Odette se reencarna en método

Samanta Rioseras / Burgos
-

Eva Prieto toma el nombre de la protagonista de El lago de los cisnes para denominar una nueva forma de enseñar ballet que ha desarrollado durante 13 años

Eva Prieto, coronada como la mejor profesora por sus alumnas. - Foto: Ángel Ayala

Los protagonistas de El lago de los cisnes, Sigfrido y Odette, viven una tormentosa historia de celos y pasión al compás de los hechizos del mago Rothbart. Los enamorados, ante la imposibilidad de estar juntos, terminan suicidándose. Ahora, Odette renace convertida en un novedoso método pedagógico para impartir clases de ballet. A partir de septiembre, niños y niñas de entre 5 y 16 años podrán ejecutar brisés y demi-pliés sobre el parqué de las aulas de la Universidad Popular.

Eva Prieto, promotora de este proceso de aprendizaje al que cataloga como «método educativo», lo bautizó con este nombre porque, al igual que en la obra, «se llega a hacer lo impensable a través de la bondad, la belleza y la perfección de la danza».

Odette es un proceso para educar. Los alumnos comprenden en primer lugar, el método, para después entender lo que están aprendiendo y lo que tienen que aprender. «Se da una metacognición», dice Prieto, «mediante un enfoque integrativo de todo el ser humano». Tiene dos partes: una no directiva y otra directiva. En la primera fase, cada alumno trabaja lo que cree que tiene que trabajar. En esta etapa, explica Prieto, «mi función se centra en orientar y corregir». En la segunda fase, comienza el trabajo dirigido y guiado. En él se incluye el trabajo de barra. Aunque pueda parecer la parte más árida del ballet, con este método es mucho más «liviano porque los alumnos entienden que es necesario».

Se avanza de lo general a lo particular. El punto de partida puede ser una fotografía. Esa instantánea será el objetivo a conseguir y los propios alumnos deben colaborar también en el modo de lograrlo. De la misma forma, el inicio del trabajo de una sesión puede ser una coreografía que, a la vez, es el fin que se pretende alcanzar. Para ello, se explica el conjunto del baile y no a realizar una serie de pasos. Los niños aún no saben ejecutar esos movimientos, pero se implican en el procedimiento de su aprendizaje. Son partícipes de las enseñanzas que reciben.

Uno de los profesores de Prieto dijo en una clase que la pedagogía en la danza no había evolucionado. Ella, diplomada en magisterio y perteneciente a una familia de educadores, decidió promover un cambio para satisfacer nuevas necesidades porque «la educación debe ir en consonancia con los requerimientos de la sociedad». Los niños de hace 50 años no reclaman lo mismo que los de hoy en día. Por ese motivo, cuenta que el método ha quedado concluido tras una fase de experimentación de 13 años, pero que «puede cambiar y deberá hacerlo» en el futuro. Durante estos años ha podido comprobar lo que funciona y lo que no. Ha pasado de comenzar las clases con los alumnos más pequeños formando un corro a empezar calentando directamente, porque «los niños entran mejor en la dinámica de las clases». Además, ha podido comprobar que los alumnos reclamaban «más caña», dice, de lo establecido en un primer momento.

A pesar de que Prieto es la única promotora de Odette, en el método «hay una parte de cada uno de los profesores con los que he estudiado», dice. Blanca y Paloma, Alberto Estébanez y Maria José González Bayona que continúan dando clases en sus respectivas academias y otros, con reconocimiento a nivel nacional, como Arcadio Carbonell o Graciela Krauss. Existe, además, una influencia de su formación como bailarina en la Academia Royal de Londres. Su preparación como maestra en la escuela Freinet de Bélgica también ha dejado huella en el método.

En la creación de esta nueva pedagogía buscó la colaboración de distintos profesionales. Desde una pediatra, Mónica Delgado, y un psicólogo clínico, Víctor Salamanca; hasta los psicoterapeutas, Javier de la Sen y Justo Valls.  Actualmente cuenta con la colaboración de Laura Ortiz, una fisioterapeuta especializada en danza. Su función consiste en realizar una revisión a los alumnos durante los primeros días del curso y atención gratuita. Prieto cuenta que «no solo trata a la niñas, también las educa para que identifiquen sus dolores. Así aben lo que pueden hacer y lo que no después de una lesión».

Las líneas pedagógicas se estructuran en torno a cinco niveles de integración a través del cuerpo: cognitivo, afectivo, emotivo, sensitivo y transcendente. Y cinco son también los pilares que sustentan este planteamiento didáctico: un análisis propio del movimiento, la programación neurolingüística (PNL) a través del cuerpo, el constructivismo, la solidaridad y el gestaltismo. Una teoría psicológica que Prieto asegura que «ayuda a los alumnos a entender su lugar en el grupo y en la propia vida».