El bosque encantado de Enrique del Rivero

R. Pérez Barredo / Burgos
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Fotografía de la dehesa mágica de roble albar. - Foto: Enrique del Rivero

El fotógrafo burgalés escoge la dehesa de robles centenarios de Monasterio de la Sierra para su próxima instalación, que contendrá fotografía, vídeo, música coral, danza...

Un bosque es algo vivo: sus árboles no dejan de crecer y en ellos habitan pájaros, en su copa se posa la nieve, sus ramas renuevan la hoja cada primavera. Son lugares mágicos en los que es posible encontrarse a uno mismo y sentir toda la fuerza de la naturaleza, el magnetismo telúrico que emana del humus sobre el que se asienta. Un bosque es, también, claro, una obra de arte perfecta en sí misma.Y por ello, el escenario ideal en el que exhibir creaciones que la complementen.
Lo sabe muy bien el fotógrafo y artista burgalés Enrique del Rivero, que no sólo ha tenido en la naturaleza su objetivo principal en su larga trayectoria profesional, sino que ha interactuado con ella en instalaciones como la de ‘Enraizados’, en la que llenó de retratos de gentes de la tierra un bosque de robles quejigos en la comarca de Lara.
Otro bosque, acaso más espectacular, posiblemente uno de los más antiguos de España, es el marco elegido para su próximo proyecto. ‘Bosque’, que así ha llamado esta creación, se ubicará en la dehesa comunal de Monasterio de la Sierra. Allí, a partir del año que viene (es un proyecto ya madurado que, sin embargo, exige una lenta preparación) llevará Enrique del Rivero su instalación, que contendrá fotografía, vídeo, música coral, danza y land art... «Va a haber mucha gente implicada. Entre ellos, el compositor Alejandro Yagüe, al que entusiasmó la idea».
Se trata de la mayor dehesa de robles de España. Enclavada en el somontano de la sierra de Neila y cubriendo los profundos valles abiertos por el río Valladares y sus afluentes, la dehesa de este pueblo burgalés está considerada como el bosque de roble albar (Quercus petraea) más extenso y mejor conservado de toda la península Ibérica.
«Entre los miles de árboles que conforman esta masa forestal caducifolia sobresalen una serie de ejemplares que por su porte, belleza, estructura y, sobre todo, edad -algunos superan los 600 años de vida- alcanzan la categoría de árboles singulares», subraya Del Rivero.

Rocas de los glaciares

Otra peculiaridad que hace único a este bosque de roble albar, apostilla el fotógrafo, es que en varias zonas estos robles vegetan en un terreno cubierto por grandes rocas «que fueron arrastradas hace decenas de miles de años por los glaciares que descendían de las cercanas cumbres montañosas.Es un bosque encantado.Realmente encantado».
El autor, viajero impenitente, observador curioso y lúcido, lleva una larga temporada deambulando entre las piedras cubiertas de musgo, emboscado entre los robles centenarios y sintiendo en su espíritu y en sus carnes, como un zahorí que buscara el secreto de la pureza, de la belleza más absoluta, la mágica atmósfera que reina en lo más profundo del bosque. «El lugar es tan atrayente y adictivo que es casi imposible sustraerse a su presencia», concluye.