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Relevo garantizado por la modernización

H.J.
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Casi 150 jóvenes se han incorporado al régimen agrario desde 2019, un dato que no compensa las jubilaciones pero la actualización y la tecnología al servicio de la rentabilidad aseguran el futuro

Bruno Navarro y Esteban González, de 35 y 28 años, en sus fincas de Villafruela. - Foto: Miguel Ángel Valdivielso

La guerra no es cuantitativa. Esa saben que se ha perdido. El sector agrario es perfectamente consciente de que el número de agricultores y ganaderos va constantemente a la baja, pero su empeño es garantizar de forma cualitativa que el campo tenga futuro y eso se consigue con rentabilidad y modernización. Por ahora, en Burgos, se está consiguiendo.

A lo largo de los últimos tres años casi 150 jóvenes burgaleses han formalizado su incorporación a la actividad, según datos facilitados por la Junta de Castilla y León. No compensan las jubilaciones, pero las palian, y lo más importante es que introducen savia nueva: «Se trata de una generación más formada y con muchos más conocimientos tecnológicos que las anteriores», explica Rafael Díaz, técnico de Asaja. «Y en la mayoría de los casos el perfil responde a gente que hereda la tradición de sus padres y arranca con un mínimo de tierras, maquinaria o cabezas de ganado». 

Ese, por ejemplo, es el caso de Esteban González y Bruno Navarro, dos jóvenes de la localidad de Villafruela que, a sus 28 y 35 años respectivamente, se han embarcado en la aventura de continuar con la explotación de sus padres. Los progenitores ya eran socios y desde hace un año también lo son ellos. «Es una vocación familiar, los dos teníamos trabajo pero nos hemos animado a coger las riendas porque nos gusta vivir en el pueblo y seguir adelante con el proyecto que tenían nuestros padres», explican.

Bruno ha sido frutero durante 10 años en el Mercado Norte de la capital y reconoce que ha ganado calidad de vida al ahorrarse los viajes todos los días de ida y vuelta. Esteban, por su parte, llevaba cuatro años de empleado en una bodega. «Todo cambio es un riesgo, una incertidumbre y sigues con ese nudo en el estómago. Al de la caja le decimos lo tranquilos que estábamos con nuestro sueldo mensual garantizado», apuntan. Pero no se arrepienten de la decisión tomada.

Aprovechando su incorporación oficial a finales de 2020 se animaron a renovar maquinaria. Gracias a la UCCL, de la que son afiliados y a la que agradecen su apoyo, superaron una tramitación y unos papeleos que «son una locura», pero a día de hoy no han visto todavía un euro de aquellas ayudas iniciales. De hecho, hace solo 15 días que se las han aprobado.

«Esto es una apuesta vital y estamos satisfechos pese a las dificultades», apuntan, también porque cuentan con la tranquilidad del apoyo familiar. «Nuestros padres nos animaron, nos han transmitido conocimientos y nos echan una mano. Esto lo hemos mamado pero es una suerte que en los primeros años puedan seguir con nosotros apoyándonos», subrayan. 

Cultivan cereales y leguminosas mediante siembra directa. Se compraron tractor y sembradora y con su presencia, aunque solo Bruno duerme en el pueblo a diario, ayudan a revitalizar una zona rural amenazada como todas por la despoblación, en este caso la de la comarca del Arlanza.

Los veteranos. Caso distinto es el de Valentín García Palacios, de Villamiel de Muñó, en el oeste de la provincia. En su caso se trata de una jubilación activa. A sus 73 años, aunque con «algún achaquillo», cobra una parte de la pensión pero sigue realizando las labores del campo. 120 hectáreas de secano cultiva él solito: «Lo hago por tener la mente activa, estos son pueblos pequeños y no tenemos prácticamente nada. Si estoy mirando al sol desde las 9 de la mañana pues usted me dirá...», resume.

Afirma, desde su experiencia, que el trabajo «no tiene nada que ver con lo de antaño. Yo vengo del a época de la segadora y del trillo y ahora manejo mi tractor muy cómodamente». Valentín vive en su pueblo con su mujer y sus hijos, de los que no se espera que le den el relevo porque han optado por otras salidas profesionales, y es un convencido de la vida rural:«De aquí no me muevo como no me obligue la salud».