Limpiar, desinfectar y vender

B.G.R.
-

El 70% de los comercios de Gamonal se ha sumado ya al sistema de cita previa adoptando medidas genéricas y otras más específicas dependiendo de sus características. Zona G repartirá lotes con elementos de protección

Virginia Pérez ha colocado cintas direccionales en el suelo de su negocio de decoración. - Foto: Patricia

Primero fueron unos pocos, en torno al 30%, los comerciantes que decidieron levantar sus persianas bajo petición de cita previa. Diez días después de que se permitiera esta posibilidad, la cifra de establecimientos de Gamonal que se han unido a este sistema de venta se ha incrementado notablemente. La asociaciónZona G la sitúa ya en torno al 70%, bien sean tiendas o empresas de servicios, y prevé que el porcentaje siga creciendo la próximo semana al seguir en la fase 0. 

El motivo es sencillo. «Los empresarios se han dado cuenta de que tiene que hacerlo sí o sí, porque no reciben ingresos y siguen asumiendo gastos, además de que son muchos los que aún no disponen de venta online», explica Borja García, gerente de la entidad, quien a esta explicación también añade la valoración positiva de los que decidieron reanudar de esta forma su actividad el pasado 4 de mayo. 

Para poder hacerlo, el comercio se prepara. La agrupación enviará en los próximos días a sus asociados un lote de elementos de seguridad como alfombrillas y espráis desinfectantes para la ropa, dispensadores de geles hidroalcohólicos... a los que añadirá la colocación de carteles con mensajes sobre el uso de guantes y mascarillas, accesos individuales, distancias de seguridad o la recomendación de pagar con tarjeta de crédito.

En la tienda de ropa de Vicky se ha eliminado un probador para mantener las distancias y ofrecer guantes y mascarillas al cliente.En la tienda de ropa de Vicky se ha eliminado un probador para mantener las distancias y ofrecer guantes y mascarillas al cliente. - Foto: Patricia

Los que ya están abiertos han tomado sus propias medidas, muchas fruto del sentido común.El futuro de sus negocios ocupa sus desvelos, pero también ese tiempo de inactividad les ha llevado a pensar en cómo afrontar esta nueva realidad comercial. Su cabeza no ha parado durante la cuarentena y en cuanto han podido se han puesto a limpiar y desinfectar los locales y la mercancía, además de idear fórmulas para facilitar el acceso del cliente como eliminar objetos de decoración o colocar cintas adhesivas direccionales en el suelo. Cada uno los ha adaptado a las características de sus productos y su público. Ahora ya, solo toca vender.

Virginia Pérez (Mi Casa): «En mi mente nunca ha estado cerrar la tienda»

Virginia Pérez no ha parado de pensar en toda la cuarentena en su tienda de decoración Mi Casa, en la calle Vitoria número 172. Abrió con cita previa el miércoles de la semana pasada, cuando ya estaba el local preparado para recibir al primer cliente, que nada más entrar se encuentra con un cartel de ‘espere su turno’. No es para coger número como en el supermercado, sino para que haga uso del dispensador de gel hidroalcohólico que ha colocado en ese lugar. Pero, además, se topa con unas marcas direccionales en el suelo que  le indican el recorrido a seguir y dos franjas horizontales que determinar el área de la caja.

De estar forma, nadie tiene por qué cruzarse a la hora de ver el género de un negocio en el que «todo se toca», tal y como reconoce Pérez, que por eso ha dado tanta importancia en su local a la limpieza de las manos. Objetos de decoración de lo más variado, ropa de cama, toallas, muebles auxiliares, alfombras... Las normas tenían que estar claras y las ha ido encontrando en informaciones que ha leído y aplicando el sentido común. 

Todo el género que se manipula lo vuelve a limpiar, aunque asegura que la gente que ha recibido en estos días es muy prudente, y respecto a otros artículos como sábanas y toallas, por cierto lo que «más estoy vendiendo», recomienda al cliente que lo lave antes de usarlo. Si hay una devolución, el género textil lo sube al almacén durante dos días para que esté en cuarentena. También destaca que la mayoría accede con mascarilla (ella lleva doble protección), aunque en breve las ofertará  dentro de la tienda.

