Toñete: «Yo no sería feliz sin entregar mi vida al toreo»

Leticia Ortiz
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Toñete: «Yo no sería feliz sin entregar mi vida al toreo» - Foto: VILLAR LÁ“PEZ

Su determinación llevó al madrileño a apartarse de un destino que parecía escrito para adentrarse en un mundo absolutamente desconocido para él. Ahora busca confirmar que su único objetivo a largo plazo es ser figura. Esta tarde debuta en Burgos

Antonio Catalán, Toñete en los carteles, le ha perseguido el pesado título de «hijo de» desde sus inicios. No en vano, su padre es el presidente fundador de la cadena hotelera AC. Pero él, con su capote, su muleta y su espada está demostrando que quiere hacerse un nombre propio en la Tauromaquia, más allá de los apellidos.
¿Qué supone debutar en una plaza como Burgos?
Para mí es fundamental por la importancia que tiene Burgos y la expectación que hay en torno a la Feria. Burgos siempre ha tenido mucha categoría en el calendario taurino, pero parece que se está revalorizando aún más. Así que me hace una ilusión tremenda debutar allí.
La gente que vaya a la plaza el día 2 y no conozca a Toñete, ¿qué se va a encontrar?
Creo que se va a sorprender. Intento aportar cosas nuevas, con un concepto de toreo de máxima entrega, aunque sin dejar de lado el clasicismo y el torear despacio. Si todo sale bien y como yo deseo, la gente se va a divertir y va a encontrar a un torero que intenta hacer bien las cosas y disfrutar, porque creo que si yo disfruto toreando, eso se transmite y la gente también disfruta.
Burgos es plaza cubierta. ¿Te gustan este tipo de plazas?
Me encantan. Creo que son muy cómodas. Para hacer el toreo, teniendo en cuenta que uno de nuestros grandes enemigos es el viento, pues resultan perfectas. Que la climatología no condicione el espectáculo es importantísimo.
¿En qué momento decidió que quería ser torero? 
Yo tuve esa convicción desde pequeño. Pero hasta hace siete u ocho años que comencé sin caballos no acabé de convencerme de que el toreo iba a ser mi vida. Porque yo sentía que quería dedicarme a ello, pero hasta que no me puse en serio con el maestro Gómez Escorial a entrenar, a prepararme y a mejorar como que no me lo acabé de creer.
¿Qué le dijeron en casa cuando anunció que quería ser torero?
Al principio fliparon un poco, porque mi casa no hay antecedentes taurinos y mi familia está muy alejada de este mundo. Pero cuando fui demostrando que de verdad quería ser torero, que iba a consagrar mi vida a ello, pues no les quedo más remedio que asumirlo y apoyarme.
¿Se siente valorado por los aficionados y las empresas o todavía le miran con desconfianza por ser alguien un poco ajeno a este mundo?
Quien me mire con esa desconfianza tendrá que ser tonto porque lo importante es lo que se hace delante de la cara del toro, no de dónde venga o de dónde no. Quien me mida por cosas ajenas a lo que yo demuestro delante de la cara del toro es mejor que no venga a verme.
Con los sinsabores que da este mundo y con esa parte trágica que son las cornadas y que usted ya ha probado, ¿se ha arrepentido alguna vez de esa decisión o ha pensado ‘yo tenía un futuro medio arreglado y me he metido en este lío’?
No. Nunca. El tema de las cornadas lo asumo con normalidad porque es un peaje que tenemos que pagar. Lo importante es recuperarse físicamente, y, sobre todo, mentalmente que suele ser lo más difícil. Pero yo no entiendo mi vida sin el toro. Y sí es verdad que mucha gente me lo dice: ‘tú tenías un futuro arreglado’. Pero es que sin torear y sin entregar mi vida al toreo yo no sería feliz.
¿Cómo es su día a día?
Es muy intenso. Entrenamos casi todo el día. Suelo madrugar, me levanto sobre las 7,30 u 8. Desayuno bien porque es fundamental la alimentación. Entreno la parte física, que es clave. Y luego mucho toreo de salón. Un rato de descanso, que es necesario, y otra vez por la tarde a entrenar. Al final cuando te das cuenta los días se te van entrenando. Pero es que todos los días hay cosas que aprender, que corregir y que mejorar. El torero que no está dispuesto a sacrificarse para hacerse cada día mejor torero, poco recorrido va a tener.
¿Hacia dónde va Toñete como torero en esa evolución que trabaja cada día?
Por objetivos, a lo más alto. Uno busca siempre ser figura del toreo. Pero para eso, lo que te obsesiona es el día a día. Siempre buscas a través de los entrenamientos alcanzar ese toreo que te gusta. Me he dado cuenta de que cuando en la plaza hago el toreo que me gusta, el que siento, el que me hace disfrutar, los éxitos llegan. Intento torear despacio, poder a los animales, hacer que se entreguen en la muleta… Evidentemente, hay días que lo consigo y días que no, pero trabajo para mejorar. 
Este año no ha estado en Madrid, a pesar de la buena imagen que dejó en 2018. ¿Por qué?
Yo estoy loco por ir a Madrid, no me da miedo ir a Madrid. Pero creo que tengo que ir en el momento exacto. Los toreros tenemos que ir a cada Feria cuando estamos al nivel del toro y de la exigencia de cada plaza. Yo me siento preparado para ir a Madrid y matar una corrida de toros. Pero no quiero ir solo a ver que pasa. Quiero ir a triunfar. Sé que en Las Ventas se me va exigir un punto más que a otros y yo quiero responder de la mejor manera posible a esa exigencia. Cada torero tenemos nuestro ritmo, y las prisas no son buenas . Los toreros tenemos que ir a la plaza convencidos de nuestras posibilidades y dispuestos a entregarnos por completo porque así se puede llegar a triunfar. Aquí las casualidades no existen.
Se torea como se es, decía Belmonte. ¿Es realidad o es un tópico?
Es una gran realidad. Se torea como se es y como se está. Si uno está feliz, se nota en la plaza. Si estás convencido de tus posibilidades, también se nota. Si crees en ti mismo, pasan cosas buenas. El traje de luces es muy transparente, por eso es totalmente cierto lo que decía Belmonte.