scorecardresearch

¡Qué buenos son los chicos de ETA!

Carlos Dávila
-

La misión de Sánchez y del secuestrador Otegi es que dentro de tres años no exista un solo preso de la banda en chirona

El objetivo del mentor de los etarras es blanquear cuanto antes la historia del grupo terrorista. - Foto: Javier Etxezarreta (EFE)

El pasado lunes, buena parte, si no toda, de la afición sanchista prorrumpió en emocionados aullidos de emocionada alegría cuando supo que los criminales de la banda asesina ETA, aún en prisión, habían firmado un documento renunciando a sus aldeanos homenajes para cuando salgan de chirona. Naturalmente que no conocemos cuántos de estas acémilas han firmado el texto, pero, con toda certeza que los jefes facciosos García Gaztelu, alias Chapote, y Henry Parot, alias Unai, se habrán resistido en principio. ¿Qué les habrá convencido para rubricarlo, si es que verdaderamente lo han hecho? Pues la seguridad que les ha proporcionado su mentor, el secuestrador (¿o es que ya no se puede llamarle así?) Otegi de que ahora, en este momento crucial para el blanqueo de ETA, hay que dejarse de minucias, que si los dan-tzaris bailando la Espatandantza, o un primo hermano del liberado tocando el chistu, y colaborar en lo que es el objetivo básico del aún presidente Sánchez y de su conmilitón, el citado Otegi. Y ¿cuál es este? Pues que para dentro de tres años no exista un solo preso de la banda en prisión. Ni más ni menos. Los chicos etarras, tan buenos como son, han comprendido el mensaje y han cambiado las alaracas pueblerinas por la promesa de una pronta, incluso inmediata en algunos casos, libertad.

Todo es fruto de la sociedad formada por un felón, cómplice de unos sujetos que mataron a 855 personas, y un terrorista, condenado como tal, una coyunda que está dando frutos diarios. PSOE y Bildu ya están gobernando al alimón en dos localidades vascas que no son precisamente un par de caseríos perdidos en el monte. En Eibar y en Irún, los socialistas vascos han abandonado, como se hace con un desodorante agotado, al PNV y ahí están repartiéndose diezmos y primicias en los dos concejos. Es -podríamos llamarla así- la experiencia in vitro de lo que se prepara para un tiempo más cercano que lejano, y que no es otra cosa que un apaño a tres bandas, un pacto de utraizquierda entre el renovado, todavía para peor, Partido Socialista de Eneko Andueza, Podemos y el propio Bildu. ¡Hay que ver con qué alborozo ha recibido Pablo Iglesias la decisión-trampa de los terroristas.

Al PNV todo este proceso le está pillando con la pierna cambiada. Bildu se está quedando con la marca secesionista por más que en la inane Asamblea del fin de semana un sobrepasado Andoni Ortúzar se haya refugiado en la Arcadia feliz del independentismo para mantener en pié el ánimo del personal nacionalista. Pero el PNV es un partido tan rencoroso como aprovechado, por lo que no es improbable que, más pronto que tarde, le haga un Rajoy a Sánchez y le deje tirado en el Parlamento. El aviso de que hasta el rabo todo es toro esgrimido por el propio Ortúzar, no es baladí; esta vez va en serio.

Tan serio como es irrenunciable para Sánchez la estrategia de continuar enjalbegando la casa común (y criminal) de los etarras. Son los peajes que tiene que pagar para seguir encaramado a sus helicópteros de cabecera y a sus Falcon de fin de semana. Esto es incluso inteligible, entre otras cosas porque el habitante eventual de La Moncloa ya ha conseguido que una gran parte de los españoles haya caído en el cepo de su propaganda. 

¡Ya está bien de monsergas!

Resultaba bochornoso constatar cómo a principios de esta semana muchos estultos, quizá hasta de buena fe, aplaudían el comunicado de los internos de ETA y, más aún, lo calificaran poco menos que de un paso decisivo para la definitiva paz en el País Vasco y en España. ¡Hay que ser bodoques! Ya acabo de escribir que el único paso que se presume sobre esta manifestación es la certeza que poseen los penados terroristas de que ya están prácticamente en libertad. Pero la cosa es aún mucho peor; ahora viene a resultar que todos los que denuncian/denunciamos esta comedia son/somos unos individuos trogloditas o talibanes que utilizan/utilizamos el terrorismo como arma política. «¡Ya está bien de eso!», vociferaba el pasado lunes en una radio pública un periodista afecto al sanchismo como las lapas a las rocas del Cantábrico. «¡Ya está bien de monsergas con ETA!», abundaba. 

Sánchez, esta es la verdad, ha conseguido en breve tiempo que las pérfidas sean las víctimas y los pobres sufridores los asesinos. Es tan grave lo que está ocurriendo sin que la sociedad se remueva demasiado, que la historia asesina de la banda se está ya contemplando solo como una etapa desagradable que debe enterrarse a mayor celeridad. Los mismos que están destripando las tumbas de hace casi 100 años se orinan sobre las de casi 1.000 inocentes ametrallados por una larga cuadrilla de homicidas. Dicen, además, los que se hallan en este proceso, que su camino es imprescindible para conseguir la reconciliación nacional. Ahora sí es cierto que todo está atado y bien atado, lo terrible es que poca gente, muchos analistas sin ir más lejos, en el mejor de los casos no recaigan con justeza en lo que está pasando, y cada movimiento pautado y estudiado de los criminales les parezcan una pica en Flandes. Por eso, suscribo mi propia y sarcástica exclamación: ¡Qué buenos son los chicos de ETA! ¡Tanto, tan extenso y tan cruel sufrimiento de años y años para terminar concluyendo en que esa historia es solo una monserga que se debe olvidar! En la política nacional de ahora mismo hablar de ETA estorba. Lo hacen/lo hacemos, según parece, los que intenta/intentarnos usar a las víctimas para herir la gobernación de un presidente que, siguiendo las huellas de su antecesor, José Luis Rodríguez Zapatero, es el auténtico hacedor de la paz. Estamos ya insertos en una infamia nacional que ningún otro país decente podría soportar; es más, los buenos de siempre se han convertido en toda una rémora, los malos tienen derecho, después de tantas penas acumuladas entre rejas, a una oportunidad civil. ¡Qué buenos son los chicos de ETA! No alcanzo a entender cómo hemos pasado tantos lustros sin darnos cuenta de ello.