Vuelve a Santibáñez el olor a pan recién hecho

R.E. MAESTRO
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Laura Santamaría y Rodrigo Castrillo son los responsables de que La Tahona, panadería histórica que había funcionado desde 1908, abra sus puertas de nuevo

Los emprendedores Laura Santamaría y Rodrigo Castrillo en el popular obrador, que ha incorporado nueva maquinaria. - Foto: Christian Castrillo

Hace un año bajaba la persiana el obrador del pueblo. Ernesto se jubilaba y la maquinaria, que había funcionado desde 1908, quedaba parada. Pero hace justo una semana la ilusión volvía a los vecinos de Santibáñez Zarzaguda al ver las puertas abiertas de La Tahona. Gracias a la iniciativa emprendedora de Laura Santamaría y Rodrigo Castrillo, el olor a pan recién hecho llegará de nuevo a todas las casas a diario.
Al local le hacía falta una renovación completa. Era muy antiguo y por ello han sido necesarias numerosas reformas. Las máquinas no estaban actualizadas y han tenido que poner todo en orden para que cumplan la normativa. Se han pintado paredes, cambiado suelos y techos, y la tienda también se ha acondicionado. Un cambio espectacular que no se quisieron perder los lugareños, que al finalizar la misa se acercaron a ver cómo era bendecido por el cura. Y para no perder viaje, se llevaban una hogaza bajo el brazo a la vez que les deseaban mucha suerte.

Estos dos jóvenes nunca habían tenido contacto con algo similar, pero muestran muchas ganas de emprender en el medio rural. El padre de Laura es de Huérmeces y suelen ir bastantes veces a San Pantaleón del Páramo porque tienen allí familia. A Rodrigo siempre le ha gustado mucho este oficio, y por eso han estado detrás de alguna panadería hasta que se enteraron de que Ernesto se había jubilado. Viven actualmente en San Medel, de momento irán y vendrán todos los días "hasta que se asiente el negocio", aunque Laura asegura que su idea es trasladarse próximamente a Santibáñez. Es enfermera y cuenta que hay un pequeño proyecto en marcha donde podría ejercer su profesión en el pueblo y compaginar los dos trabajos.

Sin embargo, no estarán solos en este nuevo negocio. Contarán con la ayuda de tres empleados, dos panaderos y una señora de la limpieza. Uno de los trabajadores, Mario, ya estaba antes y les está ayudando en gran medida a conocer todos los trucos. Trabajo tendrán de sobra. A las doce de la noche llegarán diariamente los dos panaderos, Laura acudirá a primera hora de la mañana para estar más pendiente de la tienda mientras su pareja Rodrigo realiza el reparto, y ya por la tarde Manoli se encargará de la limpieza.

Clientes esperando su turno para comprar. Clientes esperando su turno para comprar. - Foto: Christian Castrillo

"El pan de Ernesto era muy bueno y tenía mucha demanda en Burgos, la gente se lo seguía pidiendo", explica Laura sobre la razón por la que decidieron finalmente lanzarse a formar este negocio. Él les da consejos "continuamente" sobre humedades, temperaturas, horneado... para que les quede perfecto Seguirán de esta forma con la tradición, aunque lo cierto es que también habrá innovación de cara al futuro.

Ya en unos 15 días se podrán encontrar en sus estanterías las chapatas, la mayor novedad. También, entre las ideas de Laura se encuentra hacer cursos para aprender a hacer repostería y pronto vender magdalenas, mantecadas o tortas de manteca, además de atreverse con panes de aceitunas, cebolla... "Queremos mantener el producto que se hacía, lo que nos diferencia de otros, y después meter otros diferentes".

La pareja de emprendedores cuenta que durante estos meses previos numerosas personas les han comentado sus ganas de que el local levantara por fin su persiana. Y demostrado quedó que nadie se quería quedar sin probar las barras, tortas y hogazas en su estreno, que se despachaban a ritmo frenético. "Hemos tenido un recibimiento genial, no nos podemos quejar, todo el mundo nos da la enhorabuena", afirma la joven. Y es que ahora tanto los vecinos del pueblo como de localidades cercanas ya pueden despertarse pensando que en el obrador les espera su desayuno recién horneado.