Vuelta a tallar emociones

S.F.L.
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El confinamiento generado por la crisis del coronavirus ha ocasionado que Francisco González, artesano, coja de nuevo sus gubias y prepare obras de madera para exponer. Ha permanecido parado cuatro años por problemas de salud

Francisco González ha retomado sus trabajos con la madera y prepara nuevas piezas en la cuadra de su domiclio. - Foto: S.F.L.

No se viven tiempos fáciles. En las últimas semanas el mundo que se conocía se ha tambaleado por completo dando un giro de 180 grados por la pandemia del coronavirus. El miedo al contagio, las medidas de prevención, el bombardeo de noticias verídicas contra las fake news o los continuos mensajes de los grupos de WhatsApp han tomado protagonismo pasado a formar parte del día a día de los ciudadanos. Sin embargo, estos tiempos pueden ser una gran oportunidad para, más allá de sobrevivir al teletrabajo o ponerse nostálgico, pensar en aquello que a la gente le hacía tan feliz hace algunos años, como retomar las aficiones que tantas horas se les dedicaba antaño.
Francisco González, natural de Poza de la Sal, ciudadano del mundo por sus viajes de trabajo y actualmente vecino de Oña, ha vuelto a desempolvar su estuche de gubias y tras un parón de cuatro años por motivos de salud, el confinamiento le ha empujado a ponerse de nuevo manos a la obra. El artesano dedica parte de su tiempo libre en tallar sobre distintas maderas todo tipo de artículos de decoración tales como joyeros, lámparas de pie, cuencos, mesas y sillones... y en las cinco semanas transcurridas desde que estallase el estado de alarma en el país, ha fabricado una decena de piezas. No he perdido el tiempo. «Cuando me pongo a trabajar me tienen que avisar para que lo deje», declara.
La pasión por modelar la madera le conquistó durante un periodo de vacaciones, en el mes de febrero. Siempre le habían llamado la atención los bastones tallados y aprovechando el descanso laboral y las escapadas al monte comenzó a elaborar uno. Hoy en día dispone de una colección de piezas exclusivas diseñadas, talladas y pintadas por él. Tras dar rienda suelta a su vocación recibió clases en Bilbao -ciudad en la que residía por aquel entonces- para aprender y perfeccionar la técnica.
A partir de entonces continuó el camino en solitario, no solo en la talla sino en su propio desarrollo artístico. En aproximadamente dos décadas ha trabajado con prácticamente todos los frutales de la zona y de las Caderechas, sobre todo con el cerezo y el peral pero también con boj, nogal o platanero. «La madera de este último árbol es una de mis preferidas por la veta tan compacta que tiene, por el color y por los resultados finales de sus obras», manifiesta. Otro ejemplar especial para el artesano corresponde al olmo, afectado con la grafiosis, una enfermedad que está dañando seriamente a las poblaciones. El hecho de que el número de ejemplares de esta especie se haya visto reducido en los últimos tiempos, hacen de las piezas que elabora a partir de sus raíces o ramas especialmente importantes. En una de las ferias artesanas en las que ha participado, un vecino de Comillas se enamoró de una mesa y de un sillón del material. Hoy en día forman parte de los enseres de su vivienda.
Sus composiciones van más allá de la venta. El pozano se plantea volver a participar en ferias donde mostrar sus trabajos y, en caso de que algún interesado lo requiera, enseñar las labores de talla. «En los últimos años no he expuesto porque eran obras repetitivas, ya que mi reuma no me ha permitido hasta ahora elaborar piezas nuevas. ¡Bendita medicación!», exclama.
Ha terminado un joyero para su nieta Naia y se encuentra en proceso de concluir el de Enara, su segunda ‘princesa’. «Con este regalo tendrán siempre un recuerdo de su abuelo Paco», afirma el artesano, deseoso de que llegue el día para poder abrazarlas.