Miradas que besan y abrazan a los mayores

Agencias
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La emoción marca el reencuentro de los familiares con los ancianos internados en las residencias después de tres meses de aislamiento

Miradas que besan y abrazan a los mayores - Foto: Marta Fernández Jara

Muchas lágrimas, las ansías por abrazar y besar y las emociones contenidas durante tres largos y «terribles» meses brotaron ayer  en los familiares que acudieron a ver a sus seres queridos en el primer día de apertura de las residencias de las zonas que amanecieron por primera vez en la fase dos de la desescalada. Unas emocionantes visitas marcadas, eso sí, por las medidas de higiene y seguridad que debían cumplir todos los que llegaban del exterior: desinfección de los zapatos, toma de temperatura, lavado de manos y la colocación de una pantalla facial cubriendo la mascarilla quirúrgica. En el interior mamparas de separación y marcas en el suelo para respetar la distancia de dos metros.
Al centro Orpea del madrileño barrio de Aravaca acudió puntual Pepe, de 84 años, que durante la media hora establecida no dejó de hablar ni de gesticular con sus manos enfundadas en guantes a su mujer, Carmen. Ella tiene movilidad reducida y no puede hablar desde hace varios años, pero al reconocer a su marido ha llorado en silencio. «Sus ojos me lo dicen todo», explica él, quien califica de «terrible» lo que ha vivido estos tres meses de separación, acostumbrado a visitar a su esposa a diario. «Lo primero que he pensado al verla es comerla a besos, no tocarla para mí es un tormento y las manos se me iban», añade este octogenario, quien le explica a Carmen que no ha dejado de pensar en ella ni un solo día. 
Jesús y su familia escriben todos los días una carta postal a su madre Francisca, que ayer, pese a tener que utilizar de forma obligatoria la mascarilla, se pintó los labios para recibir de nuevo a su hijo. «A pesar de que la vemos todos los días por Skype, esto ha sido muy emotivo. Ha sido muy difícil no poder abrazarla y darle un beso, pero paso a paso, es lo que hay», explica Jesús, quien sin pretenderlo también ha provocado las lágrimas a su madre, Francisca, de 82 años.
Antes de las visitas, los trabajadores de este centro madrileño explicaron a los familiares que no pueden tocar a los ancianos. Sin embargo, en multitud de ocasiones durante la jornada tuvieron que intervenir para detener manos ansiosas por abrazar. En alguna ocasión, es cierto que no llegaron a tiempo ante las risas cómplices de unos ancianos que, durante tres meses,  se han visto obligados a permanecer en sus habitaciones como medida de protección para evitar la expansión del coronavirus.