Miranda suma nueve muertes violentas en las últimas décadas

Raúl Canales
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El homicidio del escayolista es el último en la lista de la crónica negra local. Algunos casos como el del pub Chaplin o la desaparición de Marisa Villaquirán permanecen imborrables pese a los años transcurridos

Teófilo Torres y José Ramón López fueron condenados a 105 años de cárcel por los crímenes cometidos en el bar Chaplin, un caso que tuvo repercusión nacional. - Foto: Ángel Ayala

El crimen del escayolista ha alterado en los últimos días la habitual tranquilidad de Miranda, una ciudad poco acostumbrada a este tipo de sucesos. La crónica negra local cuenta sin embargo con otros antecedentes en las últimas tres décadas, algunos recientes, como el asesinato machista de Ana Belén Jiménez, otros más lejanos en el tiempo pero muy presentes en la memoria ciudadan,a como la desaparición de Marisa Villaquirán, y algunos, como el del bar Chaplin, que por mucho que pasen los años permanecen imborrables.

 

PUB CHAPLIN

La desaparición de Marisa Villaquirán movilzó a los mirandeses. Aunque su cuerpo nunca ha aparecido, su exmarido fue condenado a 14 años por detención ilegal. La desaparición de Marisa Villaquirán movilzó a los mirandeses. Aunque su cuerpo nunca ha aparecido, su exmarido fue condenado a 14 años por detención ilegal. - Foto: Truchuelo

La mañana del 6 de diciembre de 1993 ha pasado a la historia como una de las más trágicas de la ciudad. Ese día José Ramón López y Teófilo Torres asesinaron a dos personas en el pub Chaplin en un suceso que por sus macabros detalles tuvo repercusión en las portadas de la prensa nacional. El origen del crimen estuvo en una discusión en el interior del local entre Torres y un camarero sobre quién de los dos se hacía un porro. Llegaron a las manos y a la trifulca se unieron tanto López como la segunda víctima.

La sentencia de la Audiencia Provincial destacó la «especial malicia y perversidad de los acusados», que fueron condenados a penas que sumaban más de 105 años de cárcel. Mientras Torres mataba al camarero (Javier Solé) de un navajazo que le seccionó la laringe, tras golpearle en múltiples ocasiones y provocarle trece heridas más con arma blanca, su compinche propinaba una brutal paliza a la otra persona (Francisco Javier García). Su esposa pudo reanimarle y ambos intentaron huir del establecimiento, pero no fue posible ya que el hombre fue rematado a golpes. Para completar la dantesca escena López violó a la mujer, a la que se llevaron de rehén. Antes de abandonar la ciudad en un Mercedes de color gris,  en un desesperado intento por borrar las huellas y utilizando el alcohol de las botellas de la barra, incendiaron el pub, que estaba ubicado en la céntrica calle Arenal. Dos días más tarde fueron detenidos en un motel de la localidad palentina de Dueñas, donde todavía tenían retenida la mujer.

La sentencia les condenó por delitos de asesinato y homicidio, al hacer distinción entre las circunstancias que rodearon a las dos muertes. También fueron condenados por daños, hurto (se llevaron dinero de la caja), violación y detención ilegal, teniendo que indemnizar con una importante suma económica a las familias de las víctimas.

Sin embargo el prontuario delictivo de Teófilo Torres y José Ramón López no se detuvo en aquella trágica mañana mirandesa. El primero pasó 18 años en prisión pero en 2014 fue detenido en Valladolid en una operativo policial contra el tráfico de drogas, acusado de vender heroína y cocaína.

Por su parte López, natural de Burgos, volvió a protagonizar las páginas de sucesos de los periódicos en 2010 tras fugarse de la cárcel aprovechando un permiso penitenciario. Poco después era arrestado nuevamente en la localidad pucelana de Villanubla tras ser identificado en un control rutinario.

 

ANA BELÉN

El crimen machista de esta vecina de la cercana localidad de Turiso conmocionó a la sociedad mirandesa. Su cuerpo apareció en el interior de un coche en el barrio de Anduva y horas más tarde era detenido su marido, Agustín Herrero, en la fábrica en la que trabajaba. Tras pasar la noche en el calabozo, confesaba su culpabilidad.

El caso aún está a la espera de juicio, un año y medio después de sucedidos los hechos ya que el periodo de instrucción se ha dilatado más de lo esperado por la infinidad de pruebas recabadas. La acusación pretende incluir la agravante de violencia de género en el ámbito familiar y pedirá la pena máxima para Herrero, que permanece en prisión a la espera de tener que sentarse en el banquillo de los acusados.

El asesinato de Ana Belén estuvo precedido de la psicosis generada por el denominado ‘Loco del martillo’, un varón anónimo que protagonizó en poco tiempo tres ataques con un objeto contundente a personas a las que dejaba inconscientes. La investigación policial determinó que Herrero es también el autor de dichos ataques, ya que las cámaras  de los edificios cercanos le ubican en los lugares de los hechos.

Todo apunta a que su intención era desviar la atención, para que una vez cometido el asesinato de su mujer, la Policía lo enmarcara dentro de una oleada de sucesos protagonizados por un perturbado. Eso explicaría por ejemplo por qué, tras cometer el crimen en su vivienda de Turiso, trasladó el cuerpo hasta Miranda, ciudad en la que durante años el acusado regentó un lavadero de coches.

