San Salvador está «desprotegido» ante un incendio

S.F.L.
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Las cubiertas de madera del Monasterio de San Salvador. - Foto: S.F.L.

El acceso al monasterio con vehículos de extinción es «muy complicado», según los Bomberos de Oña, e implica un tendido de mangueras de 200 metros. Solo dispone de 10 extintores en el recorrido turístico

Las estremecedoras imágenes de la Catedral de Notre Dame en llamas llevan a replantear sí el patrimonio cultural está bien protegido. En el caso del conjunto monumental de San Salvador de Oña, no. El cenobio está totalmente «desprotegido ante un incendio principalmente por la falta de tomas de agua», declara José Gómez, responsable del parque de bomberos de la villa. En el caso de que se provocase un fuego en el interior de la iglesia o en los tejados, se necesitaría un tendido de mangueras de como mínimo 200 metros, ya que el acceso al interior del inmueble con vehículos de extinción de incendios es «muy complicado».
En el interior de San Salvador que, tan solo cuenta con 10 extintores como medida de protección ante un incidente, abunda la madera en los retablos de la entrada y del altar mayor, la sillería coral de estilo gótico, los panteones reales y condales o la sacristía. La mayoría de los bienes importantes del inmueble están construidos por este material tan sensible al fuego que, en caso de catástrofe, quedaría reducido a cenizas. Las cubiertas del tejado también son de madera e implican mayor peligro en caso de siniestro. ¿Se encuentra a salvo el rico patrimonio cultural oniense?
Para la Diócesis de Burgos y el párroco de Oña, Cecilio Adrián Haro, la seguridad de las personas que, individualmente o en grupo, visitan el monasterio de San Salvador son una «preocupación constante», a la que se dedican todos los esfuerzos tanto «físicos como económicos». En los últimos tiempos, se han invertido grandes sumas de dinero en seguridad y vigilancia y se han ido acometiendo distintas reformas.
Hace cuatro años, a propuesta de la Asociación Milenario San Salvador, la Fundación Endesa sufragó íntegramente la nueva iluminación artística interior con un aporte de 100.000 euros. En 2018 se invirtieron 4.000 euros en renovar todo el material eléctrico. También se ha sugerido instalar una alarma anti incendios, pero el proyecto se quedó en el aire.
«Un lugar con tanta fortuna patrimonial, tendría que estar más protegida. Estamos lejos de los grandes sistemas contra incendio de los monumentos más destacados. No se explica que, siendo un Bien de Interés Cultural (BIC) desde 1931, apenas las instituciones oficiales hayan invertido en su seguridad contra el fuego», afirma Haro.
INCENDIO 1932. Hace exactamente 87 años, las llamas devoraron la cara sur del edificio monacal ocasionando importantes destrozos. El fuego alcanzó a 25 habitaciones de religiosos, el laboratorio de física y locales destinados a clases de filosofía. La biblioteca, que contaba con más de 60.000 volúmenes, se pudo salvar, así como la iglesia y los claustros gótico y románico.
El incendio se originó por un cortocircuito en el desván del último piso, situado junto al laboratorio de biología y rápidamente, el incendio se apoderó de grandes proporciones del edificio alcanzando la fachada principal. En la extinción trabajaron bomberos y voluntarios de Burgos, Miranda de Ebro, Vitoria, Poza de la Sal y Villarcayo.
Los daños producidos se calcularon en 300.000 pesetas. Por aquel entonces, 350 jesuitas residían en el monasterio. En el siglo XVI se documenta un primer siniestro en una de las capillas del muro norte y por ello, parte de la nave lateral quedó destrozada.

Imagen del monumento tras el incendio de 1932. ARCHIVO MUNICIPAL
Imagen del monumento tras el incendio de 1932. - Foto: ARCHIVO MUNICIPAL