La CHD rechaza la limpieza de cauces

H.J.
-

Su presidenta, reprobada en enero por la Diputación, responde en una carta que la responsabilidad en los tramos urbanos es municipal y se muestra contraria a los dragados «como en otros tiempos»

El alcalde de Villegas, José Antonio Ramos, muestra un tramo del río Brullés con árboles caídos sobre el cauce en las riadas de diciembre - Foto: Luis López Araico

Ha tardado casi seis meses en llegar, pero la respuesta de la Confederación Hidrográfica del Duero a la proposición aprobada en la Diputación en la que se llegó a reprobar a su presidenta ha sido emitida con llamativa claridad y firmeza.
A principios de enero, y tras las inundaciones que había sufrido la provincia durante las semanas anteriores con el paso de las borrascas Elsa y Fabien, el Pleno de la institución provincial aprobó una proposición donde calificaba de «ineficaz» la labor de las confederaciones del Duero y del Ebro. En esta iniciativa presentada por el diputado de Vox Nicasio Gómez se conminaba a estos organismos de cuenca «para que cumplan con sus obligaciones» de limpieza y dragado de los ríos y se solicitaba la puesta en marcha de «los medios necesarios para evitar los efectos dañinos que estas borrascas originan», además de dar «contestación en plazo a las solicitudes que al respecto se formulen por los diferentes Ayuntamientos».
Partido Popular y Ciudadanos apoyaron esta crítica moción, que sin embargo fue rechazada por el PSOE tras solicitar que se retirase al menos la reprobación de las presidentas de ambas cuencas. Ahora la del Duero ha contestado personalmente.
En una carta fechada el 2 de junio y dirigida al presidente de la Diputación, César Rico, Cristina Danés de Castro advierte que el término «limpieza» aplicado a los cauces «es especialmente inadecuado en este contexto». Para empezar, «los terrenos que se inundan forman parte de las zonas inundables», advierte la CHD, «muchos de ellos ocupados por tierras de cultivos, viviendas e infraestructuras». Pero además, «la limpieza solicitada consiste fundamentalmente en actuaciones de eliminación de vegetación de ribera y de depósitos de acarreos», lo que se conoce como dragados, unas operaciones que para la Confederación «son manifiestamente incompatibles con los objetivos de conservación y protección de la naturaleza» recogidos en la legislación autonómica «y en la moderna legislación de aguas».
Defiende la presidenta que desde un punto de vista hidráulico esas tareas son incluso «contraproducentes, ya que pueden suponer la solución de un problema en un tramo, pero se traslada al siguiente, incrementando el peligro y el riesgo aguas abajo». Por eso insiste en que «cuando hay una crecida la vegetación de ribera disminuye la velocidad del agua y se favorece que se infiltre y recargue los acuíferos».

Mayor peligro. Más aún, asegura que «las limpiezas y dragados sistemáticos llevados a cabo en otros tiempos, junto con la ocupación despreocupada de las zonas de flujo preferente de las avenidas, hacen que se incremente el peligro de sufrir daños personales y materiales». Por todo ello, queda clara la apuesta de la CHD por «unas buenas riberas y zonas inundables» que laminen la fuerza de las avenidas.
La Confederación zanja así las peticiones de limpieza, pero en su carta dedica otros cuantos párrafos a «la responsabilidad que los organismos de cuenca tienen sobre el mantenimiento y conservación de los cauces públicos». 
En el caso de los situados en zonas urbanas, recuerda que el Plan Hidrológico Nacional establece que corresponderá «a las administraciones competentes en materia de ordenación del territorio y urbanismo». Esto es, a los ayuntamientos o en su defecto a la Junta de Castilla y León. En estos tramos la CHD «solo tiene funciones de autorización y control de las actuaciones que se quieran realizar».
En cuanto a las zonas fuera de tramos urbanos, «no existe norma alguna que obligue a los organismos de cuenca como administraciones hidráulicas a actuar», defiende Danés. En todo caso serían «otras administraciones e incluso los particulares» los que puedan hacer algo cuando «tengan interés» en los cauces que les afecten.