Radio María y nada de fiestas

I.E.-Á.M.-A.G.-P.C.P. / Burgos
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Los psiquiatras que la trataron afirman que «el fuerte componente religioso familiar» determinó un «patrón alimentario inadecuado»

La muchacha acudía a catequesis a la parroquia de la Virgen del Rosario, en Fuentecillas. - Foto: Luis López Araico

Los problemas alimentarios de la joven burgalesa sometida a exorcismos, que ahora tiene 18 años, son los que provocan sus crisis de ansiedad, cuyos síntomas tanto los padres como religiosos de su entorno -sacerdotes y catequistas- atribuyen a una posesión demoníaca. La sección de Psiquiatría Infanto-Juvenil del Hospital Clínico de Valladolid elaboró en 2012 un informe sobre el estado de salud de la muchacha en el que explica que «la dinámica familiar se caracteriza por un fuerte componente religioso» que en el caso de la madre y de la hija «determinan el desarrollo de un patrón alimentario inadecuado, así como fuertes y contradictorios sentimientos de culpa».
A la psiquiatra que la trató en esa época le extrañó que en verano de 2012 acudiera a «campamentos religiosos, donde realizó marchas a diario, pese a la evidente pérdida de peso que había sufrido» meses antes.
En sus entrevistas con los profesionales del hospital vallisoletano asegura que empezó a ayunar «como sacrificio para ayudar a sus amigos», y como ofrenda por su «fracaso» a la hora de modificar la ideología religiosa de sus conocidos, que consideraba equivocada.
Y es que la religión parece invadir todos los rincones de su existencia. Según la denuncia que presentó ante la Comisaría, su vida siempre transcurrió «en un ambiente muy rígido y de fanatismo religioso». En su casa solo podía sintonizar Radio María y Canal 13, en televisión. Estaba obligada a escuchar misa diariamente y a rezar las Laudes, Vísperas y el Rosario. Además, debía confesarse siempre con el mismo sacerdote y tenía prohibido salir de casa a menos que fuese para ir al colegio o para hacer los recados. Tampoco podía ir de fiesta los fines de semana y en su declaración en la Comisaría recordó que no le dejaron asistir a la cena de despedida de cuarto de Educación Secundaria Obligatoria (ESO), ni a la de Navidad ni a ninguna otra de su centro educativo. Los agentes le preguntaron si había salido de fiesta alguna vez en la vida. Y respondió: «Nunca, prohibidísimo».
Al cine solo acudió en alguna ocasión, «pero siempre para ver películas de carácter religioso, como el caso de la ‘semana del cine espiritual. Dos veces pudo acompañar a sus primos a ‘disfrutar’ de cintas de dibujos animados.