'Valle-Inclán' no quiere más esperpentos

Raúl Canales
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El diputado socialista Agustín Zamarrón, famoso por su parecido con el literato y su lenguaje, ha vuelto a presidir la mesa de edad del Congreso como hizo en la fallida legislatura pasada

Agustín Zamarrón (73 años) es el diputado de más edad de los que componen el hemiciclo. - Foto: Alberto Rodrigo

Su parecido con el dramaturgo y su forma de expresarse, más propia de un literato que de un político de estos tiempos en los que se lleva más el grito mediático que el razonamiento sosegado, le hicieron ganarse el mote del Valle-Inclán del PSOE. La comparación no le molesta. Al contrario, Agustín Zamarrón se siente halagado y se confiesa fiel lector del gallego, al que considera un «excelso combinador de palabras».

Hoy los focos están puestos de nuevo en este médico mirandés que a sus 73 años es el diputado de más edad y por lo tanto presidirá la sesión constitutiva. Consciente de la repercusión que tuvieron sus palabras en la anterior ocasión,  se ha preparado un pequeño guión con alguna de sus habituales perlas filosóficas aunque apelará «a la espontaneidad» en su discurso.
Pese a que a estas alturas ya se ha acostumbrado a las cámaras y a que la gente le pare por la calle para pedirle un selfie, Zamarrón no esconde su «desconcierto» por la notoriedad que se da a su figura y a su retórica. «Los que me conocen saben que siempre he hablado así con mis pacientes. Cuando tienes que hablar con personas que están sufriendo o incluso próximas a la muerte, tienes que medir mejor tus palabras y eso enriquece el lenguaje», asevera.

En ocasiones tiene la impresión de que quienes se acercaban a la  consulta en sus épocas como médico le entendían mejor que ahora sus compañeros de Congreso, porque «en una conversación es tan importante o más el que escucha que el que habla», remarca Zamarrón, que metido de lleno en su álter ego valleinclanesco, espera que la legislatura que se inicia ahora no sea otro esperpento.

«Como político siento una profunda vergüenza por no haber podido cumplir el mandato ciudadano de formar gobierno. Cuando no lo conseguimos, degradamos las instituciones y la gente puede pensar que los políticos no hacemos falta, y sí que la hacemos, siempre que nuestra acción y compromiso real sea con el pueblo », afirma bajando el tono de la voz, como quien pide perdón por algo de lo que se siente responsable pese a no ser el culpable.

Con la confianza de que su estancia en Madrid esta vez sí durará cuatro años, Zamarrón ya ha empezado a desempolvar los libros. Sus conocimientos profesionales le serán de utilidad en la Comisión de Sanidad, en la que se ha fijado como objetivo prioritario avanzar en la legislación de la eutanasia. Además, seguramente integrará mesas de trabajo en materias como Deporte, Pactos de Toledo e Infancia. «Soy hombre de estudio y procuraré trabajar con el mismo espíritu que lo hice siempre, a jornada completa. También podría comportarme como un golfo y no hacer nada, pero se me notaría», asegura con su particular sentido del humor.

 

"PARA CONSTRUIR UN PAÍS HACE FALTA TENER LAS MANOS Y EL VERBO LIMPIOS"

Como médico, ¿qué le recetaría a la política para salir del coma en el que se encuentra?

Pío Baroja recomendaba a los carlistas viajar, y yo creo que hay que viajar en el conocimiento del otro. Si lo que propone aquel al que veo como antagonista me parece más razonable que mi verdad, tengo que asumirla como propia. El que no tenga esa honradez de desapegarse del interés propio en beneficio del común, debe dejar la política. El problema es que estamos acostumbrados a políticos que se suben al púlpito a lanzar injurias al resto mientras se echan flores a sí mismos. Por ejemplo Rufián era como un vendedor de electrodomésticos y sus últimos discursos han sido de político de fuste. Si él ha podido evolucionar, todos pueden hacerlo. Para construir una nación, hay que hacerlo con las manos y el verbo limpios.

¿Qué opina del pacto de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias?

Hace un año yo dije que para pactar con Podemos había que atarse los machos pero tengo que reconocer su capacidad de evolución, porque hace no tanto decían que todos los demás éramos casta o que la Constitución era una aberración, y ahora la consideran como un elemento de unión. Además Pablo Iglesias, al que solo con escucharle hablar se le nota su inteligencia y cultura política, ha cambiado de modo y maneras, mucho más moderadas que antes.

En un primer análisis tras las elecciones, sugería que para desbloquear la situación, el PSOE  se tenía que sentar a hablar con todos menos con Vox, ¿mantiene la misma postura?

Hablar se puede hablar con todo el mundo, pero tratar no. No se puede deliberar ni acordar nada con quienes niegan derechos a ciertos ciudadanos o niegan la violencia hacia las mujeres. Vox representa el odio, el rencor y la desigualdad. Como diputado no me quedará más remedio que oír esos discursos, pero puedo asegurar que no los escucharé jamás.   
No le veo manteniendo una distendida charla con Santiago Abascal en los pasillos.
Durante mi época de médico estuve apartado de la política porque consideraba que en una ciudad pequeña tenía que ser accesible a todas las personas sin ningún resquemor. Ahora hago lo mismo. A nivel personal no retiro el saludo a nadie, pero tratar no.

Algunos dicen que el mismo criterio se podría aplicar con formaciones independentistas.

Hay un matiz, porque en un caso hablamos de diferencias ideológicas y en otro de negar la consideración igualitaria de ciudadanos a determinadas personas. Aún así tampoco estoy de acuerdo con tratar con quienes defienden identidades excluyentes, y nuestra Constitución no lo permite.