2015 concluye con 24 muertos en carretera, el 50% más que en 2014

I. Elices / Burgos
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Dos magrebíes murieron el 4 de enero en la N-627. Su coche fue aplastado por un camión. - Foto: Jesús J. Matías

Vías de alta capacidad. La A-1, la autopista y la A-62 registraron el ejercicio pasado 10 víctimas mortales en 8 accidentes. La N-I fue la vía más letal. En la carretera que une la capital con Miranda fallecieron 6 personas en cuatro siniestros.

Después de que en el año 2014 las carreteras burgalesas registraran la cifra más baja de muertos de la historia -un total de 16- mantener los mismos números hubiera constituido casi una proeza. Por ello cualquier aumento parece desorbitado porcentualmente. En 2015 fallecieron en accidente de tráfico en la provincia un total de 24 personas, un 50% más que el ejercicio pasado.  El salto es enorme, pero conviene echar la vista a atrás, porque en 2011 había que lamentar 10 muertes más que en el recién acabado 2015. Y este mismo siglo, en sus inicios, hubo años con 80 y 90 muertos solo en la provincia de Burgos.
La estadística de 2015 deja algunos datos que han de mover a la reflexión. Por ejemplo, la DGT inició una campaña para incrementar el control de la velocidad en las carreteras secundarias, anunciando incluso los tramos en los que coloca los radares, a fin de informar a los conductores. Pues bien, si en algunos territorios la siniestralidad vial se concentra en las vías menos transitadas, en Burgos no es del todo así. En las vías de alta capacidad fallecieron el pasado año 10 personas en 8 accidentes. La AP-1 registró cinco fallecidos; la A-62, 3, y la A-1, dos.
Pero la carretera más peligrosa fue de nuevo la N-I, con seis víctimas mortales en 4 siniestros. Aunque se trate de una vía convencional tampoco puede considerarse una vía precisamente secundaria porque transitan por ella más de 10.000 vehículos al día, más de la mitad pesados.
En otras cuatro nacionales que discurren por la provincia hubo que lamentar cinco fallecidos en cuatro accidentes. Se trata de la N-627, la carretera de Aguilar; la N-623, la de Santander; la N-234, la de Soria, y la N-122, que pasa por la Ribera del Duero. Y el resto de accidentes mortales sí se produjeron en vías realmente secundarias. En la BU-551, en las Merindades, y en la CL-629.
En cuanto a las circunstancias de los accidentes mortales, de los 19 que se registraron en Burgos, 8 se produjeron como consecuencia de la colisión de dos o más vehículos. Siete de ellos ocurrieron por una salida de vía o un vuelco; tres fueron atropellos, uno de ellos a un ciclista, y hubo un fallecido tras chocar con su coche contra un animal. Este accidente tuvo lugar en la N-234.
El siniestro de más gravedad tuvo lugar en el mes de mayo en la autopista, cuando tres portugueses que viajaban hacia su país se salieron de la AP-1.
Formaban parte de una de las cuadrillas que trabajan en la construcción de un bloque de viviendas en París. Viajaban en una furgoneta hasta Braga, su ciudad natal. Pero en Burgos, en concreto en Quintanapalla -en la AP-1-, la tragedia se interpuso en su camino. El furgón, con siete albañiles dentro, se salía de la vía a la altura del kilómetro 15, cruzaba la mediana y tras dar varias vueltas de campana cayó sobre la calzada contraria. Dos de los ocupantes murieron en el acto y otro de ellos falleció a los pocos instantes de llegar al Hospital Universitario.
Hay que recordar que a consecuencia del repunte de accidentes mortales el pasado año la DGT ha ordenado redoblar los controles en la provincia. El subsector de Tráfico de la Guardia Civil comenzó el pasado 30 de noviembre y concluirá el próximo 12 de enero.
Los agentes aumentan su presencia en las carreteras y establecerán más controles de alcoholemia, documentación y drogas, por los que pasarán aquellos conductores que sean sorprendidos circulando a mayor velocidad de la permitida.
 Unas son las cifras oficiales y otras son las reales. La DGT no contabiliza las víctimas mortales que fallecen después de transcurridas 24 horas del accidente ni tampoco las que se producen en zonas urbanas. Así, el 1 de julio de 2015 moría una niña de dos años en Villagonzalo Pedernales tras ser atropellada por una camioneta frente a la casa donde vivía en la calle La Solana. Tampoco figura en las estadísticas el joven ribereño que el 1 de septiembre cayó con su coche al río Duero en Aranda. Ni el tractorista de Salas de Bureba que volcó con su vehículo en pleno pueblo y se mató. A ellos hay que unir el anciano de 90 años que falleció en el hospital a los 2 días de sufrir un accidente en la carretera de Aguilar, en una colisión en Nochebuena entre tres turismos en Basconcillos del Tozo. El 18 de julio una mujer moría en la AP-1 en Ameyugo y su tío, que resultó herido, fallecía dos días después.