La matanza humea La Flora

Gadea G. Ubierna | Burgos
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Cientos de raciones de morcilla caliente, vino y caldo mondongo se repartieron entre los asistentes al tradicional festejo organizado por la Sociedad Gastronómica Los Cucos

Momento en el que comienzan a quitar las vísceras. - Foto: DB/Miguel Ángel Valdivielso

El olor a cerdo chamuscado invadió la plaza de la Flora durante todo el mediodía y abrió el apetito de los asistentes a la matanza tradicional que la Sociedad Gastronómica Los Cucos organiza cada año ante su sede. Al terminar, cientos de raciones de morcilla caliente sobre pan y un vaso de vino para todos los asistentes, menos que otros años por la coincidencia con la manifestación contra la reforma laboral y las chirigotas de la Peña Recreativa Castellana en la plaza del Rey San Fernando.
El festejo comenzó pasadas las 13.00 horas con el reparto de varias raciones de queso, pocas, porque al ser un producto de oveja no tenía demasiada cabida en un evento dedicado al cerdo. En cualquier caso, mientras varios socios de la sociedad calmaban el estómago del público, otros tantos se afanaban con los preparativos del cochino, de 120 kilos de peso y colocado sobre paja.
Hace años la matanza se hacía de principio a fin, pero desde que no se puede matar al cerdo en la plaza, el acto se centra en la limpieza. Así, una vez quemado, lo fueron rociando con agua al mismo tiempo que lo raspaban para eliminar todos los restos de pelo de la piel y asegurarse de que quedaba completamente lisa. Todo ello con la amenización del grupo de danzas de María Ángeles Saiz y la locución del presidente de la sociedad, Félix Barriuso, que impuso la banda a la nueva reina de la sociedad, Eva Martínez, e informaba, micrófono en mano, de todos y cada uno de los pasos, así como de los espectadores ilustres que llegaban. Entre otros, el concejal de Cultura, Fernando Gómez, y el ex alcalde José María Peña.
Una vez destazado, se colgó sobre la escalera y se puso a orear, momento en el que comenzaron a servirse los cientos de raciones de morcilla cocida in situ en dos grandes pucheros de madera. Como acompañamiento, pan y un vaso de vino tinto de Ribera del Duero, además del caldo mondongo para quienes lo pidieron. Pasadas las 15.00 horas el cerdo se llevó, como ya es tradición, al Asilo de las Hermanitas de los Pobres.