 

RUDY RAQUEL

Una herencia de 382.000 euros parece que fue el motivo por el que Rudy Raquel Gómez asesinó a su marido. Los hechos ocurrieron en 2009 en la calle Santa Lucía.

La sentencia consideró probado que la mujer, venezolana de nacimiento y condenada a 18 años de cárcel por el crimen, viajó aquel día de Burgos a Miranda en un plan «preconcebido». Tras realizar unos trámites personales quedó con su marido, al que había abandonado hace unos años pero con el que se seguía viendo un par de veces al mes. Ambos alternaron por bares de la ciudad y después se dirigieron al domicilio del hombre. Cuando se encontraba ebrio en la cama (2,77 gramos de alcohol por litro), fue asfixiado. Los tribunales no pudieron comprobar si fue Rudy Raquel la autora material del asesinato o si lo hicieron sus cómplices, su novio Alejandro y un amigo de éste, que están en paradero desconocido desde los hechos, pero los jueces consideraron que en cualquier caso todos eran culpables en la misma medida del delito. Para la condena fueron determinantes como prueba las llamadas telefónicas que la mujer realizó desde el móvil del muerto a uno de los compinches, que también se encontraba en Miranda ese día y a esas horas.

parricidio

 

PARRICIDIO

En el año 1997 un parricidio conmocionó a la ciudad. José Blanco, de 85 años, era asesinado con un arma blanca en el domicilio familiar a manos de su hijo, que padecía trastornos psiquiátricos.   

 

ALTO DE SAN ROQUE

En julio de 2005 un joven de 27 años resultó gravemente herido tras recibir un disparo en la cabeza cuando se encontraba en el interior de un vehículo en el alto de San Roque. Días más tarde falleció en un centro hospitalario de Vitoria. Las pesquisas realizadas en el coche evidenciaron que junto a la sangre, había agua, como si se hubieran querido eliminar las pruebas. La investigación apuntaba a un posible ajuste de cuentas ya que la zona en la que se produjeron los hechos es una de las más conflictivas de la comarca y el fallecido contaba con numerosos antecedentes relacionados con el mundo de las drogas.

 

MARISA VILLAQUIRÁN

Han pasado más de catorce años pero el nombre de Marisa Villaquirán no se ha olvidado por ser el caso el caso de violencia de género más terrible que ha vivido la ciudad, ya que transcurrido todo este tiempo aún no hay respuesta para la pregunta que movilizó a miles de personas: ¿dónde está Marisa?
La pista de esta mirandesa de 38 se perdió cuando fue sacada por la fuerza del portal en el que estaba limpiando en la calle Francisco Cantera y fue introducida a la fuerza en un coche que esperaba en doble fila por su exmarido Rafael Gabarri, sobre el que pesaban denuncias previas por malos tratos. La escena fue presenciada por varios testigos. Desde entonces no se ha vuelto a saber nada de ella a pesar de las intensas labores de búsqueda que se llevaron a cabo en los años posteriores.

La demora en presentar la denuncia hizo que se perdiera un tiempo que pudo resultar clave para deshacerse del cuerpo y borrar todo tipo de huellas. Las investigaciones llevaron a buscar en el vertedero en más de una ocasión, sin escatimar en la contratación de medios especializados. También se rastrearon sin éxito los pozos donde se almacenaban los cadáver de los animales y se batieron cuevas, canteras y montes del entorno de la ciudad. Pero Marisa nunca apareció.

La creación de una comisión ciudadana mantuvo vivo el caso hasta la celebración del juicio cuatro años después. En el banquillo se sentaron siete acusados, aunque solo dos personas fueron condenadas.
Pese a que no se encontró el cadáver, y por lo tanto no se le pudo acusar de homicidio, Rafael Gabarri fue condenado a 14 años de cárcel, que se cumplirán en 2021. El hecho de que varios testigos le vieran introducir a la víctima en el coche fue clave para juzgarle como autor de un delito de detención ilegal agravado. A esta pena se le sumaron otras dos por lesiones y violencia en el ámbito familiar.
También fue condenado el conductor del vehículo, Isaac Duval, al que le cayeron 8 años de prisión ya que se le aplicó un atenuante al tener problemas en su capacidad de entendimiento y comprensión.

 

RIÑA MORTAL

En septiembre de 2008 una discusión en un bar del Casco Viejo finalizó de forma trágica. Un hombre de 62 años y residente en Basauri fallecía días después de la reyerta por un traumatismo causado durante la misma. Al parecer durante la pelea fue empujado y se golpeó la cabeza contra el suelo. Por los hechos ocurridos en la plaza España fueron culpados de homicidio involuntario dos mirandeses.      

 

PUB NUBES

Aunque no hubo víctimas mortales, el caso ocurrido a principio de los 90 en el pub Nubes es uno de los más recordados en la crónica de sucesos local por resultar gravemente heridos tres jóvenes que recibieron once disparos efectuados por un policía ebrio fuera de servicio, con el que habían discutido previamente y que efectuó el ataque por la espalda cuando las víctimas ya abandonaban el local.

El caso causó tanta indignación que hasta el propio Ayuntamiento pidió por unanimidad de todos los partidos la retirada de la ciudad de la unidad de reserva general a la que pertenecía el agente, debido a que la actitud de algunos miembros de la misma hacía tiempo que venía generando malestar entre los clientes y hosteleros de la localidad. Por los hechos el policía Julio Fernández Agudo fue condenado a 7 años por tres delitos de asesinato frustrado.