Entre el lector de tarjetas y la hoja de excel

J.D.M.
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Entre el lector de tarjetas y la hoja de excel - Foto: Jesús J. MatÁ­as

Las grandes cadenas digitalizan la forma de controlar la jornada de sus trabajadores mientras que las pequeñas empresas cumplen la normativa, vigente desde el domingo, de manera manual

De manera manual o electrónica, a regañadientes o convencidas de la utilidad de la medida adoptada por el Gobierno, las empresas burgalesas se van adaptando a la obligación de llevar un control horario de sus trabajadores. Pese a las palabras de la ministra de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, Magdalena Valerio, afirmando ayer que «nadie se ha tomado en serio» la entrada en vigor del registro de jornada, efectiva desde este domingo, la mayoría de los comercios y negocios locales consultados por este periódico el primer día laboral después de la entrada en vigor de la normativa cumplían con ella.
En Almacenes Gonzar, por ejemplo, se lleva a cabo un registro manual que rellenan y firman los trabajadores desde el pasado 1 de mayo, retomando una dinámica que iniciaron hace unos años, cuando se trató de implantar una medida que entonces fracasó.
 13 personas forman parte de esta empresa del polígono de Villalonquéjar dedicada a la distribución de productos y sistemas para la limpieza e higiene. Tienen personal de oficina con un horario de entrada y de salida, pero también comerciales o repartidores «que se marchan por la mañana y no vuelven hasta la tarde». «¿Cómo controlamos las horas que trabajan? Confiamos en la buena fe de todos», cuenta una administrativa, que ve «una pérdida de tiempo enorme» este «trámite que hay que cumplir» pero que, en su opinión, «no sirve para controlar».
Próxima a Almacenes Gonzar se encuentra Eurobur, una empresa de cuatro trabajadores especializada en la fabricación de mobiliario escolar y de oficina. El registro horario en este pequeño negocio también se hace de manera manual a través de una plantilla que les ha proporcionado su asesoría. Lejos de ver utilidad a la nueva normativa, los responsables se han adaptado para evitar posibles multas, que pueden oscilar entre los 626 y los 6.250 euros.
En proceso de adaptación se encuentra la multinacional GAM, General de Alquiler de Maquinaria, S.A., que en Burgos cuenta con una delegación con nueve empleados. En la empresa especializada en servicios relacionados con la maquinaria hasta ahora se llevaba un control exhaustivo del trabajo de los mecánicos, que registraban los periodos que dedicaban al arreglo de cada máquina, próximamente se hará extensivo al resto de trabajadores mediante la aplicación Woffu, con la que ya gestionan las vacaciones, explica Álvaro Alonso, administrativo de GAM en Burgos.
Por su parte, el Grupo Juarreño, del que forman parte más de 35 personas entre sus cuatro pastelerías y dos bares, lleva casi una década registrando la jornada laboral de sus trabajadores y lo hace de manera digital, con un lector de tarjetas en la caja registradora.
El mismo procedimiento emplean en Pull&Bear (y el resto de tiendas de Inditex), cuyas empleadas ‘fichan’ «desde hace un par de meses» a través de una aplicación de recursos humanos cuando entran y cuando salen, explica su encargada, María Montoro.
Los sindicatos apreciaron «normalidad» en el primer día laboral tras la entrada en vigor del real decreto. Ángel Citores (CCOO) dijo que ayer continuaron «resolviendo dudas» a trabajadores y empresas que aún no sabían cómo adaptarse a la norma, mientras que PabloDionisio Fraile (UGT) reconoció que las pymes tuvieron «más problemas» y, por lo general, han adoptado el método manual.