Patrullas que detienen virus

SPC
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La Policía Local de Salamanca, que "nunca había estado tan valorada como estos días", une a su labor habitual la de informar, mediar y aconsejar a la población para evitar la expansión de la covid-19

Patrullas que detienen virus - Foto: David Arranz www.davidarranz.com

Por unas pocas decenas no llegan al mismo mítico número de aquellos espartanos que resistieron en la Batalla de las Termópilas, pero los casi 250 agentes de la Policía Local de Salamanca enfrentan, como el conjunto de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y la población en general, una guerra de mayor intensidad que aquella que enfrentó a persas y griegos hace ya 25 siglos. Y lo hacen contra un enemigo diminuto en tamaño que, no obstante, le ha costado la vida a más de 250.000 personas en todo el mundo, informa Ical.

Por ello, cada mañana desde primera hora, ataviados con mascarillas, guantes y demás material de protección individual, perfectamente desinfectado, inician las patrullas con las que combaten al coronavirus COVID-19, mediando, aconsejando e informando a los ciudadanos de Salamanca sobre el cumplimiento que tienen que llevar a cabo de todas las medidas para evitar que el ‘bicho’ campe a sus anchas entre la población de una de las zonas más castigadas, en términos de contagiados por cada mil habitantes, de todo el territorio nacional.

Lo primero, no obstante, es la desinfección de los equipos propios. Así, antes siquiera de entrar en el ‘centro de operaciones’ que es la Comisaría de la Policía Local de Salamanca, hay que pisar una bandeja de lejía y agua para desinfectar uno de los mayores focos de supervivencia del virus, el calzado. Una vez dentro, toca acudir a la sala contigua a la habitación donde un trabajador, previamente, se ha encargado de desinfectar, diariamente, las mascarillas que usan los agentes a través de rayos ultravioletas. 

Se trata, tal y como explica el jefe de la Policía Local salmantina, José Manuel Fernández, de una sala “montada específicamente para la desinfección” hace apenas mes y medio, que requiere de un protocolo de actuación por el que el trabajador encargado entra con su equipo de protección individual, coloca las mascarillas, le da un repaso con una solución hidroalcohólica líquida, y sale de la habitación para, una vez cerrada con llave, aplicar los rayos ultravioletas “unas dos horas”, si bien recalca que “con una hora sería suficiente, pero así aseguramos la completa desinfección”. 

Después, se desconectan los rayos, “altamente peligrosos” para el ser humano, se ventila la habitación y, pasados unos minutos, se colocan las mascarillas en la caja correspondiente a cada grupo, de cara a que solo pueda acceder a la sala contigua el subinspector responsable de cada conjunto de patrullas. Y vuelta a empezar con el proceso.

Lo mismo sucede con otro instrumento importante de la patrulla diaria de los agentes como son los vehículos. Estos se desinfectan con una máquina de ozono que, cada mañana, llega desde el Servicio de Prevención, Extinción de Incendios y Salvamentos del Ayuntamiento de Salamanca y se coloca en el interior del conjunto de la flota de coches de la Policía Local para que, durante cuatro minutos, y uno por uno, se consiga liberar de cualquier partícula contaminada a los vehículos en los que, durante varias horas, patrullarán los agentes del Cuerpo municipal salmantino, divididos desde el Estado de Alarma en un policía por coche. 

Esto obliga a que las patrullas por las calles ahora parezcan más numerosas, porque se multiplica por dos el número de vehículos que las conforman, pero también impacta positivamente en acciones como la entrega de material, ya que se dispone de más espacio y, con una sola patrulla, se puede realizar aunque el número de mascarillas, EPIs y demás elementos de seguridad sanitaria sea muy numeroso.

