La regularidad, virtud olvidada

Diego Izco
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La Liga siempre la ganó el mejor o el menos malo sí, pero siempre fue el equipo más constante: este año los grandes cabalgan a cabezazos. La Real resiste, el Villarreal se asoma... y el Atlético es la gran amenaza

La regularidad, virtud olvidada - Foto: AFP7 vía Europa Press

Cuando un ciclista empieza a cabecear en la subida a un duro puerto, cuando un caballo empieza a cabecear en la recta de meta... malos síntomas. O no hay ritmo o no hay fuerzas o ninguna de las dos cosas:así están jugando la Liga Barça y Madrid, a cabezazos. Lo mismo te exhiben músculo que debilidad, lo mismo una incontestable pegada que una exasperante falta de puntería. Lo mismo ganan 5-2, pierden 4-1, empatan a cero... Los tres ‘purasangres’ que van en cabeza (una Real muy ágil a la que no le puede el vértigo del liderato, un Villarreal casa vez más sólido conforme Emery puede ir metiéndole mano a la defensa, y un Atlético en modo equipazo) se frotan las manos. Este año es el de la alternativa. 

 

La rotación

El fútbol ha cambiado y a los grandes, que en las rotaciones seguían luciendo galones ante los otros 18, ahora sufren horrores. Zidane queda retratado porque la plantilla está retratada hace tiempo:o el once de gala o sufrimiento. ¿El error de Valencia? Que nadie le dijo (ironía) que esta semana hay parón de selecciones. 

 

La liga de joao

Ahora mismo es el jugador del campeonato en el equipo más sólido del campeonato, el único que aún no ha perdido y el que, conforme van pasando las jornadas, mejor pinta tiene hacia el título. Simeone, a quienes muchos le cuelgan la etiqueta de «inmovilista» ha corregido su propio error, aquel de tirar al muchacho a una banda:allá tenía espacios, pero aquí hay diversión. Ahora, haciendo de Messi por todo el campo, disfruta y exhibe el pequeño genio que lleva dentro.  

 

La lesión

Hablando de niños, si cualquier lesión grave es dolorosa para el aficionado neutral, la de un crío en pleno crecimiento (Ansu Fati), en la temporada de su consagración, aún más. Cuatro meses va a ser mucho tiempo sin el muchacho que le revolucionaba el cotarro al Barça cuando el rival se obsesionaba con Messi. Dembélé acapara ahora las miradas.