Más de 60 años deleitando a la sociedad marbellí

B.A.
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Santiago Domínguez, que ya ha cumplido 80 años, sigue en activo.

Santiago Domínguez, natural de Vadocondes, ha recibido en Málaga un premio a su trayectoria como hostelero. Por su mesa han pasado los Kennedy, los Onassis, jeques o estrellas de cine

Santiago Domínguez Miguel (Vadocondes, 1938) llegó a Marbella sin haber cumplido los 20, en 1957. Durante estos más de sesenta años que han pasado desde entonces, el ribereño ha desarrollado una exitosa carrera en el sector de la hostelería, siendo el decano de la Costa del Sol y un referente a nivel nacional tanto entre fogones como en la atención a sus clientes. Un dilatado camino que la Asociación de Hosteleros de Málaga ha reconocido recientemente entregándole el Premio a la Trayectoria Hostelera, un galardón que se suma a otros, como el de la Medalla de Oro de la Ciudad o miembro de la Carta Malacitana, del que le harán entrega el próximo octubre. 

A los 13 años Santiago Domínguez dejó Vadocondes para volar y con 14 comenzó a formarse como cocinero en Madrid. Antes ya había elaborado numerosos platos junto a su madre, de quien obtuvo las primeras nociones sobre cocina. En la capital de España aprendió de la mano de Perico Chicote y también recibió conocimientos en un restaurante asturiano, incluso con solo 16 años permaneció durante seis meses en Londres, preparándose en el Hotel Savoy. «Traté de formarme no solo en los fogones, sino en el bar y en la sala. Para poder gestionar un negocio hay que saber llevar todas sus partes», reconoce el cocinero, que con 80 años cumplidos aún continúa al pie del cañón. «Aquí me paso muchas horas metido, todavía me encuentro con ganas», relata. 

Sus inicios en Marbella fueron con un chiringuito en la playa, hasta que en 1965 fundó el Restaurante Santiago y que trasladó a su ubicación habitual, en pleno Paseo Marítimo, en 1973. Por él han pasado algunas de las familias más importantes del mundo, como los Kennedy o los Onassis; actores como Antonio Banderas, Anthony Quinn, Kirk Douglas o Sofía Loren; cantantes como Julio Iglesias, personalidades como Kofi Annan y Dalí y un sin fin de jeques árabes y jefes de Estado de numerosos lugares del mundo. «Y otros que no puedo hacer públicos», afirma. En algunos casos, para preservar su intimidad, Santiago les cocinaba a horas intempestivas y sin nadie más en el restaurante. «Esperaba a que se fueran todos los empleados y me metía en la cocina para dar de cenar a un grupo de 8 ó10 personas a las cinco de la madrugaba. «Cuando yo prometo que el paso de esos clientes no va a salir de mi restaurante, no sale. Estas son las cosas que ocurren cuando quieres que la gente confíe en ti», comenta el hostelero, que ofrece el mejor pescado y marisco, entre otros platos. 

Santiago confiesa que se escapa a Vadocondes siempre que puede, una o dos veces al año. «Procuro ir a las fiestas patronales de septiembre, porque allí hay una cuadrilla de sinvergüenzas que me espera para ir a la bodega, comernos un cordero asado y echar unos cantes fabulosos», bromea en relación a sus amigos del pueblo. «Lo paso allí divino bebiendo de nuestro vino, del cual siempre hago publicidad en Marbella», añade.