Emociones paralelas que se buscan

ALMUDENA SANZ
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La cantante y compositora del grupo Sioqué, Marina López, aprende a convivir con los dos mundos que ocupan su día a día: la música y su trabajo como enfermera en la Unidad de covid-19 del Hospital de Eibar

Marina López, cantante y compositora del grupo Sioqué. - Foto: DB y @rodrigomenaruiz

Marina López se sienta en el salón de su casa, coge la guitarra y prepara la cámara. A su lado, su compañero, Álvaro Guinea, se coloca tras parte de su batería. Los dos músicos de Sioqué, que comparten vida, interpretan un puñado de canciones del último disco del grupo. Han pasado solo unas horas desde que Marina López ha colgado la bata, se ha quitado la mascarilla y los guantes y ha dado el relevo a sus compañeras en la unidad de enfermos de covid-19 del Hospital de Eibar (Guipúzcoa), en el que trabaja desde hace dos meses. Son dos Marinas. La música y la enfermera. Hasta ahora han vivido sin conocerse, no querían mezclarse la una con la otra, apostaban por mantener la pureza de las emociones a raya, cada una por su lado. Últimamente se han dado cuenta de que es poco natural, contraproducente, y se buscan. Están aprendiendo a quererse. 

«Tiendo mucho a aislar una faceta de la otra para conseguir mi propio equilibrio emocional. Para mí, la música es alegría, va asociada a los mejores momentos de mi vida, mientras que la enfermería muchas veces te pone delante de los peores. Es totalmente opuesto. Todavía estoy aprendiendo a relacionar ambos mundos porque al final soy yo, la misma persona, la que los vive, y tampoco es sano mantener esos departamentos estancos. Tengo que conseguir ese equilibrio personal», vuelca Marina López, la enfermera y la artista, fundidas en una, y confiesa que esta acrobacia emocional le está costando porque la primera tira hacia dentro, para afrontar la dureza del día a día, y la segunda la arrastra hacia fuera, a exteriorizar y compartir sus sentimientos con el público. 

En la carrera hacia esa meta, reconoce que todo lo que vive en su jornada laboral, día tras día, sí la golpea cuando se sienta a componer. 

«Sí estoy escribiendo canciones que tienen que ver con las emociones que derivan de la enfermería porque al final vivo experiencias muy fuertes que, si sabes llevar bien, son una fuente de inspiración. Ayudan mucho a crecer», observa esta burgalesa del 96, que desde el inicio de la pandemia trabaja en la unidad de coronavirus del Hospital de Eibar, donde en los momentos duros llegaron pacientes de los centros de Vitoria, Bilbao o Soria. 

«Es una situación rara. Te somete a tanta presión, hay tantas obligaciones que no tienes tiempo para la parte emocional. Y, en general, intentamos bloquearla porque vives momentos tan duros que si no lo haces te derrumbas y no sacas adelante tu trabajo», sostiene. 

E igual que esta realidad de alcoholes, inyecciones y dolores se refleja en sus canciones, el pentagrama la ayuda a sobrellevar esas escenas que muchas veces atraviesan ese escudo protector. 

«Al margen del grupo, para mí es súper importante estar rodeada de música durante el día; influye mucho en cómo enfocas la realidad que vives. La percibes de una manera o de otra dependiendo de lo que escuchas y, desde luego, aprender cada vez más y adentrarme en ella me ayuda mucho», resuelve y sube el volumen de su tocadiscos, donde estos días suenan Black Pumas, The Teskey Brothers, música negra, blues americano, jazz...

Continúa también bailando en su salón con Sioqué, que ha hecho varios directos en Instagram, aunque sin Martín Queija (bajo) y Cristian Barquín (guitarra). «Es una manera de seguir estando, de normalidad en estos tiempos extraños», anota esta cantante que es feliz compaginando a las dos Marinas -«hacen al final un todo muy completo de cosas que me gustan»- aunque aún está en el proceso de que se conviertan en una sola.