Cáritas contiene la caída de las familias más precarias

A.G.
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La pérdida de empleos temporales, la desaparición de las actividades en negro y el cierre de los comedores escolares agrava la situación de los colectivos más empobrecidos

El economato de Cáritas de la calle San José, en una imagen de archivo - Foto: Luis López Araico

Poco más de un mes ha pasado desde que se decretara el confinamiento de prácticamente la totalidad de la población y en este tiempo Cáritas ha realizado más de 4.000 intervenciones con 1.349 familias, la mayoría de las cuales ya eran usuarias de los servicios de la entidad de la Iglesia Católica (solo se ha constatado, de momento, un 5% de nuevas incorporaciones) y cuya situación se ha deteriorado fuertemente en estas pocas semanas. Ayudas económicas, en especie, alojamientos, asesoramientos legales y laborales, o acompañamientos telefónicos se están sucediendo a un ritmo vertiginoso desde sus servicios esenciales vinculados a la acogida, la atención a las personas sin hogar, la cobertura de las necesidades básicas y los economatos y centros de distribución de alimentos, que no han cerrado aunque sí han adaptado sus procedimientos y métodos de trabajo. 
María Gutiérrez Pulgar, coordinadora de Acción Social, explica que la mayor parte de los usuarios están pidiendo ampliaciones en las ayudas que ya venían recibiendo (más cuantía económica para comprar alimentos en los establecimientos que la organización tiene concertados, más cantidad de alimentos en sus economatos y centros de distribución del mundo rural...) y que su precaria situación se ha agravado como consecuencia de la pérdida de empleos temporales que pudieran tener, la desaparición de las actividades que desarrollaban dentro de la economía sumergida y el cierre de los comedores escolares, entre otras cuestiones.
Parte del trabajo en estos días consiste también en informar, derivar y reconducir a los apoyos públicos que se han articulado ante esta crisis: "Aunque a muchos les angustia pensar en el pago del alquiler o de los suministros en un futuro, de forma general no se están tramitando ayudas para estos conceptos, ya que algunas de las medidas desarrolladas por el Real Decreto evitan los desahucios y los cortes de suministros. Los casos nuevos se están coordinando con los servicios sociales públicos para que también puedan solicitar ayudas de urgencia para la manutención. El Ayuntamiento  las está resolviéndolas con bastante celeridad, flexibilizando los requisitos y procedimientos y con él la coordinación es buena, diaria y fluida". 
Un equipo compuesto por 11 personas trabajadoras y educadoras sociales están haciendo la primera acogida a las familias que lo demandan de forma telefónica salvo casos urgentes, y tras una valoración de la situación de la familia  - que lo más frecuente es que solicite ayuda para cuestiones tan básicas como alimentación, productos de higiene o medicamentos - se establece un plan de trabajo siempre coordinado con la instituciones públicas de manera, precisa Gutiérrez Pulgar, que no se produzcan duplicidades. En el ámbito rural, por otro lado se está atendiendo también a bastantes personas mayores que no deben salir de sus domicilios y que, sin tener dificultades económicas, necesitan que se les lleve la compra, recetas y medicamentos… Técnicos, sacerdotes y algunas personas voluntarias están acudiendo a sus casas.
En cuanto a su programa de empleo, aunque todas las actividades formativas y grupales han sido suspendidas temporalmente, los técnicos llevan todo este periodo realizando asesoramientos telefónicos y por correo electrónico tanto a empleadores como a demandantes de un trabajo y han realizado intermediación en los sectores que por ampliación de actividad o sustitución de bajas están necesitando nuevo personal durante esta crisis, principalmente del área sanitaria, servicio doméstico, geriatría, limpieza y supermercados, donde se ha conseguido empleo para 52 personas. "Mucha gente está perdiendo su trabajo, bien por ser eventuales, desarrollarse en economía sumergida, pertenecer a sectores gravemente afectados (servicio doméstico, hostelería…)  y cuando toda esta situación acabe, las personas más vulnerables habrán perdido sus pocos ingresos, tendrán grandes dificultades para incorporarse de nuevo al mercado de trabajo y tendremos que estar ahí para apoyarles", apunta la coordinadora de Acción Social.
VOLUNTARIADO. Por razones de seguridad, Cáritas ha prescindido en estos días de sus voluntarios mayores de 60 años, que suponen un número significativo, aunque algunos siguen realizando desde sus casas labores administrativas, de documentación o de seguimiento telefónico: "La ausencia de muchos voluntarios y voluntarias en la institución se nota ahora más que nunca, lo que pone de manifiesto que, sin ellos Cáritas no existiría. Por esa razón, mantenemos el contacto estrecho a través de diferentes vías para preocuparnos por su estado de salud y el de sus familias, así como para informarles de los diferentes proyectos y campañas de sensibilización que estamos desarrollando ante esta crisis", señala Gutiérrez Pulgar, quien añade que también en estos días ha habido personas que se han acercado a ofrecer su ayuda voluntaria en las actividades esenciales, "lo que se está haciendo con las medidas de seguridad y los medios de protección oportunos".

"EL CONFINAMIENTO TIENE UN FUERTE SESGO DE CLASE". Una de las grandes inquietudes para Cáritas en esta crisis del coronavirus es la situación de los menores y el seguimiento de sus contenidos escolares, puesto que las familias vulnerables con las que trabajan carecen de lo más básico para que sus niñas y niños estén al día con las tareas del colegio: "Estamos muy preocupados por las realidades que estamos viendo: menores que no están realizando ninguna de las tareas o trabajos por desmotivación y/o falta de seguimiento, familias que no pueden acceder a las plataformas escolares por no haber pagado la cuota, la mayoría no tienen wifi y la brecha digital de los padres les dificulta el acceso a los contenidos y tareas; falta también material fungible y tecnológico mínimo para poder hacer los trabajos, hay conflictos y violencia intrafamiliar, abuso en el uso de la tecnología y de los juegos on line por parte de los menores sin ninguna limitación o control, menores que se quedan solos muchas horas por que los padres deben ir a trabajar… Observamos que el confinamiento tiene un fuerte sesgo de clase para todos, pero en especial para los menores", afirma María Gutiérrez Pulgar, responsable del área de Acción Social
Frente a este estado de cosas, los trabajadores del programa de Infancia de Cáritas, que atienden en estos días a 255 menores de 178 familias diferentes, han incrementado su labor realizando seguimientos telefónicos periódicos. También imprimen deberes y tareas para que las familias las puedan recoger y hacer con sus hijos (les colocan las fotocopias en las mismas bolsas donde les entregan los alimentos), hacen préstamo de libros de lectura, donan material escolar fungible, resuelven todo tipo de dudas sobre las tareas por teléfono, videollamada o whatsapp y se están coordinando con los profesionales de los centros educativos para hacerles llegar estas duras realidades que  están viviendo muchos niños tras los muros del confinamiento.