Los niños que fuimos (y somos)

R.P.B.
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Portada del libro de Jabato ilustrado por María Bravo - Foto: Marí­a Bravo

María Jesús Jabato publica 'Poemix', álbum ilustrado para el público infantil

Los niños, siempre están los niños rondando en la cabeza de la niña grande María Jesús Jabato, de la poeta delicada y brillante, sensible y alta. Luminosa siempre. Ya está en las librerías Poemix, su último poemario. Un álbum ilustrado de poesía dirigido especialmente al público infantil, donde la escritora ofrece "una mirada honda y sincera sobre el mundo, en la que los adultos nos reencontramos con el niño que fuimos, o, con suerte, con el que somos aún". Es mucho más que un poemario ilustrado para niños, por más que su autora así lo confiese. Es también un libro que juega con las palabras, que defiende la enorme capacidad de estas para influir, conmover o provocar reflexión. No es un libro más de Jabato. Es un libro diferente.


"La poesía juega con el lenguaje en libertad, lo carga de significado y aviva el pensamiento porque un poema, decía el poeta estadounidense Robert Frost, comienza en deleite y termina en sabiduría. Es un libro innovador ya que los poemas establecen correspondencias: la mente humana es capaz de relacionar conceptos al igual que en un hipertexto. Las múltiples ideas que se nos ocurren se enlazan unas con otras como cerezas y en los poemas del libro este enlace se realiza a través de las palabras. En cada poema, una palabra se convierte en germen de otro e incluso una palabra de este segundo poema genera un tercero, todos ellos en unidad de contexto", explica la también académica de la Fernán González.


Poemix es un puro goce para los sentidos. Porque también es un libro estético, bellísimo. Sus 65 poemas están acompañados de unas ilustraciones muy hermosas, obra de María Bravo. "En el libro dialogan la imagen y la palabra creando un juego de perspectivas que da como resultado un poemario que integra todas sus partes en una secuencia de interrelaciones. Un poema lleva a otro y de un poema sale un dibujo que a su vez lleva a otro. De un trazo a una textura y así sucesivamente. Las ilustraciones están concebidas con formas sencillas jugando con el poder de la imaginación para reinventar, conseguir ver en un borratajo una figura, en un simple cuadrado varios significados o asociar un color a un sentimiento", subraya la autora.


En el formato del libro, imagen y texto responden a la creación del discurso, de modo que si desapareciera la poesía, la obra no sería la misma y si desapareciera la ilustración, también sería diferente. "Texto e ilustración interactúan y esta ofrece una segunda mirada o interpretación de los poemas. Al estar así configurado, cumple las tres funciones que la literatura infantil debe poseer de acuerdo con lo establecido por la investigadora Teresa Colomer: la entrada en el imaginario colectivo, el aprendizaje de modelos narrativos y poéticos, y la socialización cultural. La primera función se cumple al introducir a los lectores en el imaginario propio de una sociedad. La segunda se cumple igualmente ya que el libro es una herramienta de formación debido a que facilita la apreciación de las estructuras poéticas. Y la tercera función se realiza mediante los llamados hablantes líricos, que permiten ver con los ojos de los demás y desde perspectivas diversas, los sucesos y el mundo que nos rodea", concluye.