El sepulcro de los Theotocópuli en San Torcuato

ADM
-
Portada de San Torcuato, obra de Jorge Manuel Theotocópuli. - Foto: David Pérez

La mayoría de los especialistas coinciden en que los restos del Greco fueron trasladados a la iglesia de este convento de agustinas en 1619

La fotografía superior recoge un detalle del encuadre lateral de Toledo que, desde la Carretera del Valle, tomó Charles Soulier en una fecha tan temprana como 1857, el mismo año en el que Sixto Ramón Parro publicó Toledo en la mano. A la derecha, sorprendentemente visible por su volumetría en mitad de un entorno dominado por edificios de pequeñas dimensiones, es posible apreciar el convento agustino de San Torcuato cuando apenas quedaban trece años para su demolición. La imagen muestra que poseyó cierta entidad a pesar de haber sido descrito como una modesta construcción por quienes llegaron a conocerlo, incluidas la capilla sepulcral que Jorge Manuel Theotocópuli realizó para albergar a su familia y una pintura muy especial: una mala pero muy particular versión del enorme lienzo que su padre había realizado para el Escorial.
Es muy poco lo que se ha conservado del edificio. Apenas una reducida portada de bellas líneas que, en la actualidad, deja paso a una vivienda particular. La tradición local atribuye a San Torcuato una antigüedad más que milenaria, pues se trataría de una de sus seis parroquias mozárabes, erigida en los primeros momentos del siglo VIII y posteriormente convertida en iglesia conventual aunque conservando su titularidad. El Greco, cuyo domicilio en las casas del marqués de Villena se encontraba a muy escasa distancia, se instaló en Toledo durante los mismos momentos en los que San Torcuato iniciaba esta nueva etapa de su existencia. De ella fue cura propio el poeta y dramaturgo José de Valdivielso, coetáneo del pintor, y en ella sería enterrado Jorge Manuel Theotocópuli tras enfrentarse con las religiosas de Santo Domingo el Antiguo y contratar en San Torcuato la correspondiente bóveda sepulcral el 18 de febrero de 1619. Jorge Manuel se obligaba a costear «la bóveda y entierro» y a realizar «un altar y retablo» sobre ella, además de donar 10.000 maravedíes de limosna al convento y renunciar a cobrar cantidad alguna «por haber amaestrado [es decir, por haber sido maestro de obras] la iglesia del dicho convento y hecho las trazas y condiciones de ella». El hecho de que la escritura estipulase claramente que el arquitecto y pintor tenía derecho a trasladar allí los restos de «sus padres» y la posterior vinculación de la familia con este enterramiento (en él recibiría sepultura en 1629 la segunda esposa de Jorge Manuel, Gregoria de Guzmán), llevó a los investigadores desde época bien temprana a decantarse por la opción del traslado de los restos aquí.
Por otra parte, en 1981, el historiador del arte Fernando Marías dio a conocer un nuevo documento (rubricado por el escribano Rodrigo de Hoz el 1 de abril de 1620 y conservado en el Archivo Histórico Provincial) que durante estos últimos treinta años ha contribuido a cimentar la hipótesis de San Torcuato. Se trataría del permiso para que Jorge Manuel instalase un letrero sobre la bóveda sepulcral, algo que solamente se explicaría de estar destinado a los restos del Greco, los cuales habrían sido trasladados aquí recientemente.
Contribuye a reforzar todavía más esta hipótesis la existencia en el convento, hasta mediados del siglo XIX, de una versión del San Mauricio que probablemente fuese realizada por el propio Jorge Manuel. En esta pintura, que a finales del siglo XVIII se consideraba erróneamente «un borrón» del Greco, es decir, el boceto previo a la representación definitiva para el Escorial, fueron intencionadamente sustituidas dos cabezas que los especialistas suelen interpretar como un retrato del Greco a edad muy anciana y un posible autorretrato de Jorge Manuel. El cuadro, que en 1845, según Amador de los Ríos, era «muy apetecido de los extranjeros», no se encontraba ya en el convento en el momento en que se realizó la fotografía superior. Son conocidas dos versiones de la pintura. Una, en paradero desconocido desde 1962, perteneció a la colección Sert y en su momento fue propiedad de Fernando Brieva Salvatierra, nieto del escultor neoclásico Valeriano Salvatierra, que esculpió el sepulcro del Cardenal Borbón en la Sacristía de la Catedral toledana. Según José Álvarez Lopera, es probable que fuera este el que estuvo en San Torcuato. La otra versión, que reproducimos en esta doble página, mide 1,45 x 1,07 metros y se encuentra en el Museo Nacional de Arte de Rumanía, en Bucarest.
Muchas dudas podrían haber sido despejadas de haber continuado el convento de San Torcuato en pie. Desgraciadamente, fue demolido entre 1869 y 1870, en tiempos de la Primera República; probablemente, más por intereses especulativos que políticos o anticlericales, según ha sido tradicionalmente planteado. Desamortizado el convento, el Ayuntamiento pretendió, sin éxito, alojar en su interior a los bomberos municipales, como recogió el historiador Julio Porres Martín-Cleto en su Historia de las calles de Toledo (Toledo, 1971; reeditada en varias ocasiones). Finalmente, el convento pasó a manos de dos comerciantes que lo parcelaron y vendieron a partir de 1874. Treinta años después, su solar pudo llegar a ser excavado parcialmente, según mostramos en la doble página anterior.
Apenas nada ha perdurado de este convento, aunque sí ha podido ser identificado el cuadro que ocupó el altar mayor de su iglesia, conservado en el Museo del Prado. Paradójicamente, su portada ha llegado hasta nosotros en excelente estado de conservación.