Los burgaleses que conquistaron México

R.P.B.
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El burgalés Francisco de Santa Cruz, hombre de confianza de Hernán Cortés, jugó un papel clave en la toma de Tenochtitlán, la capital del imperio azteca, hecho del que se cumplen ahora 500 años con polémica

Tabla 'Retirada Española o Noche Triste'. 1698. Museo de América. - Foto: DB

Tenochtitlán, 1519. Ninguno de los soldados españoles comandados por Hernán Cortés había visto nunca antes nada parecido. Aquella ciudad, capital del imperio azteca, parecía sacada de un sueño: impresionantes construcciones se asentaban sobre una gran laguna surcada por miles de canoas. Medio millón de indígenas habitaban aquella colmena flotante con una organización perfecta, sorprendente para quienes se creían superiores en conocimiento, paladines de un progreso tutelado por la fe. Esta gran ciudad está fundada en esta laguna salada, y desde la tierra firme hasta el cuerpo de la dicha ciudad, por cualquiera parte que quisieren entrar a ella, hay dos leguas. Tienen cuatro entradas, todas de calzada hecha a mano, tan ancha como dos lanzas jinetas. Es tan grande la ciudad como Sevilla y Córdoba, escribiría Cortés. El conquistador extremeño y sus huestes llegaban en son de paz, como huéspedes de honor. Moztezuma, líder de ese pueblo, se mostró tan obsequioso que permitió a los españoles ejercer sus costumbres e incluso aceptó abolir algunas de las propias, como señal de respeto.

 

Así se lo contó Cortés al emperador Carlos V en una de sus misivas: El dicho Moztezuma y muchos de los principales de la ciudad dicha, estuvieron conmigo hasta quitar los ídolos y limpiar las capillas y poner las imágenes, y todo con alegre semblante, y les defendí que no matasen criaturas a los ídolos, como acostumbraban, porque, además de ser muy aborrecible a Dios, vuestra sacra majestad por sus leyes lo prohíbe, y manda que el que matare lo maten. Y de ahí en adelante se apartaron de ello, y en todo el tiempo que yo estuve en la dicha ciudad, nunca se vio matar ni sacrificar criatura alguna.
Pero la paz duró poco, hasta que Diego Velázquez, gobernador de Cuba, celoso de los éxitos de Cortés, envió un ejército dirigido por Pánfilo Narváez para arrestarle. El extremeño tuvo que salir de Tenochtitlán para combatir y dejó a Pedro de Alvarado al frente de los españoles en la capital del imperio azteca. Sucedió que en aquellos días se celebraba la fiesta de Toxcatl, en que los mexicas sacrificaban a un joven que representaba la encarnación del dios Tezcatiploca, hecho que Alvarado trató de evitar. pero se le fue la mano: arrestos, castigos, asesinatos... Lo que enervó sobremanera a Moztezuma. Para cuando Hernán Cortés regresó a Tenochtitlán la sublevación era inevitable. Se produjo el 30 de junio de 1520. Fue la llamada Noche Triste. Los españoles tuvieron que huir, cargando con el oro. Fue una empresa complicada porque los mexicas reclamaban sangre, empleándose a fondo: intentaron capturar con vida a los españoles para después sacrificarlos extirpándoles el corazón. Perecieron 150 soldados españoles, unos 2.000 indígenas tlaxcalas y medio centenar de caballos.

 


Derrota y venganza. Pero la humillante derrota no venció a Cortés, que era un estratega militar de primera; tanto, que ese mismo día se conjuró para reconquistar la capital azteca. Y fue en este punto donde jugó un papel esencial el soldado burgalés Francisco de Santa Cruz a quien el extremeño hizo un encargo clave para el futuro éxito de esa empresa: viajar a Veracruz para llevar tierra adentro todos los materiales necesarios para fabricar bergantines con los que intentar el asalto también por agua a Tenochtitlán. Bernal Díaz del Castillo, testigo presencial y más tarde convertido en cronista de Indias, lo narró así: Y envió por capitán a la Villa Rica por los aparejos que he dicho, para mandarlo traer, a un Santa Cruz, burgalés, regidor que después fue de México, persona muy buen soldado y diligente; hasta las calderas para hacer brea y todo cuanto de antes habían sacado de los navíos trajo, con más de mil indios que todos los pueblos de aquellas provincias, enemigos de mexicanos (...). Santa Cruz no fue el único burgalés protagonista de aquella epopeya: también Juan Díaz, responsable de los rescates y vituallas; Jerónimo Ruiz de la Mota, soldado; o Pedro de Angulo (soldado y después dominico), entre otros. El 1521, Hernán Cortés organizó un ataque anfibio -por tierra y agua- a Tenochtitlán, que cayó por fin en manos españolas tras meses de asedio. Con la conquista de México España iniciaba la construcción de un imperio inigualable e irrepetible, mal que le pese a López Obrador.