La patrulla

Tal es el caso del ‘pack’ de gorros de ducha donados para completar los equipos de protección individual de los profesionales sanitarios de Atención Primaria de Salamanca que, en el día en que Ical acompañó a una patrulla de agentes de la Policía Local, estos tenían que entregar en la Gerencia sanitaria salmantina. No obstante, y aunque ese era inicialmente el primer destino, un aviso interrumpió la ruta, algo “habitual” como concede el subinspector Matilla, responsable de la especialidad de la Policía Turística y ahora reconvertido en jefe de uno de los turnos de lucha contra el coronavirus que son “estancos para evitar que, si uno está contagiado, se lo pueda pegar a más agentes que a los de su propio equipo”. De hecho, y por el momento, los contagiados en el cuerpo de la Policía Local de Salamanca han sido 11, lo que representa un 4,4 por ciento.

El aviso, que llevó a la patrulla al parque de Huerta Otea, es uno de los tantos que se producen desde el inicio del Estado de Alarma. “Recibimos muchas llamadas de ciudadanos que avisan sobre gente que, supuestamente, rompe el confinamiento, aunque algunos de ellos resultan ser falsos o tan puntuales y breves que, cuando llegamos, ya no están”, como es el caso del recibido sobre el parque junto al río Tormes, en el que, a la llegada de los agentes, solo quedaba un joven que estaba excediendo unos minutos su horario de paseo y que, tras informarle y advertirle sobre las horas para la población de su edad, emprendió el camino de regreso a la residencia universitaria donde vive.

¿Qué hubiese ocurrido en caso de desoír los consejos policiales? “La mayoría cumple con lo que le decimos”, señala el subinspector Matillas, quien reduce a “menos de un 10 por ciento” el número de ciudadanos ‘pillados’ que, finalmente, por desobediencia a la autoridad o incumplimiento de la Ordenanza de Convivencia Ciudadana, acaban siendo denunciando por la Policía Local. “Suelen atender casi todos a razones, también los vecinos que, en sus viviendas, son denunciados por otros por exceso de ruido o algún problema de convivencia”, continúa relatando este agente, quien en ese sentido advierte que la mayoría de su trabajo en los días de confinamiento se ha dedicado a “la mediación” por disputas familiares o intervecinales.

“Espíritu de colaboración y sacrificio” de la gente

Sin embargo, desde el sábado 2 de mayo la situación ha cambiado, con el inicio de las medidas de desescalada y la salida a la calle, en tramos horarios, de las distintas franjas de población, por lo que “ahora ya no es tan fácil como antes controlar quién cumple y quién no”. No obstante, y como el propio subinspector Matilla matiza, “solemos conocer a los que incumplen las normas, porque sus comportamientos suelen ser reiterativos y tienden a reincidir”.

Pero no es el apartado negativo del confinamiento lo que destaca precisamente este veterano agente de la Policía Local de Salamanca. Y es que, tras casi dos meses de patrulla por unas calles casi desiertas, ahora cada vez más pobladas, y un confinamiento que podía hacer pensar lo contrario, debido a los niveles de estrés a los que podía estar sometida la ciudadanía, el subinspector Matilla señala que lo que más le ha sorprendido es que “la mayoría de la gente es muy agradecida y colaboradora” con la labor de los agentes. “Nunca ha estado tan valorado el trabajo de la Policía Local”, sentencia el veterano subinspector, quien afirma que “en 30 años, no había visto un espíritu de colaboración y sacrificio de la gente así”, al igual que “dentro del cuerpo y con los compañeros de la Policía Nacional y la Guardia Civil”.

Reflexiones que surgen en plena patrulla, que llevó a los agentes a atender otro aviso en el parque de Los Jesuitas, hacer otros dos requerimientos a ciudadanos jóvenes que se estaban saltando su horario de paseo, y encaminarse hacia el albergue juvenil Lazarillo de Tormes, donde permanecen 16 ‘sin techo’, para comprobar que todo estaba en orden. Después, visita al puesto ‘Auto-COVID’ para la toma de muestras de pacientes sospechosos de tener la enfermedad, donde esperaban una veintena de personas en sus vehículos, debidamente protegidos con mascarilla y guantes, y regreso al centro para continuar con una patrulla que, como tantas otras de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del territorio español, se afana en, con sus medios y en el marco de sus competencias, detener al coronavirus.