La red de senderos marcados roza yalos 300 kilómetros en torno a Miranda

G.A.T. / Miranda
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Ayer se iniciaron, con 25 personas participantes, las rutas guiadas por La Picota, en las que también puede verse el recuperado Castillo

El rollo de justicia de La Picota es uno de los elementos patrimoniales de la ruta. - Foto: G.A.T.

Para hacer senderismo no es preciso coger el coche, recorrer varios kilómetros y buscar parajes alejados. Miranda y su entorno son una gran ruta de senderismo con opciones de todo tipo y adaptadas a todos los niveles. Por sí solas igual no destacan, pero las rutas que en los últimos años se han ido identificando y señalizando por parte de diferentes administraciones y entidades suponen alrededor de 300 kilómetros de recorridos marcados que aprovechan tanto los cauces de los ríos, como el Ebro, como el privilegio de estar a un paso de los Montes Obarenes y sus estribaciones.
Además, en muchos de esos recorridos, en gran medida desconocidos para los propios mirandeses, se encuentran singulares elementos del patrimonio cultural de la comarca, que como ayer se pudo comprobar, se aprovechan para vincularlos al trazado puramente natural.
 Y es que 25 personas participaron en la primera ruta por La Picota ofertada por la Oficina de Sostenibilidad Ambiental. Un recorrido de 7,5 kilómetros y de unas cuatro horas que además de posibilitar un acercamiento al paraje de La Picota y los valores ambientales que conserva, permitió conocer los recuperados restos del Castillo y otros elementos del patrimonio histórico y cultural como el rollo de justicia.
Se trata de un pequeño ejemplo de lo que con un calzado cómodo, la ropa adecuada a la época del año y algo de comida y bebida se puede hacer durante una horas  por en entorno mirandés
La Ruta de La Picota es una de las nueve que están marcadas en la red de senderos municipal, y tiene una dificultad baja. Aunque ayer se hizo con guías, ésta es apta para hacer de forma independiente, y tiene un desnivel acumulado a apenas 65 metros.
«La Picota siempre la hemos tenido, y por típico de Miranda quizás no se le da el valor que tiene, se trata del principal pulmón natural de la ciudad, el más cercano y posee una amplia variedad de especies autóctonas y otras que se han ido plantando, oxigena y depura la ciudad, y la embellece», dice Roberto Martínez de Salinas, asesor ambiental.
Uno de los parajes esenciales para los senderistas en la zona es la declarada Zona Natural de Esparcimiento Monte de Miranda, en la que se suman un buen puñado de rutas de senderismo y montaña que aportan en conjunto alrededor de un centenar de kilómetros marcados en un paraje natural que permite además recorrer varias cumbres.
También de singular importancia es el tramo del GR-99 que pasa por la ciudad. El llamado Camino natural del Ebro fue señalizado hace unos años por el Ministerio de Medio Ambiente creando entorno a Miranda hasta cuatro etapas se enorme atractivo. En suma son 80 kilómetros de camino, entre Sobrón y Haro, con opciones de hacerlo por la ribera derecha y por la ribera izquierda.
Más reciente en la señalización y su impulso es el GR-291, cuyo sobrenombre, Agua y Roca, Del Ebro a los Obarenes, ya anticipa un recorrido con variedad paisajística. Se trata de un trazado circular de algo más de 60 kilómetros que une varias localidades de la comarca desde Pancorbo a Miranda.
Y no hay que olvidar otro trazado marcado con entusiasmo por la Asociación Mirandesa de Amigos del Camino, como es la Vía de Bayona, que cruza de norte a sur la ciudad y la provincia en un recorrido que por Miranda combina los rincones naturales con los más importantes ejemplos de arquitectura religiosa. Son, 37 kilómetros señalizados entre Miranda y Pancorbo. Y si ampliamos el mapa, hay más, como los vinculados a Espacio Natural Montes Obarenes o la Senda del Pastoreo, que cruza el Condado de Treviño.
«Tenemos mucho más de lo que teníamos hace año, se ha puesto en valor mucho patrimonio, y podríamos tener otro tanto... hay rincones más escondidos que no pasan por senderos importantes... chozas, cuevas de pastores, carboneras, monas», relata Martínez de Salinas, asegurando que la zona «es un privilegio» para hacer senderismo.