La fe también se hizo presente en Ifema

SPC
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El capellán vallisoletano Juan Jolín es uno de los sacerdotes que atienden de forma espiritual a los enfermos de covid-19 ingresados en el hospital de Ifema

La fe también se hizo presente en Ifema

El capellán Juan Jolín, natural de Valladolid, fue uno de los siete sacerdotes que durante un mes atendieron de manera espiritual a los enfermos de covid-19 ingresados en el hospital de Ifema, ubicado en Madrid. Desde el pasado 27 de marzo hasta ayer, Jolín, junto a otros seis sacerdotes de diferentes puntos del país han prestado su apoyo a aquellos pacientes que requerían su ayuda, así como la atención de Dios, informa Ical.

El capellán relata que tras comenzar el confinamiento por el estado de alarma, y escuchar la gravedad de la situación en la que se encontraban los hospitales en todo el país, se planteó ir a echarles una mano, puesto que ya contaba con formación médica. Tan solo unos días después fue requerido, junto a otros seis sacerdotes, para acudir al recinto ferial de Ifema, en Madrid, reconvertido en un hospital de campaña para atender a los enfermos de coronavirus, debido al amplio número de infectados y la falta de espacio en los hospitales.

“Cuando llegamos era todo una especie de barullo, en ese momento la prioridad era la atención médica”, recuerda Jolín, quien a su llegada fue ubicado en el pabellón número 5 de Ifema. “Al principio era como ir a la luna, porque había unos protocolos muy estrictos y rigurosos. Para entrar en la zona de los enfermos te ponían cuatro guantes, dos máscaras, la visera, la bata sanitaria, un EPI exterior. Como si fueras un astronauta. Era bastante sobrecogedor”, relata el capellán.

La fe también se hizo presente en Ifema
La fe también se hizo presente en Ifema

Asimismo cuenta que pese a que la comunicación era difícil con los enfermos debido a las protecciones que llevaban, se podía observar “humanidad” en el ambiente. Recordando los momentos vividos allí, el vallisoletano afirma que con el paso de los días la situación fue evolucionando, y algunos enfermos pasaron de estar aislados a tener la compañía de otros internos. 

“El hecho de estar cuatro o cinco les daba consuelo, se ayudaban unos a otros. La ausencia de las familias se palió con los vecinos. Era bonito ver cómo a un señor mayor le ayudaba a comer un chico joven”, añade.

Al respecto explica que todo el personal sanitario que había en el lugar, así como los capellanes estaban allí para ayudar a los pacientes, escucharles, acompañarles y transmitirles el amor de Dios. “Es un consuelo saber que Dios te quiere, que esta es una situación de la que entre todos salimos adelante”, subraya.

De esta forma, junto a sus compañeros capellanes, Jolín ofrecía ayuda a cerca de 25 pacientes al día que solicitaban atención espiritual. En ocasiones lo pedían los enfermos, las propias familias del interno, o incluso equipo médico del hospital.  Al respecto afirma que todos los allí presentes se asomaban al dolor “con mucho respeto”, puesto que en una situación así no se puede “trivializar ni banalizar”, por lo que únicamente se limitaban a escuchar a los enfermos y a ofrecerles su apoyo en esos duros momentos. 

Por otro lado señala que pese a que en un primer momento algunas personas sí que se mostraban sorprendidas con la presencia de capellanes en el lugar, con el tiempo se fueron acostumbrando, e incluso les manifestaban su respeto y agradecían su presencia en el hospital. "La situación era muy especial, espero que nunca más lo veamos, pero se experimentaba esa sensación de aislamiento. Todo el mundo se agarra a un clavo ardiendo en esos momentos, y la fe te ayuda y te reconforta"