«En mi mente nunca ha estado cerrar. Me tocará trabajar más y salir menos», subraya Pérez, que ha ido recopilando ideas para adaptar su negocio desde mediados de marzo. Lo primero que hizo fue ponerse en contacto con su proveedor de productos de limpieza para cambiar los ‘multiusos’ por desinfectantes de suelos y superficies. Tiene un bote con pulverizador encima del mostrador, que usa constantemente, ya sea para el datáfono como para los productos que acaba de vender. 

Pérez quería tenerlo todo preparado para cuando pudiera levantar de nuevo la persiana y estos primeros días de cita previa le están sirviendo para mejorar algunos aspectos de la tienda, pero también para mostrar a los ciudadanos «cómo proceder en esta nueva normalidad». No obstante, subraya que está deseando poder abrir con cierta normalidad, aunque haya límite de aforo. Una restricción que en su caso, según precisa, hará que puedan acceder al local una media de tres personas con el fin de controlar que se mantienen las distancias, porque por el momento estará ella sola detrás del mostrador. Se muestra expectante ante lo que suceda en las próximas semanas, pero es optimista y confía mucho en su clientela. 

Vicky Vélez (Hervel’s): «La gente compra por echarte una mano»

Pocos minutos después de las diez de la mañana, Vicky Vélez pasaba el aspirador en su tienda de ropa Hervel’s, en Francisco Grandmontagne. Ha sustituido la antigua mopa por este electrodoméstico para eliminar cualquier tipo de resto.

Su primera cita de ayer era a las 11, pero una hora antes ya estaba en el local para la limpieza a fondo, con agua y lejía, que realiza antes de levantar la persiana y cuando la baja. Deja una hora de diferencia entre cliente y cliente, si es que van seguidos, y en ese tiempo desinfecta las superficies utilizadas, pone en cuarentena durante dos días la ropa que se han probado y pasa la vaporeta a la que ha superado ese periodo.

Nada más entrar, en una pequeña mesa ha colocado una caja de guantes, mascarillas y gel hidroalcohólico para uso del consumidor. «Es una pequeña inversión pero merece la pena porque da tranquilidad», señala. En estos días, suele tener una media de cuatro citas, con lo que la atención es más que personalizada. Por ello, se ocupa ella misma, provista también de medidas de protección, de enseñar las prendas que cuelgan de los percheros. Cuando pueda abrir con límite de aforo del 30%, cree que tan solo podrán entrar dos personas.

Preparó la tienda la semana pasada pensando que el pasado lunes Burgos pasaría de fase y podría abrir con una cierta normalidad. La vació por completo, retiró el género de invierno, dejó en cuarentena el nuevo, después lo planchó con la vaporeta, que supera los 70 grados, lo etiquetó y colocó cada prenda en su lugar. También retiró elementos decorativos como una mesa y un maniquí, con el fin de despejar al máximo el pasillo; y eliminó uno de los tres probadores para respetar las distancias de seguridad, donde prevé colocar el equipo de ozono que ha encargado, y colocó una pantalla en la caja.

Reconoce que se ha vuelto un poco «maniática» de la limpieza, pero considera importante que la tienda huela a limpio cuando entre el cliente. También vende por internet y está presente en las redes sociales, lo que le ha permitido llevar algo mejor la «angustia» de los primeros días cuando lo «veía todo muy negro». No se atrevía incluso a dar publicidad a sus prendas. «Me parecía frívolo con lo que estaba pasando», admite, aunque según fueron pasando las semanas decidió dar el paso. «La gente ha respondido muy bien. He encontrado mucha solidaridad  porque me compraban ropa cuando no sabíamos en qué momento íbamos a poder salir a la calle y eso lo hacían por echarme una mano». Ha llevado ella misma los encargos a los domicilios, sobre todo regalos para el Día de la Madre, y el interés y agradecimiento recibido le hacen ser optimista y confiar en un cambio de mentalidad en el que se tenga más en cuenta al pequeño comercio. Abrió la tienda en la crisis de 2008 y está preocupada por lo que vendrá, pero considera que «después de tanto esfuerzo sería injusto que no tuviera un final feliz por este bicho».