventó la central de Fukushima en Japón. "Cuando salíamos de la fiesta llegaron las primeras noticias de tsunami...". Todo se complicó: "Garoña era igual que Fukushima y la pregunta recurrente fue: ¿lo que pasa en Japón puede ocurrir en Burgos? Insistimos en el ‘no’". La fiesta prevista con toda la sociedad burgalesa y regional en el Fórum Evolución para el día 17 se canceló bajo la excusa de la solidaridad con los fallecidos -la Junta siempre abogó por su aplazamiento, estrategia que no compartía Nuclenor por la lectura negativa que se pudiese hacer-. Lo mismo ocurrió con la fiesta en Madrid.


"No sé si Fukushima fue nuestra puntilla, luego vino el tema de la fiscalidad, que supuso un golpe en nuestra línea de flotación porque disparaba nuestros costes". Cornadó abandonó Garoña a principios de 2013 para presidir el Foro Nuclear -"la primera vez que un no-ingeniero presidía el lobby nuclear"- hasta otoño de 2017.


"El cierre definitivo anunciado  el 1 de agosto de 2017 me dio mucha pena, aunque se veía venir. Se agolpan muchos recuerdos y esfuerzos pero nuestro trabajo mereció la pena". En diciembre de 2018 se desvinculó de Nuclenor. "Hay vida tras el cierre pero nunca será la misma. El movimiento tractor que genera una nuclear no lo tiene ninguna otra industria. Nuclenor debería formar parte de la solución y potenciar los valores de la zona".


Toda la experiencia acumulada durante estos 30 años, su capacidad de interlocución y relación, la ha apuesto al servicio de las empresas, instituciones privadas o particulares. Cornadó&Asociados es una consultoría que trabaja con una red de especialistas y que centra su actividad en el posicionamiento de las empresas, la reputación corporativa, la diplomacia empresarial (los lobbies) y las crisis. "Aunque está mal que lo diga, en esto soy un especialista...".